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| Aldeanismo |
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Germán Martínez Cázares
El Universal Martes 27 de mayo de 2008 |
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Mientras la agencia espacial de Estados Unidos logra hacer llegar, con éxito, una nave exploradora al planeta Marte. Mientras los 27 ministros de Exteriores de la Unión Europea deciden iniciar las negociaciones para otro acuerdo de asociación y cooperación con Rusia en materia energética. Mientras crece, como nunca antes, el mercado en India y China. Mientras siguen subiendo, sin medida, los precios internacionales del barril de petróleo. Mientras cae dramáticamente, más de lo esperado, la producción y exportación de nuestro petróleo. Mientras se eleva la demanda de alimentos en el mundo. Mientras todo eso ocurre, nosotros, con calma, estamos debatiendo el futuro de Pemex. Claro está que no preocupa ni el debate ni la calma de 70 días pactada por todos los partidos. Sino que en esas sesiones, y a pesar del panorama mundial, todavía suenan los tambores del viejo y falso nacionalismo creyente a pie juntillas de que la solución a los problemas globales de México es encerrar nuestra economía en una muralla medieval. Nada ajeno debe tocar nuestra soberanía. La ruta del aldeanismo es la propuesta de los opositores a la iniciativa de reforma a Pemex del presidente Calderón. Aunque ese periplo condene a perder nuestros recursos o a aprovecharlos mediocremente. ¿Cuál soberanía energética si estamos pagando con subsidios el precio de nuestra propia gasolina? ¿Cuál nacionalismo defienden los que ayer firmaron desde Petróleos Mexicanos una asociación a 30 años con Shell Oil Company, para refinar petróleo mexicano en Texas y generar empleos e impuestos en el estado natal de George W. Bush? Ese aldeanismo no justifica que el país pague en 2008 casi 200 mil millones para subsidiar gasolina, gas LP y diesel. Con datos a febrero de 2008, el país consume diariamente 785 mil barriles de gasolina, y de eso compra al extranjero 338 mil barriles, 43% se importa. El costo es de 749 millones de pesos diarios, 55% de ese gasto va al extranjero, porque 408.5 millones de pesos diarios los destinamos a comprar esa gasolina fuera de México. Mantener esas tendencias de dependencia frente al exterior ¿es soberano y nacionalista? No. Es aldeanismo puro. El verdadero nacionalismo no está en cerrar al país. Tampoco en impedir a Pemex la posibilidad de fortalecer la capacidad de ejecutar mejores proyectos con el complemento de la inversión privada. Contra lo que muchos piensan, modernizar a Pemex no tiene costo electoral. Fortalecer a Pemex y quitarle las amarras que le impiden competir y ganar en el mundo generará confianza de los ciudadanos porque eficientará el gasto nacional. Los discursos aldeanistas ni se entienden ni generan bienestar. Los gobiernos que dudan en la modernización de sus países y abrazan el aldeanismo medieval de inmediato lo pagan en la aceptación popular. Pongamos algunos ejemplos: durante este mayo, en Argentina, el gobierno de Cristina Fernández tiene una aprobación reciente de 26% (La Nación-Poliarquía), en Perú Ipsos le da también 26% a Alan García; Hugo Chávez y su retórica de aldea tiene, según el diario inglés The Guardian, 36%; Bachelet, de Chile, 46%. En cambio, el presidente Lula, de Brasil, 69%, y Álvaro Uribe, de Colombia, un promedio de 80%, según varias notas de prensa internacionales. El presidente Calderón tiene una aprobación mayor a 60%. Sólo le superan los presidentes de Colombia y de Brasil. La conclusión es clara: seguir en la lucha contra la inseguridad, sin dar cuartel, como Uribe; y mantener la economía como Brasil; es decir, hacer de Pemex una empresa pública eficiente, con participación social y privada, como lo hace Lula en Petrobras. * * * Felicidades a Consuelo Sáizar. Está imparable. El Fondo de Cultura Económica publicó las cartas de Octavio Paz a Tomás Segovia. Presidente nacional del PAN
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