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| Peking, el Papa y el Dalai Lama |
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Jean Meyer
El Universal Domingo 13 de abril de 2008 |
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Recientemente la ciudad china de Nanchan, en la provincia de Tse Yansi, decidió dar a una de sus nuevas plazas el nombre del jesuita Matteo Ricci quien, después de pasar por India, dedicó el resto de su vida en China, continuando la misión deseada por Francisco Javier: pasó tres años de su larga estancia en China en esta ciudad, de 1595 a 1597, y ahora tiene su estatua en Nanchan. Esto ocurrió en el momento preciso del relevo en el Vaticano, cuando Benedicto XVI tomaba la estafeta de manos de Juan Pablo II. Reanudar el dialogo con China es una de las grandes ambiciones del Papa, en paralelo al acercamiento con la Iglesia ortodoxa de Rusia. Después de la ruptura de 1951 entre la China comunista y la Santa Sede, hubo que esperar hasta junio del año pasado para que un Papa publicara un documento completo, preciso, claro, para afirmar su voluntad de dialogar con Peking/Beizhing —sin renunciar a sus exigencias—. Los católicos de la China continental son una “pequeña grey” (entre 10 y 15 millones) “ejemplar por su fidelidad”, que ha dado “el testimonio de una fe perseguida”; su “normalización” sería un “paso gigante para las libertades”. Lo que pide el Papa es la independencia de la Iglesia en relación con el Estado, la unidad de los católicos en una sola Iglesia (hay dos, la “oficial y patriótica”, controlada por el Estado, y la otra que acaba de salir de las catacumbas), la libertad romana para nombrar los obispos. Por su lado Peking pide la ruptura de relaciones diplomáticas entre el Vaticano y Taiwán y mantiene su voluntad de controlar los nombramientos episcopales. En octubre de 2007 la Santa Sede anunció discretamente que el Dalai Lama, en visita en Italia, sería recibido por el Papa. Poco antes, su recepción oficial por la canciller alemana y por el presidente de EU había provocado el furor de Peking: acuérdense que cuando el Papa vino a México, invitado por la Universidad Ibero Americana, nuestro presidente se mantuvo muy, muy lejos. Luego el Vaticano canceló el encuentro programado; el gobierno italiano siguió la misma línea. No se dio ninguna explicación y nadie mencionó eventuales presiones chinas, pero poco después Peking le hizo un notable favor a la Iglesia romana: la Iglesia “patriótica china”, la oficial, la controlada por el Gobierno, consagró oficialmente a los dos obispos presentidos por Benedicto XVI. Gan Junquiu, para la diócesis de Kwantung y Lu Shuwang para la de Yshang, cerca de la gran presa de las Tres Gargantas, fortalecidos por la doble investidura, romana y china, servirán de trujimanes, de puente entre la Iglesia y el Estado, entre los católicos “clandestinos” que reconocen sólo al Papa, y los “patrióticos”, que lo reconocen también. Es de notar que los dos prelados pertenecen a la “Asociación patriótica de los católicos chinos”, órgano oficial creado en 1957 y teóricamente condenado por Roma. La coincidencia entre la cancelación de la visita del Dalai Lama al Papa y ese “favor” sin precedente es más que una coincidencia y el Gobierno chino le dio una gran publicidad. Hace años que Roma y Peking negocian secretamente, directa e indirectamente y un lento deshielo está en marcha desde hace tiempo, pero, cuando la cuestión tibetana, a víspera de las Olimpiadas, se vuelve candente, uno se pone a pensar en el papel involuntario del Dalai Lama en las relaciones entre Peking y Roma. El Gobierno chino está dispuesta a todo para borrar del mapa a este hombre que responsabiliza de lo que está pasando en el Tíbet y alrededor del Tíbet. Está dispuesto a comprarse el apoyo de Roma. ¿Por qué tanta inquina contra el jefe espiritual del budismo tibetano? El Partido Comunista China ha considerado desde 1989 que la Iglesia católica, empezando por la de Polonia, ha sido la responsable del derrumbe del comunismo primero en Europa oriental, luego en la URSS. Hace el mismo análisis cuando se trata del Tíbet, el budismo teniendo el papel del cristianismo, y el Dalai Lama, el de Karol Wojtyla. “Nadie ha olvidado al Papa Juan Pablo II dando en Polonia la señal de la rebelión al Este de la Cortina de Hierro”, dice Shi Yinhong, especialista en relaciones internacionales de la Universidad del Pueblo. Hoy en día el 80% de los obispos nombrados o presentidos por la Iglesia “patriótica” han recibido ulteriormente la aprobación del Vaticano. Se trata de un sabio realismo, por ambas partes, y a fines de 2007, por primera vez en la historia, un sub secretario de Estado del Vaticano, monseñor Pietro Parolin, fue recibido por el Gobierno chino. Según fuentes bien informadas, la delegación romana estaba inicialmente esperada para fines de octubre, pero la noticia de un posible encuentro entre el Papa y el Dalai Lama, había suspendido el viaje. La cancelación de la recepción del tibetano por Benedicto XVI permitió el inmediato y espectacular mejoramiento de las relaciones. Sabio realismo, insisto, pero ¿por qué el Dalai Lama tiene que pagar el pato? “Paris bien vale una misa”, dijo en aquel entonces Enrique IV, rey protestante de Francia quien, para legitimar su poder y poner fin a la guerra civil, pasó al catolicismo. La Secretaría de Relaciones Exteriores china declaró oficialmente: “China desea conducir un diálogo constructivo con el Vaticano para explorar las maneras de mejorar nuestras relaciones”. Esto me recuerda el México de los años 1930, del lento deshielo y final del conflicto entre la Iglesia y el Estado, pero no había Tíbet de por medio, aunque la Iglesia manifestó también un gran realismo y “la ciencia de perder ganando”. jean.meyer@cide.edu Profesor investigador del CIDE
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