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| Noticiario internacional saturado |
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Jean Meyer
El Universal Domingo 09 de marzo de 2008 |
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Acaban de votar en Rusia, sin sorpresa, puesto que Putin votó Putin y habrá que esperar para saber si este no-acontecimiento se transforma en acontecimiento; vota España después de una interminable campaña electoral que empezó al día siguiente de las anteriores elecciones legislativas; Estados Unidos sigue y seguirá en campaña presidencial hasta noviembre y nos quedamos por lo pronto con la movilización de los mariachis a favor de Obama; a consecuencia de las presidenciales en Armenia, las manifestaciones de protesta de la oposición que grita al fraude han sido duramente reprimidas, varias personas murieron y el estado de sitio ha sido proclamado por los que tenían el poder antes del voto y juran que es suyo para rato; sin ninguna esperanza de poder parar los misiles caseros cotidianos que lanzan los palestinos de Gaza sobre sus ciudades vecinas, Israel bombardea y vuelve a bombardear y mata algunos combatientes y muchos civiles, entre ellos, niños y bebés; el golpe del Ejército colombiano que eliminó al número dos de las FARC, en territorio ecuatoriano, le dio una nueva oportunidad a Hugo Chávez para amenazar al presidente Álvaro Uribe: cada día parece menos descabellada la idea de una guerra entre Venezuela y Colombia; Venezuela que es el país de América Latina donde la pobreza (y las Fuerzas Armadas) ha crecido más de prisa en la última década, con un petróleo ahora en los 100 dólares por barril, y una inflación de 25%. ¿La guerra como salida a los problemas internos? No sería la primera vez en la historia. El coronel y presidente Hugo Chávez canta nuestras canciones rancheras, escribe poemas, imita a Siempre en domingo de nuestro Raúl Velasco en su programa televisivo, y resulta ahora que nos hace la competencia a los pobres historiadores, y también a Álvaro Mutis y a Gabriel García Márquez, dos brillantes autores que nos han contado la muerte de Simón Bolívar. Sí, así es, el presidente de Venezuela es un historiador “revisionista” que reescribe la historia de un héroe que se apropió a llamar “bolivarianas” su revolución, su constitución y su república. Decretó la creación de un comité de altísimo nivel para demostrar que Simón Bolívar murió envenenado por los oligarcas cachorros del imperialismo. De acuerdo, Fidel ya no es el comandante, El Caballo —es uno de sus apodos— se bajó del caballo y sigue luchando con la pluma. ¿Es una verdadera partida? Sí, pero eso ocurrió hace 18 meses, cuando gravemente enfermo delegó “provisionalmente” sus poderes al hermano Raúl. Lo que acaba de hacer es anunciar que lo provisional pasó a ser definitivo. Raúl Castro y la vieja guardia fidelista enfrentan el reto de asegurar la continuidad, mantener la estabilidad, haciendo reformas. ¿Cómo reformar sin perder el control? Para los dirigentes cubanos el gran trauma fue la “Perestroika” de Mijaíl Gorbachov, el reformador comunista que, sin quererlo, dinamitó la Unión Soviética, cuando pretendía sólo modernizarla. Es lo que Raúl, Carlos Lage, los militares quieren evitar a toda costa. ¿Lograrán tomar el sendero chino? Una noticia más divertida es la de que el histriónico Muammar Kadafi, vitalicio déspota de Libia, quien es un híbrido árabe de Fidel Castro y Hugo Chávez, bien puede ser hijo de un oficial francés. Aunque no me lo crean, estimados lectores, yo escuché ese “chisme” hace muchísimos años, cuando regresaba de un hermoso verano pasado en Libia, cuando el joven coronel golpista Kadafi, recién estrenado en el poder, era muy popular en su país. En aquel entonces, un coronel francés, amigo de la familia, Henri Chassan, nos aseguró que Muammar era el hijo de su colega Albert Preziozi, un aviador que se había unido a la Francia Libre del general De Gaulle y, como tal, había participado a la expulsión de los italianos fascistas de Libia. En el verano de 1942, su avión sufrió un accidente y cayó en el desierto, de modo que Preziozi pasó largas semanas con la familia que lo recogió y lo curó. Es cuando fue concebido el futuro líder de Libia. Luego el oficial francés fue a la Unión Soviética con el glorioso escuadrón Normandía-Niemen y murió en combate en 1943. Ahora, resulta que con motivo de la controvertida y espectacular visita de Kadafi a París, a fines del año pasado, esa historia salió por primera vez a la luz pública con testimonios y documentación bastante seria. Lo que es demasiado serio es lo de Kosovo, un reto que Europa no supo contestar. Las negociaciones entre serbios y kosovares duraron casi dos años sin que se consiguiera progreso alguno. Serbia ofreció siempre una autonomía “esencial” (¿?) para Kosovo, con la posibilidad de abrir nuevas negociaciones en 2027. Los albaneses de Kosovo no querían nada que no fuese la independencia, en la perspectiva de integrarse a Europa. En cuanto a la Unión Europea se durmió en la ilusión de que el statu quo se podría prolongar ad vital eternam, en lugar de buscar una verdadera solución política. ¿Debilidad, inexistencia diplomática de Europa, o ausencia de solución satisfactoria para todos? No sé, pero ahora que los albaneses kosovares proclamaron su independencia le tocará a la UE elaborar y realizar un nuevo programa de integración de todos los Balcanes. Empieza por la protección de la minoría serbia en Kosovo, 130 mil personas, de las cuales 80 mil están en la ciudad de Mitrovica, en la frontera con Serbia, y 50 mil se encuentran dispersas en algunas islas en medio del mar albanés, alrededor de unos monasterios históricos, como Gracanica y Dekani. La OTAN con sus 17 mil soldados no ha sido capaz de impedir la violencia contra la minoría serbia en el pasado; en marzo de 2004 los motines antiserbios causaron unos 20 muertos y mil heridos; desde junio de 1999 más de 120 templos y conventos ortodoxos, algunos de los siglos XIV y XV, han sido destruidos o profanados. Debería ser una prioridad y una cuestión de honor también para el gobierno kosovar proteger a esa minoría que no alcanza el 10% de la población. Pero ¿cuándo el honor ha motivado a los dirigentes políticos? Bien lo decía Gustave Flaubert: “He oído cómo hablaban de política. Es algo inmenso. ¡Ah! ¡Qué vasta e infinita es la estupidez humana!”. jean.meyer@cide.edu Profesor investigador del CIDE
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