Ramón Beteta Quintana
Ifigenia Martínez
El Universal

Sábado 15 de marzo de 2008



La Fundación Ramón Beteta acaba de establecer en 2008 el premio de economía Ramón Beteta Quintana por un monto de 100 mil pesos al mejor ensayo sobre desarrollo con equidad, impulso del federalismo o financiamiento del desarrollo.

Es oportuno mencionar que fue sustantiva la habilidad y patriotismo con que los secretarios de Hacienda de la llamada “etapa constructiva” de la Revolución manejaron las finanzas públicas. Beteta, Eduardo Suárez, Antonio Carrillo Flores y Antonio Ortiz Mena contribuyeron a que el país alcanzara una tasa media de crecimiento del PIB de 6.5% anual, a la industrialización (si bien incompleta) del país, a la creación de una clase media y a lo que se llamó “el milagro mexicano”. Esa etapa terminó bruscamente en 1982 al estallar el problema de la deuda externa provocada, mayormente, por el alza sin precedente de las tasas de interés del mercado internacional, preludio de las subsiguientes políticas “estabilizadoras” del Consenso de Washington propiciatorias de la parálisis de la economía y el aumento de la desigualdad.

Muy joven, Ramón Beteta participó en tareas de Estado aprovechando sus conocimientos en derecho y en materia fiscal. Su tesis Análisis y crítica de los impuestos municipales existentes en la República Mexicana y proyecto para su reorganización fiscal destacaba el desorden tributario prevaleciente, la multiplicidad de gravámenes y la insuficiencia de recursos de estados y municipios, lo cual anulaba el federalismo.

Durante el gobierno del general Cárdenas, Beteta fue comisionado para viajar al extranjero y explicar la nueva política económica del gobierno. Defendió el reparto agrario, que vinculó con la industrialización, y explicó la necesidad de dividir los latifundios, impulsar la producción agrícola y forzar a los grandes propietarios a “desplazar su capital invertido ociosamente en la propiedad raíz para desarrollar la industria nacional”. El Primer Plan Nacional Sexenal, presentado por el general Cárdenas, se proponía impulsar la modernización de la economía con un vasto programa de obras públicas y la creación de un sistema nacional de banca y crédito.

El licenciado Eduardo Suárez, secretario de Hacienda durante el régimen cardenista, fue ratificado por el presidente Manuel Ávila Camacho, y el licenciado Beteta designado subsecretario del ramo. Juntos participaron en la negociación de la deuda externa que arrastraba el país desde la época porfiriana. Las negociaciones llevadas a cabo en 1942 y 1946 se ajustaron a la capacidad de pago externo del país para poder financiar su desarrollo y lo convirtieron en sujeto de crédito internacional.

El presidente Miguel Alemán (1946-1952) designó a Ramón Beteta secretario de Hacienda en una época de expansión económica e inestabilidad monetaria provocada mayormente por factores externos. Las autoridades hacendarias estaban conscientes de impulsar el desarrollo con un adecuado tipo de cambio que se había mantenido fijo en 4.85 pesos por dólar desde 1941. La presión de una demanda diferida obligó a devaluar en 1948 y a mantener un tipo de cambio flotante hasta junio de 1949, cuando se fijó la nueva paridad en 8.45 pesos por dólar para obtener una ventaja competitiva en una etapa de recuperación de la economía mundial.

Otro logro importante del secretario Beteta fue la negativa de México a suscribir la Carta de Comercio de la Conferencia de La Habana en 1947 por considerarla lesiva para la industrialización del país, que requería una política arancelaria proteccionista flexible incompatible con la Carta.

También cabe mencionar el haber celebrado la III Convención Nacional Fiscal, que suprimió las alcabalas y uniformó los tributos al gasto al establecer el impuesto sobre ingresos mercantiles que por primera vez (1947) generalizaba casi todos los impuestos al consumo y simplificaba los múltiples gravámenes que habían establecido los estados. Este fue el antecedente que facilitó en 1978 la adopción del IVA, esfuerzo modernizador de las finanzas públicas que ha quedado cojo por el atraso del Impuesto Sobre la Renta a las personas físicas.

Este atraso fiscal, conceptual, jurídico y administrativo ha colocado a México desde hace varias décadas como uno de los países de menor nivel de recaudación tributaria (9%-11% del PIB), en tanto el financiamiento del gasto corriente de los gobiernos neoliberales se ha obtenido en una parte creciente (39% en 2007) de la renta petrolera.

Presidenta del Consejo Consultivo del Frente Amplio Progresista



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