¿Resistencia civil pacífica?
Mayté Noriega
El Universal

Sábado 12 de abril de 2008



Nada como una buena discusión, un intercambio de argumentos, un duelo intelectual para convencer al otro o a los otros sobre los beneficios o riesgos de tomar una decisión o hacer algo. Cuánto honor debe caber en el nombramiento de alguien para representar a otros y con palabras defender sus derechos en el proceso de transformación constante del país con todo su entramado legal. Basta con leer el diario de debates del Constituyente de 1917 para entender el significado de legislar con la mira puesta en “el bienestar de la nación”, en debates no exentos de pasión pero carentes de la mezquindad que caracteriza hoy a los partidos políticos.

El dinero ha corrompido la política. Falso, a la política la corrompió la ambición de los políticos. En la Cámara de Diputados los partidos grandes prestan legisladores a los pequeños para que conformen grupos parlamentarios y tengan acceso a más recursos. Así se compran las lealtades y se violenta la voluntad ciudadana manifestada en las elecciones.

Porque son los ciudadanos los que deciden cuántos legisladores de cada partido debe haber en la cámara. Ahí se ve que no todos los electores comulgan con ruedas de molino. El PAN tiene 207 diputados, el PRD 127 y el PRI 106. El PRD es ya la segunda fuerza. No obstante, se margina de los grandes debates para seguir en el juego de la victimización que, sin un poder autoritario como el del PRI antaño, deja de tener sentido.

En la Cámara de Senadores la composición es distinta. El PAN tiene 52 senadores, el PRI 33 y el PRD 26, hecho que tampoco justifica la oposición al debate.

Esta semana, el Ejecutivo envió a la Cámara de Senadores las iniciativas de reforma petrolera que no contempla modificación constitucional alguna. Reforma light, dicen unos; reforma zero, plantean otros. Y son estos últimos los que, ante la imposibilidad de descartar las reformas, porque la gente decidió que no fueran mayoría en las cámaras, optaron por “clausurar el Congreso” con una bochornosa toma de tribunas.

Cabe mencionar que el hecho de que el PRD no constituya una fracción mayoritaria no le impide negociar, le impide rechazar las iniciativas con base en prejuicios, oponerse al debate y violentar el recinto legislativo.

Ayer al abrir el portal del Senado de la República aparecía el siguiente texto: “Senadores de los grupos parlamentarios del PRD, Convergencia y PT, en un acto de resistencia civil pacífica, tomaron la tribuna en rechazo a las iniciativas de reforma al sector energético que envió el Ejecutivo federal”.

Inadmisible el hecho de que el Senado justifique la toma violenta de la tribuna y acepte que se defina como “un acto de resistencia civil pacífica”. Hubiera sido pacífica si no se hubiera violentado proceso alguno, pero no fue así. Para ir más lejos, no todos los senadores perredistas sabían de la protesta.

Carlos Navarrete, líder de la fracción del PRD en el Senado, fue sorprendido por la acción de los leales a Andrés Manuel López Obrador, no así Javier González Garza, líder de los diputados del sol azteca que participó activamente en la toma de la tribuna en San Lázaro. Otra sorprendida fue la presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Ruth Zavaleta, que pedía a sus correligionarios permitirle terminar una votación.

Hablar de resistencia civil pacífica es un atentado a la inteligencia de la gente. La toma de las tribunas fue un acto de violencia avalado por la indolencia del resto de los legisladores que nada hacen porque los violentos tienen también fuero o por alguna otra razón que escapa al entendimiento.

La sociedad asiste al espectáculo deplorable de los recintos legislativos transformados en dormitorios. “La más alta tribuna de la nación” convertida en catre de un cansado legislador al que le ordenaron no discutir la iniciativa petrolera. Por supuesto, el legislador tampoco discutió las órdenes del legítimo.

Hoy, hace 27 días, se llevaron a cabo las elecciones para la dirigencia del PRD y todavía no hay resultados. Los que anteayer vociferaban en las cámaras de Diputados y Senadores guardan silencio.

Periodista



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