El país en tres pistas
Alberto Aziz Nassif
El Universal

Martes 01 de abril de 2008



Cada etapa por la que atraviesa la vida política de México resulta más compleja, sobre todo por la cantidad de problemáticas que de forma simultánea afectan la vida de los ciudadanos. Sin duda que los niveles de intoxicación política van al alza desde hace algunos años.

En estos momentos se pueden identificar al menos tres grandes pistas en donde se han encendido focos rojos que merecen atención y análisis: el Congreso de la Unión y lo que será, quizá, una de las mayores confrontaciones políticas de los últimos años en torno a la reforma energética; la crítica situación por la que atraviesan los partidos políticos, la complicada situación de la elección del PRD y lo que se anuncia como un conflicto abierto dentro del Partido (Alternativa) Socialdemócrata, así como las complicaciones del aterrizaje de la reforma electoral y el abierto desacato de la televisora del Ajusco; y finalmente lo que ya se ha convertido en un conflicto permanente: la guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado, que genera crisis territoriales diversas y en estos días tocó al estado de Chihuahua.

Las tres pistas tienen en común las tensiones que cruzan la construcción democrática de los últimos tiempos, y que seguramente nos acompañarán durante los siguientes años. Cuando se habla de los desafíos que tienen países como el nuestro no se ve de dónde van a salir los puntos de apoyo para construir un sistema democrático con instituciones fuertes y un mundo político de rendición de cuentas y responsabilidad pública. En suma, las tres pistas nos muestran un sistema de instituciones débiles, tanto para combatir al crimen, regular a los intereses políticos y económicos, así como para procesar acuerdos y establecer consensos básicos sobre el desarrollo del país.

En la primera pista, la reforma energética, están dadas todas las condiciones para un enfrentamiento mayúsculo. Por lo pronto, el gobierno panista hace un diagnóstico catastrófico sobre la situación de Pemex, pero no termina de establecer qué quiere hacer en materia de energéticos; el PRI se mueve en diversas posturas chantajistas para imponer los términos de la negociación, y el PRD —que atraviesa por una severa crisis interna— marca una posición extrema mientras López Obrador prepara un movimiento de resistencia ante cualquier posibilidad reformadora. La famosa reforma energética, que ha sido ampliamente manoseada, muy promocionada en spots de televisión, resulta prácticamente una desconocida. El gobierno panista ha cuidado más la forma de la negociación que el contenido: ahora la estrategia es acordar consensos antes de presentar el proyecto, los bueyes delante de la carreta.

La otra pista, la nota política del día, se ha llenado por el último escándalo en la cartelera, porque prácticamente todo el tiempo la clase política contribuye a llenar esa pista. Se desvaneció el caso de Mouriño y llegó el batidero de la elección interna del PRD, acompañado por lo que ha sido el otro conflicto partidista, la elección interna del Partido Alternativa, tan nuevo y con vicios tan viejos como los más añosos. Ahora llegaron los informes sobre la cuenta pública de 2006, último año del foxismo, que ha dado a conocer la Auditoría Superior de la Federación, para tener más documentación que alimente el optimismo sobre la vida política. Dos breves ejemplos: el gasto de 16 millones de pesos de la Suprema Corte en pinturas al óleo de los ministros; y el jineteo que el sindicato de maestros y Elba Esther Gordillo hicieron con los recursos multimillonarios para el fideicomiso de vivienda de los trabajadores de la educación (EL UNIVERSAL, 28/III/2008).

Sin dejar de reconocer que el PRD se ha llevado palmas de lo que ha sido una elección con todos los vicios y fraudes posibles, no se puede dejar ver que se trata de un problema con más hondura, es decir, la incapacidad que existe en México para hacer elecciones confiables. Sólo hay que recordar lo que costó construir un sistema electoral más o menos confiable y las dificultades que existen para recuperar la confianza perdida después de 2006. No se trata sólo de que el PRD se parezca mucho al PRI, sino además de que cualquier partido que intente una elección abierta se va a enfrentar a instrumentos poco confiables: padrón, urnas, cómputo. El PRD no ha logrado tener una elección abierta sin conflicto; lo menos que podría hacer es cambiar el diseño para elegir a sus dirigentes. Por supuesto, no se trata de una esencia tramposa, sino de instituciones débiles, instrumentos poco confiables y una cultura política muy lejana a la transparencia y a la rendición de cuentas.

Para rematar, en esta pista tenemos que el cambio de modelo mediático de la reforma electoral anuncia grandes dificultades si no se hace la reforma de radio, televisión y telecomunicaciones; para muestra basta ver el caso de TV Azteca, que desafía abiertamente la legalidad. Una reforma que tendría que salir en este mes de abril, a pesar de no tener espacio frente a la reforma energética.

La tercera pista, la del combate al crimen organizado, mantiene al alza la violencia y los asesinatos. Es una guerra empantanada en la que los ciudadanos sólo alcanzamos a ver cómo el mundo noticioso se congestiona de notas sobre los asesinatos, mientras y el gobierno multiplica sus operativos de estado en estado, y sólo se alcanzan a ver más muertes y más violencia. Este mapa de destrucción se ha apoderado ahora de Ciudad Juárez, a donde se ha desplazado el nuevo operativo del gobierno federal.

El país partido en tres pistas muestra un escenario de incertidumbre. Una clase política que alimenta un clima de enfrentamiento, las debilidades institucionales que hacen evidente la incapacidad estatal para la regulación de los intereses y una guerra sin mucha estrategia contra el crimen organizado. Así iniciamos el cuarto mes del año…

Investigador del CIESAS



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