Economía nacional y el valor del conocimiento
Carlos Bazdresch P.
El Universal

Jueves 20 de marzo de 2008



El fin de semana antepasado se llevó a cabo en Acapulco la XX convención de la ADIAT (Asociación Mexicana de Directivos de la Investigación Aplicada y el Desarrollo Tecnológico A.C.), presidida por el ingeniero Leopoldo Rodríguez Sánchez.

Fue una reunión muy interesante. Parte del éxito se debió a que la temática del evento giró alrededor de la economía del conocimiento. Tema que es de gran relevancia para nuestro país, pues nuestro aparato económico debe dirigirse a la mejora sistemática de la productividad y, sobre todo, al rápido desarrollo de una mayor capacidad para innovar.

Entre los eventos a destacar de la convención estuvo la presentación que llevó a cabo Juan Carlos Romero Hicks, actual director general del Conacyt, quien presentó un plan para movilizar hacia la innovación a diversas regiones de provincia. Con frecuencia se piensa que las tareas asociadas con la innovación debieran promoverse sólo en las grandes ciudades.

Este es un craso error, la gente de provincia tiene más tiempo para pensar por cuenta propia, y es más probable que tengan ideas novedosas. La idea del director del Conacyt tiene muchas posibilidades de alcanzar el éxito, siempre y cuando el programa correspondiente pueda extender su vigencia más allá del fin de la presente administración.

Muchas otras cosas valiosas tuvo la reunión de la ADIAT. Una de ellas fue la discusión del tema “La valuación de los activos del conocimiento”. La presentación la hizo Leonard I. Nakamura, quien es doctor de la Universidad de Princenton y funcionario del banco de la Reserva Federal en Filadelfia.

Su presentación fue muy atractiva. El primer mensaje se refirió al hecho de que en el mundo desarrollado, particularmente es Estados Unidos, desde el fin de los años 70 comenzó a ocurrir un cambio en la forma de generar innovación.

Así, pequeños innovadores, apoyándose en el desarrollo de las computadoras y de la inversión en los llamados intangibles, desbancaron a las grandes empresas como las fuentes de la innovación. De 1980 en adelante, compañías relativamente pequeñas han sido las responsables de casi todo el crecimiento ocurrido en el gasto de investigación y desarrollo.

Por otra parte, hoy en día, la inversión se hace menos en maquinaria y equipo y/o burocracia empresarial, y más en los intangibles: investigación y desarrollo, software, patentes, publicidad, etcétera. Se contratan más científicos, diseñadores, escritores, etcétera. La estimación de Nakamura es que, en Estados Unidos, el gasto en estos intangibles, en los últimos años, llegó a una magnitud cercana a 7% del PIB.

El segundo mensaje es que, del año 2000 para acá, la inversión de EU en intangibles ha disminuido considerablemente. Eso abre una ventana de oportunidad para los empresarios mexicanos, quienes deberían buscar este tipo de inversión. Quizá Nakamura tenga razón. De hecho, algunas empresas mexicanas ya están haciendo inversiones de ese tipo. Sin embargo, creo que no hay estadísticas al respecto.

Profesor investigador del CIDE



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