“Ni los fumaban”
Esteban Moctezuma Barragán
El Universal

Viernes 07 de marzo de 2008



¿Tienen los fumadores razón en molestarse por la prohibición de fumar en lugares cerrados? ¿Esto atenta en contra de su libertad?

Independientemente de su postura ante la nueva ley, los invito a ver con perspectiva el tema. La nueva prohibición debe ubicarse como una reacción de los no fumadores al sentir falta de consideración por parte de algunos fumadores.

El mismo argumento que hoy enarbolan los fumadores para defender sus derechos era esgrimido por los no fumadores, al no querer verse obligados a respirar el humo que otra persona producía. ¡Un claro ejemplo de intereses encontrados!

En ocasiones, cuando hay intereses encontrados no se llega a utilizar la ley, si las partes ceden parcialmente y llegan a un arreglo mutuo. Eso no sucedió con el tabaco.

Un fumador no respetuoso prende su cigarro en un restaurante sin fijarse si todos en su mesa han terminado de comer. Algunos fumadores fuman puros en lugares cerrados, mientras otros comen, sin darse cuenta de que molestan a muchas personas.

Cuando un no fumador pregunta en un lugar público por el área de no fumar, se encuentra siempre con los peores lugares, cercanos al baño, la cocina o al fondo del establecimiento. El mundo, hasta hoy, era de los fumadores.

Obviamente, muchas personas que fuman tienen siempre algún gesto de consideración y educación hacia el resto de las personas, pero para los fumadores inconscientes, los demás no existen.

En pocas palabras, los fumadores llegan a molestar al extremo, quizá sin darse cuenta, a muchísimas personas que se sienten agredidas por un vicio que les afecta, sin participar activamente en él.

¿Por qué hay topes en muchas calles? ¿Porque la mayoría de los automovilistas somos prudentes y manejamos a velocidades convenientes? ¿O porque una parte de los automovilistas no respetamos a los vecinos, escuelas y peatones y nos tienen que obligar, con obstáculos, a bajar la velocidad?

Algo así ocurrió con el cigarro. De haber existido urbanidad y respeto de los fumadores hacia los no fumadores, evitando el exceso y ciertas prácticas molestas, hubieran logrado despertar en el no fumador una conducta tolerante y hoy no habría prohibición alguna.

Es sorprendente cómo una multitud silenciosa despertó de repente y dijo, a través del Poder Legislativo: ¡Ya no más!

¿Hubiera sucedido eso si los fumadores hubiesen tomado conciencia, a tiempo, de que sus acciones provocaban efectos molestos y de salud a terceros?

Independientemente del debate de si está bien hecha o exagerada la nueva norma, lo que deseo es proponer una moraleja derivada de ello: cualquier exceso puede provocar una reacción excesiva.

Si trasladamos esto a lo social, entonces entenderemos por qué surgen los cambios drásticos y las revoluciones. Precisamente porque parte de la sociedad ignora y no le importa el sentir de otra parte.

Hoy, México vive una realidad que lo ubica como un país “quebrado” en tres partes: una moderna, otra tradicional y, finalmente, otra marginada. Estos “tres Méxicos” no se conocen, no se tocan y no dialogan.

Por ello urge que se abran canales de comunicación entre los mexicanos, para que surja urbanidad, respeto, inclusión y justicia en nuestra sociedad entera y no estallidos y rupturas, que siempre son más costosos social y económicamente.

Un fumador sensible reconoce que sus acciones molestaban más de lo que imaginaba. Descubrió que la irritación contenida era mucho mayor que la aparente.

No dejemos que los cambios que requiere México sean producto del brusco desfogue de irritaciones contenidas. Propiciemos que sean producto de un torrente de diálogos entre los tres Méxicos, que hoy, más que nunca, deben conocerse, comprenderse y apoyarse.

emoctezuma@tvazteca.com.mx

Presidente ejecutivo de Fundación Azteca



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