Un católico curioso
Fernando Serrano Migallón
El Universal

Martes 13 de mayo de 2008



Hace unos días, en este mismo espacio, comentaba la situación por la que atraviesa el gobierno de Jalisco en relación con el Santuario de los Mártires cristeros. Entonces pensé que había dicho lo que era necesario decir y que había que pasar a otras cosas de la apretada agenda de todos; sin embargo, el señor gobernador de Jalisco se encargó, con una espectacular mentada de madre, con anuencia del obispo de Guadalajara, de decirme que no estaba todo dicho.

Y he aquí que en lugar de poner la otra mejilla, el curioso católico ofrece la cerrazón al diálogo y la violencia como mecánica. Yo puedo entender que Jesús haya dicho que vino a poner división y no concordia, que quien no estaba con él estaba en contra suya; pero que todo sea visto en perspectiva.

No está el beato gobernador frente al Sanedrín ni frente a los fariseos; está frente a los ciudadanos que somos sus iguales y que no nos merecemos respuestas como las que ofrece. Aun desde su propio punto de vista, carente de caridad para el que practica la diferencia, opuesto a la paz que es la lengua de quienes tienen la conciencia tranquila, lejos de la compasión que la Iglesia predica para quienes sienten que han sido ofendidos; nada de eso tiene el gobernador y nada de eso tiene la sonrisa socarrona del obispo que lo avala.

Si esa mentada vale 9 millones de dólares, entonces sabemos bien cuál es el precio de la fe de ese gobernante, porque ahora resulta que, siguiendo la lógica de este simpático creyente, el voto ciudadano no es más un voto de confianza, sino una patente de corso para gobernar desde la más primitiva autocracia.

En su Breve historia de Inglaterra, Chesterton recuerda el encuentro y desencuentro entre germanos y sajones en la primitiva organización británica; para desdecir a quienes quisieron ver en ese momento un enfrentamiento racial, Chesterton ofrece una visión cultural y para resumir dice: “No conozco ningún modo de impedir que los rubios se enamoren de las morenas y no creo que el que un hombre tuviera la cabeza redonda o alargada supusiera ninguna diferencia para cualquier otro que estuviera interesado en rompérsela”.

Eso es lo que le pasa al gobernador: poco le importa lo que pensamos cuando ha decidido que a nuestros argumentos sólo puede respondérseles a mentadas de madre.

fernando.serrano@cide.edu

Profesor de la UNAM, Colmex y CIDE



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