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| Un mundo raro |
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José Luis Calva
El Universal Jueves 19 de junio de 2008 |
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En su conferencia “La banca central y la importancia de la estabilidad económica”, dictada en el Museo Casa Chihuahua (16/VI/08), el gobernador del Banco de México aseguró que “se ha venido conformando un consenso en el mundo: para promover el crecimiento económico sostenido, la mejor contribución que la política monetaria puede hacer es concentrarse en la estabilidad de los precios”. Lo que Guillermo Ortiz no aclaró es en qué mundo vive. Porque en el planeta Tierra no hay tal consenso. Por ejemplo, durante el Foro Económico Mundial 2008, el director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, afirmó: “Además de estimular el crecimiento a través de la política monetaria, algunos países tienen margen de maniobra para flexibilizar su política fiscal, aunque tengan déficit” (AFP, “El Foro de Davos”, 26/I/08, http://afp.google.com/article). Resulta claro que no es ésta la principal institución monetaria internacional del mundo de Ortiz. En la misma conferencia, después de asegurar que “la política monetaria no puede estimular en forma directa y sistemática a la actividad económica y al empleo”, Ortiz afirmó: “Es por ello que los bancos centrales modernos han adoptado como su objetivo prioritario lograr la estabilidad de los precios”. Su mundo es ciertamente raro. Porque en la Tierra, los bancos centrales de las tres mayores economías (Estados Unidos, Japón y China), y de muchos otros países, se ocupan también del crecimiento económico y el empleo. Baste un ejemplo: frente a la desaceleración de la economía estadounidense, la Reserva Federal de ese país pasó a una postura monetaria expansiva, reduciendo su tasa de descuento primaria de 5.75% a 2.25%, en ocho golpes de timón realizados entre el 18/IX/07 y el 30/IV/08. Según el gobernador del Banxico, “un entorno inflacionario es un claro obstáculo para el crecimiento económico”. Quizá por este ideario, en su mundo se asume la meta de inflación de 3% anual como mandato divino. Pero en la Tierra las cosas no son tan rígidas. De hecho, nuestra historia económica universal muestra numerosas experiencias de crecimiento económico sostenido con tasas de inflación superiores al ansiado 3%. Por ejemplo, Corea del Sur logró un crecimiento del PIB a una tasa media de 7.9% anual durante el periodo 1970-1996, con una inflación media de 10.2% anual. De igual modo, China logró un crecimiento sostenido a una tasa media de 9.2% anual en los años 1980-1990, con una inflación media de 7.5% anual; y en los años 1991-1997, un crecimiento más espectacular de 11.5% anual, con una inflación de 10.7% anual. En América Latina, Chile expandió su PIB a una tasa media de 6.9% anual durante el periodo 1984-1994, con una inflación media de 16.9% anual; y durante los años 1995-1998, su PIB creció a una tasa de 7.3% anual, con una inflación de 6.7% anual. De igual modo, el PIB de Argentina creció a una tasa media de 8.8% anual durante el periodo 2003-2007, con una inflación de 9.3% anual. Desde luego, surge una interrogante: ¿por qué en este planeta Tierra, México ha de empeñarse en conseguir una inflación de 3% anual aun a costa del crecimiento económico, del empleo y del bienestar? Pero hay otra más grave: ¿por qué México ha de realizar la hazaña de reducir una inflación importada (derivada del alza de los precios internacionales de las materias primas) a tasazos monetarios? Quizá los enigmas se despejen si el banquero central de México regresa a la Tierra desde su mundo raro. Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM
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