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| La paradoja de los demócratas |
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Alberto Aziz Nassif
El Universal Martes 25 de marzo de 2008 |
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Ha resultado tan reñida la contienda dentro del Partido Demócrata para elegir candidato, que la batalla interna ya se puede considerar una paradoja que afectará la elección del próximo 4 de noviembre en Estados Unidos. Cuando se profundiza tanto una contienda se llega a una confrontación que produce heridas que son difíciles de aliviar en el corto plazo. Estamos ante una paradoja porque precisamente ahora que los demócratas tienen casi todo de su lado para regresar a la Casa Blanca es cuando están metidos en una complicada decisión interna que los puede llevar a un naufragio. La parte republicana ya resolvió a su candidato sin mayores problemas y desgastes —John McCain, senador por Arizona—, en buena medida por las desventajas que supone pertenecer al mismo partido del presidente George W. Bush, que atraviesa por un severo desprestigio que lo tiene en niveles muy bajos de popularidad. Este desgaste ha producido un deseo de cambio de política y de partido, que ha sido nutrido por dos candidatos muy atractivos en el Partido Demócrata: Barack Obama y Hillary Clinton. Incluso, el candidato republicano no es un conservador radical, sino un moderado. En este momento que la campaña demócrata se acerca a la parte final, la disputa se centra en el grupo restante delegados. Hasta el momento, Obama tiene un total de mil 622 delegados y Clinton de mil 485 (CNN). La contienda se alargará durante los próximos meses, lo cual supone mantener a las maquinarias electorales en una cerrada competencia hasta el final, porque todo indica que la decisión seguirá en el aire hasta la convención de agosto. Se necesita un total de 2 mil 25 delegados para obtener la nominación. De las elecciones que faltan hay dos estados que tienen un poco más de 40% de los delegados restantes, uno es Pennsylvania con 158, cuya elección será el 22 de abril, y el otro es Carolina del Norte con 115, que será el 6 de mayo. De los 712 superdelegados, posiciones que corresponden a los puestos políticos de la alta jerarquía del partido, hay unos 350 que supuestamente todavía están indecisos en la intención de su voto. La paradoja de los demócratas, contar con dos candidatos tan bien posicionados que cualquiera podría ganar el 4 de noviembre, ha llevado a una confrontación interna muy ruda. Si no se llega a la cifra requerida de delegados, entonces el resultado será una decisión del partido, para lo cual no existe todavía un criterio único: unos señalan que debería ser el que tenga mayor número de delegados; otros, en cambio, prefieren que sea el voto popular directo. Son las dificultades de tener un doble sistema de votación y de delegados. En suma, todo se puede resolver en agosto en una anticlimática convención, donde los superdelegados terminen por decidir, sin importar mucho los millones de votos directos que han emitido los ciudadanos en todo el país. Un escenario de este tipo provocaría un fuerte malestar en la parte derrotada y plantearía un proceso muy complicado para unir el voto demócrata. En las primeras semanas de marzo la ventaja la mantienen los dos candidatos demócratas frente al republicano; el sondeo de The Washington Post-ABC News le dio a Obama una ventaja de 12 puntos y a Hillary de seis frente a McCain. Hay una encuesta interesante que hizo The Pew Research Center entre el 20 y el 24 de febrero, en la que se obtiene información sobre las ventajas del Partido Demócrata sobre el republicano en casi todos los temas importantes (medio ambiente, energía, salud, educación, reformas gubernamentales, economía, impuestos, moralidad, Irak, política exterior y migración), y sólo están por debajo en el tema de terrorismo. Se pueden destacar también las intenciones del voto diferenciado, donde hay resultados importantes: por ejemplo, 8% de los republicanos votaría por Obama y sólo 5% por Hillary; de los independientes, 49% lo haría por Obama y sólo 44% por Hillary; entre los demócratas 81% lo haría por Obama y 14% lo haría por McCain; en cambio, si es Hillary la candidata tendría 89% y sólo 8% se iría por lado republicano. En la imagen que describe con una palabra a cada candidato se obtienen las siguientes cuatro descripciones: Hillary igual a experiencia, fuerza, no confiable, inteligencia; Obama igual a inexperiencia, carisma, inteligencia y cambio; McCain igual a viejo, honesto, experiencia y patriotismo. Pero antes de que se enfrenten cara a cara demócratas contra republicanos se tendrá que resolver la elección entre Obama y Clinton. Las próximas semanas se verá una intensificación de la campaña sucia. Hillary regresó a la contienda mediante fuertes descalificaciones a su oponente, y es seguro que habrá que esperar la respuesta. Según reportó Antonio Caño para el diario El País (7/III/2008), habrá dos frentes contra Hillary, uno será el de sus finanzas y el otro el de su supuesta experiencia. Obama ya pidió a Hillary hacer pública su declaración fiscal y la lista de donantes de la fundación que preside Bill Clinton. Dentro del clima de esta intensa competencia, el pasado martes 18 de marzo Obama pronunció, en Filadelfia, lo que se considera uno de sus discursos más importantes; el tema fue el racismo y la discriminación. El candidato demócrata logró poner en la agenda pública una problemática que sigue tensionando y dividiendo al país. El propio Obama dijo que ha tenido que aguantar que se le “acuse de ser o demasiado negro o no lo suficientemente negro”. Con una propuesta de unidad, Barack también se distanció de su pastor, el reverendo Jeremiah Wright, quien tiene una postura racial radicalizada. En suma, la paradoja demócrata puede cancelar su victoria en noviembre por una guerra interna que divida el voto por el cambio y favorezca una continuidad moderada, a pesar de la edad de John McCain. Investigador del CIESAS
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