Biología no es destino
Amalia D. García Medina
El Universal

Jueves 13 de marzo de 2008



La frase “biología es destino” encierra la concepción que subordinó a las mujeres durante milenios. Nacer mujer significaba tener el destino marcado, independientemente de la individualidad y de los deseos propios.

Las mujeres no eran dueñas de su vida, sino que estaban sujetas a la voluntad de una autoridad masculina que las tutelaba. Vivían en cautiverios, como afirma Marcela Lagarde en su indispensable libro. Se decía que las mejores cualidades eran la sumisión y el silencio; vivían en función de los demás, valían por el apoyo que daban a los hijos, al esposo o la sociedad.

Por la discriminación, perdimos el aporte valiosísimo de la mitad de la población. Ahí está el caso de Sor Juana Inés de la Cruz, quien aprendió a leer y escribir a escondidas; luego empezó a escribir su poesía, pero, por ser mujer, su destino era casarse y dedicarse a la familia. Ella se decidió por la otra opción que tenía en ese momento: internarse en un convento; ahí escribió una obra que la convierte en una de las figuras de la literatura universal de todos los tiempos. Pero no se pudo salvar del cautiverio porque, siendo muy joven, el obispo le ordenó dejar de escribir, y antes de los 30 años abandonó la creación literaria. Así, la humanidad se perdió del talento y la inteligencia de esa maravillosa pluma.

Hoy, en pleno siglo XXI, la opresión permanece. Todavía se espera que una buena mujer sea sumisa y abnegada, y se impone una camisa de fuerza para colocarlas en los roles aceptados socialmente. Esto genera un ambiente tan opresivo, que llega a provocar problemas de salud mental.

Derivada de estas formas de pensamiento, la violencia intrafamiliar no era concebida como un delito, ni siquiera como un abuso, sino como parte de la vida de las mujeres.

Por ello, hablar de equidad de género hoy significa reivindicar que las mujeres y los hombres tenemos derechos —siendo distintos— a que la biología no sea destino; a que se garantice equidad, libertad, respeto e inclusión. Es mucho lo que hay que remontar, pero la decisión de las mujeres es lo que ha permitido conquistar avances sustanciales. Estoy convencida de que la mayor revolución social del siglo pasado se dio en torno a sus derechos.

Ahora, hay más mujeres en espacios de decisión —aunque todavía no las suficientes—, pero esta participación debe reflejarse en un mayor número de acciones a favor de la equidad.

En Zacatecas, mi gobierno trabaja intensamente en el empoderamiento de las mujeres. La estrategia es integral: se han abierto centros especializados para atender casos de violencia intrafamiliar, brindando asesoría legal, sicológica y albergue; pero también destinamos la mitad de todos los créditos y apoyos para proyectos productivos presentados por mujeres; damos especial atención en el acceso a la vivienda, a las becas, especialmente para madres solteras y hemos invertido en mejorar el cuidado de la salud de la población femenina para prevenir y detectar oportunamente enfermedades como el cáncer cervicouterino y de mama.

Al mismo tiempo, haciendo eco de aquel refrán que dice “el buen juez por su casa empieza”, emprendimos un ambicioso programa de certificación en equidad de género para la administración pública estatal que permitirá eliminar prácticas discriminatorias, así como echar a andar acciones afirmativas concretas en beneficio de las trabajadoras. Este modelo de equidad de género fortalece el respeto a los derechos de las mujeres y garantiza su participación en la toma de decisiones, promoviendo la igualdad de oportunidades. Se trata de un mecanismo gubernamental único en su tipo en el país e incluso es de los más avanzados del mundo, de acuerdo con las auditoras de UNIFEM, del PNUD y de la Fundación Veritas de Noruega.

Pero vamos más allá: con las diputadas y con los diputados locales de todos los partidos vamos a garantizar que esta visión sea una política de Estado que se encuentre en la legislación, para que sea de observancia obligatoria y permanente.

Queremos que estas acciones permanezcan hasta que se haya garantizado la equidad, hasta que ninguna mujer sea discriminada por su biología. Hasta que la construcción del destino signifique la expresión de los sueños y anhelos propios, sin importar el género.

Gobernadora de Zacatecas



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