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| Mohína |
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Germán Martínez Cázares
El Universal Martes 11 de marzo de 2008 |
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Otra vez López Obrador al trigo. Está enojado. Sigue violento, no se sosiega. Pasar el trago de la derrota electoral le sigue costando muchísimo trabajo. Vivir el trance del fracaso en la elección presidencial pasada debe ser duro, máxime cuando ya despachaba en dos cuartos en Palacio Nacional; porque, lo recordamos muy bien, a Los Pinos los iba a convertir en una ampliación del parque Chapultepec. Es humanamente comprensible la mohína. Pero no puede convertir el descalabro en una causa nacional, y oponerse sistemáticamente a cualquier medida impulsada por el gobierno o el Congreso. Eso no sólo es un despropósito (repudiado por muchos perredistas), es simple y llanamente una deslealtad a la República y sus instituciones. ¿Para qué quieren los lopezobradoristas que el Poder Ejecutivo presente la iniciativa de modificación al régimen jurídico de explotación de hidrocarburos? ¿Para discutirlo democráticamente en la representación nacional? ¿Para enriquecerla con su nacionalismo? O, de plano, para que sea la voz de arranque y comenzar los bloqueos a los aeropuertos y carreteras. Cuando López Obrador manda al diablo a las instituciones tiene, ¿faltaba más?, el derecho de sacar del infierno a las que le garanticen el aplauso a sus pamplinas. Ahora quiere una comisión de investigación para crucificar a todos los que fueron los responsables de su derrota, empezando por Juan Camilo Mouriño. No le importa que la Constitución diga en su artículo 93 que la Cámara de Diputados tiene “la facultad”, no “la obligación” de crear comisiones, “a pedido” de 125 diputados. ¿Qué más va a querer el señor para que se la pase la mohína? ¿No gusta a Fernández Noroña al frente de la comisión? El coraje se le puede incrementar. Viene la elección de la dirigencia de su partido y allí apostó. No tardará en relacionar a personas del equipo del Presidente con cargos públicos, firmas y más contratos. Armará historietas de supuestas complicidades, y luego con gritos de enfado e irritación, las expondrá a diestra y siniestra. ¿Debe el país esperar a que se le pase lo “enmohinado” a López Obrador? ¿Todos debemos hacer tiempo mientras le cambia la cara? Simplemente no. El país debe entrar ya, de inmediato, a la discusión seria sobre la modernización de Petróleos Mexicanos, a verificar la necesidad de un complemento de inversión privada en algunos rubros de hidrocarburos y, con eso, fortalecer a Pemex como empresa pública para explotar la energía en aguas profundas del golfo de México y en los yacimientos transfronterizos con Estados Unidos y Cuba. El Congreso puede decidir cambiar el régimen jurídico de los hidrocarburos en México, o por el contrario, mantener las cosas en Pemex como están. Puede acordar, también, crear cualquier comisión, para investigar el desempeño de cualquier servidor público, incluido el secretario de Gobernación. Lo que no puede hacer la representación nacional es guiar sus decisiones solamente por los berrinches de López Obrador, que además de creerse “presidente legítimo” ahora se ostenta como único dueño del petróleo mexicano. *** En España perdió el radicalismo, en ese caso, de la derecha. Ganó la moderación de la izquierda de Zapatero. Lección aprendida. Aquí nadie se espanta por la conexión de la izquierda militante de las FARC y algunos estudiantes de la UNAM, campus Ecuador. Estoy seguro de que Rodríguez Zapatero hubiera puesto el grito en el cielo de haber detectado miembros de la banda terrorista ETA en la Universidad Complutense de Madrid. Presidente nacional del PAN
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