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| El futuro de México |
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Esteban Moctezuma Barragán
El Universal Viernes 30 de mayo de 2008 |
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Hace unos días fui al Auditorio Nacional y además de escuchar buenas voces y música en un gran concierto, se me quedó grabada una reflexión que Emmanuel nos hizo a la audiencia: “Todos queremos un gran México para los mexicanos, pero debemos pensar en transformarnos en grandes mexicanos para México”. Nada más cierto. Las instituciones podrán modificarse, nuevas leyes podrán expedirse, novedosos programas crearse, inversiones realizarse, pero todo permanecerá igual si quienes las integran, las aplican, las dirigen o las reciben siguen inmutables. Nada va a cambiar si no cambiamos las mujeres y los hombres de México. Un proverbio de la antigüedad afirmaba que cambiar de caballo no le ayudaba a un mal jinete a avanzar más rápido. No busquemos la fuente de todos nuestros males en el extranjero o en los otros. Dejemos de ver nuestra vida condicionada por los otros y empecemos a transformar el nosotros. Podremos estar convencidos de que una ruta para el desarrollo definitivo de México es la competitividad, pero atrás de ese concepto, los pueblos competitivos han generado muchos hábitos y valores fundamentales como la puntualidad, la confianza, la calidad, la pasión por la excelencia, el aprendizaje continuo, el trabajo en equipo, por mencionar algunos. ¿Alguien imagina, en el futuro inmediato, mexicanos siempre puntuales en cualquier compromiso? ¿Hoy podemos aspirar a que cualquier persona sea merecedora de nuestra confianza? ¿Todos los productos o servicios mexicanos son de calidad? ¿Nuestra actitud en México es de buscar siempre la excelencia? ¿Cada mexicano está abierto a aprender continuamente? ¿Nos destacamos por ser un país que sabe trabajar en equipo? El mayor enemigo de nuestro crecimiento y desarrollo somos nosotros mismos. El mayor aliado también podemos serlo nosotros mismos. Podrán los partidos políticos elegir sus nuevos presidentes, pero no crecerán como partidos modernos si las prácticas, costumbres y cultura de sus militantes siguen siendo las mismas. Podrá el Congreso aprobar un reglamento interno de vanguardia, pero no se transformará en una institución respetada si no cambian a fondo las rutinas y hábitos de diputados y senadores. Podrán las empresas desarrollar excelentes proyectos de responsabilidad social, pero no aumentarán su contribución al cambio si no transforman sus valores y sensibilidad social y ecológica, sus ejecutivos y familias. Estoy cierto de que ha llegado el momento de que toda mexicana y mexicano nos confrontemos con nuestro ser más íntimo y aceptemos en consciencia todo aquello que permanentemente criticamos de los demás, pero que nosotros mismos reproducimos. Por definición, una nación es un equipo. Construyámoslo. Una gran nación es aquella que se cimienta con la suma de intereses comunes, creencias comunes, valores comunes, en fin, de una cultura común. Trabajemos en construir una cultura mexicana moderna que sepa aprovechar nuestras fortalezas para terminar con nuestras debilidades. Un gran país es la suma de grandes ciudadanos. No hay tiempo que perder. Empecemos a cambiar el futuro de México. Propongámonos una tarea muy simple y medible. Antes de buscar transformar a 108 millones de personas, concentremos nuestro esfuerzo y voluntad en cambiar a una sola: a uno mismo. Ese es el inicio de la gran transformación de nuestro país. emoctezuma@tvazteca.com.mx Presidente ejecutivo de Fundación Azteca
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