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| Pobreza y medio ambiente |
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Jorge Emilio González M.
El Universal Miércoles 04 de junio de 2008 |
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Desde que en 1987 la Comisión Mundial para el Medio Ambiente y Desarrollo creada por la Organización de las Naciones Unidas estableció los principios del desarrollo sustentable en su informe Nuestro Futuro Común, se han analizado las opciones para reducir la pobreza y al mismo tiempo conservar el medio ambiente, como objetivos complementarios en las políticas públicas de todo el mundo. Actualmente existen en todo el planeta más de mil millones de pobres que carecen de servicios esenciales, lo que los hace extremadamente vulnerables a los cambios ambientales y socioeconómicos. La combinación de agua impura y saneamiento deficiente son la segunda causa principal de muerte en niños a nivel mundial. La diarrea provoca anualmente cerca de 1.8 millones de muertes de niños y 443 millones de días de absentismo escolar. No obstante, lo cierto es que el agua y el aire no contaminados son una poderosa medicina preventiva. La gestión sostenible de los recursos naturales contribuye a aliviar la pobreza, ayuda a reducir la incidencia de enfermedades y la mortalidad infantil, mejora la salud materna y puede favorecer la igualdad de género y la educación universal. México no es ajeno a esta situación. En las últimas décadas, los acontecimientos de fractura social y pobreza extrema relacionados con casos de sobreexplotación ecológica y escasez de recursos naturales se han hecho cada vez más evidentes. Sin embargo, reducir la degradación ambiental y aliviar las condiciones de pobreza y viceversa no es un asunto sencillo, toda vez que ambas situaciones conforman un círculo vicioso difícil de romper, puesto que la urgencia por satisfacer las necesidades básicas para sobrevivir ocasiona que el valor del recurso natural sea mayor en el presente que en el futuro. Además, muchas veces no se cuenta con los medios adecuados para el aprovechamiento de los recursos naturales. Para lograr esto es urgente reducir las políticas con efectos que se contraponen a la conservación de los recursos naturales, fomentando políticas públicas con efectos complementarios, como mejorar el acceso a activos productivos naturales a las poblaciones marginadas y en situación de pobreza y, muy particularmente, capitalizar, mediante la creación de empleos y la comercialización de productos y servicios ambientales, las nuevas oportunidades creadas por el cambio mundial a una mayor conciencia por la conservación y preservación de recursos naturales. En la medida en que asumamos que el medio ambiente tiene una fuerte correlación con el bienestar humano, favoreceremos las acciones que involucren el desarrollo de la sociedad a través del cuidado de los recursos naturales. La urgencia por crear conciencia que lleve a acciones concretas por parte de los gobiernos y la sociedad civil es cada día más latente. Mientras la opinión pública no pase del tratamiento superficial del asunto a un tema de debate público que involucre de manera activa a todos los sectores de la sociedad, los costos que las naciones menos desarrolladas tendremos que pagar serán cada vez más altos. Presidente nacional del PVEM
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