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| Error de Fidel |
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Emilio Rabasa Gamboa
El Universal Jueves 06 de marzo de 2008 |
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“Entendemos por pueblo, cuando hablamos de lucha, la gran masa irredenta a la que todos ofrecen y a la que todos engañan y traicionan, la que anhela una patria mejor y más digna y más justa; la que está movida por ansias ancestrales de justicia por haber padecido la injusticia y la burla generación tras generación, la que ansía grandes y sabias transformaciones en todos los órdenes”. Palabras de un joven abogado, inexperto en el arte de la defensa ante un tribunal, y quien, al igual que Sócrates 25 siglos antes, decidió llevar a cabo su propia “apología”. Lo hizo con tal vehemencia, lucidez y dominio de la argumentación político-jurídica, que aun cuando fue condenado, como el célebre maestro de Platón, hoy en día esas palabras trascienden al juicio que se le instauró por el ataque fallido al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Se trata del célebre discurso de Fidel Castro, conocido como “La historia me absolverá”, palabras finales de su autodefensa por las que sentenció a sus juzgadores: “Condenadme, no importa, la historia me absolverá” (Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1975, p. 67). A lo largo de esa histórica pieza oratoria, Fidel no deja de resaltar el amor a la patria de José Martí, la valentía y el arrojo de aquel grupo de jóvenes revolucionarios “ninguno de los cuales tenía experiencia militar”, como Abel Santamaría, José Luis Tascende, Renato Gyuitart, Pedro Miret, Jesús Montané y su propio hermano Raúl, que trazaron el plan de ataque al Moncada, en lo que sería el inicio de la Revolución Cubana que depuso a Fulgencio Batista en 1959. La Revolución Cubana fue hechura de jóvenes idealistas a los que se sumaría Ernesto El Che Guevara, quienes condujeron al triunfo al Movimiento 26 de Julio en 1959. Sin embargo, hoy, cuando Fidel se retira del poder, tal parece que los actuales cuadros jóvenes cubanos no son capaces de conducir los destinos de la nación que gobernó por 49 años, y que la transición política que conlleva su automarginación sólo puede conducirla a puerto seguro una gerontocracia que hace recordar lo que pasó en la Unión Soviética cuando falleció Leonid Brezhnev en 1982. ¿Y qué pasó entonces en la URSS? Al viejo Brezhnev, de 76 años, lo sucede un hombre de 70, Yuri Andropov quien sólo duraría dos años (82-84) como secretario general del PCUS y presidente del Presídium del Soviet Supremo. Al fallecer llega al poder Konstantin Chernenko, de 74 años, quien sólo duraría en el mando de febrero de 1984 a marzo de 1985, año en que muere y lo sucede el “jovenazo” Mikhail Gorbachev de 54 años. Esto quiere decir que la URSS tuvo en tan sólo tres años a tres mandatarios, todo un récord para la inestabilidad política de cualquier país. Parecía que en Cuba la fórmula sucesoria sería diferente. En la carta de despedida como presidente del Consejo de Estado y comandante en jefe que publica Fidel en Granma hay dos párrafos que parecían indicarlo. En uno señaló: “Mi deber elemental no es aferrarme a cargos, ni mucho menos obstruir el paso a personas más jóvenes, sino aportar experiencia e ideas”. Y en otro párrafo afirma: “Afortunadamente nuestro país cuenta todavía con cuadros de la vieja guardia, junto a otros que eran muy jóvenes cuando se inició la primera etapa de la Revolución. Algunos casi niños se incorporaron a los combatientes de las montañas y después, con su heroísmo, y sus misiones internacionalistas llenaron de gloria al país. Cuentan con la autoridad y la experiencia para garantizar el reemplazo. Dispone igualmente nuestro proceso de la generación intermedia, que aprendió junto a nosotros los elementos del complejo y casi inaccesible arte de organizar y dirigir una revolución”. A escasos días de este comunicado, cuando se reúne la Asamblea Nacional para designar a los nuevos cuadros dirigentes, nadie esperaba a otro que a Raúl (76 años), hermano de Fidel, como presidente del Consejo de Estado y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), pero sí que se insertaría a un Carlos Lange (56 años-generación intermedia) como primer vicepresidente y al canciller Felipe Pérez Roque (43 años, apenas bebé durante los primeros años del triunfo revolucionario) en otro cargo cupular, lo que hubiese sido consistente con el entreveramiento generacional al que se refirió Fidel en su comunicado al pueblo cubano. Pero no una gerontocracia en la que queda como primer vicepresidente José Ramón Machado (77 años). Ocupa una de las vicepresidencias Juan Almeida Bosque (80 años), y otra más, como nuevo ministro de la FAR, Julio Casas Regueiro (76 años). El mensaje es claro: ni un ápice se moverá la línea política trazada por Fidel, ni ahora ante los reemplazos gubernamentales ni cuando muera. La vieja guardia no permitirá las nuevas y necesarias ideas y políticas de las “grandes y sabias transformaciones” a que aludió Fidel en su defensa del juicio del Moncada. Y es que no es lo mismo 1953 que 55 años después. Profesor investigador del Tecnológico de Monterrey, campus ciudad de México
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