La debilidad de la izquierda
Carlos Bazdresch P.
El Universal

Jueves 06 de marzo de 2008



Es cierto que, en los últimos años, ocurrió en el país un ascenso importante de la izquierda. Quizá ha disminuido su carácter agresivo, pero, sin duda, el “peso relativo” de esta tendencia política, en el escenario nacional, ha ido aumentado. Ese hecho se hizo evidente a la opinión pública con el aumento de la votación obtenida por el PRD y los otros partidos de la izquierda en la última elección presidencial, cuando alcanzó casi la mitad de los votos emitidos en esos comicios.

También es cierto que el alza del voto a favor de la izquierda en la última elección presidencial se debió, en parte significativa, a la hábil —y un tanto sorprendente— campaña que llevó a cabo AMLO. Sin embargo, vale notar que la participación de AMLO no fue el único factor que generó el aumento de la votación por la izquierda, y más particularmente por el PRD.

En este sentido, hay que contar, en primer lugar, con la inercia demográfica, por la cual durante los últimos años debieron haber aumentado más que proporcionalmente los votos de los estratos sociales predispuestos a votar por la izquierda.

Es decir, en la actualidad, debido al rápido crecimiento de la población que estuvo ocurriendo hasta el fin de los 80 del siglo pasado, y a la relativamente alta concentración del ingreso personal vigente en las últimas décadas, los estratos de la población con ingresos relativamente bajos seguramente estuvieron creciendo con mayor rapidez que los estratos de ingresos más altos. Esto implica que la posible votación favorable a la izquierda debe estar creciendo con una rapidez mayor que la posible votación de los estratos de ingresos más altos, y que seguramente será por el PAN.

En segundo lugar, también debe haber contado a favor del PRD, y de los otros partidos de izquierda, la mejor educación que, pese a todo, está recibiendo la población de bajos ingresos, y que sin duda promueve un mayor cumplimiento de los deberes cívicos. A lo anterior habría que agregar el impacto en la votación de una mayor urbanización. Así, la modernización que ya está ocurriendo en el país, junto con el efecto AMLO, llevaría a la predicción de que la izquierda puede obtener la mayoría de los votos en las elecciones federales de 2009.

Sin embargo, como todos sabemos, en el pasado a la izquierda le ha sido muy difícil lograr la unidad de propósitos y objetivos concretos. “O conmigo, o contra mí” parece ser el lema de muchos de los personeros de la izquierda. Y por lo que se ve y se oye, también puede ser el lema de AMLO.

Manuel Camacho, quien conoce bien los lares de la izquierda, señala claramente, en su artículo de EL UNIVERSAL del pasado lunes 3 de marzo, la amenaza de escisión que enfrenta hoy la izquierda del país. Escisión que, por lo demás, ha estado presente en el escenario de la izquierda mexicana desde su nacimiento allá en el siglo XIX. Si esa escisión ocurriera ahora sería un golpe muy duro para la izquierda, ya que perdería una oportunidad real de llegar al poder. Además, dado que ahora sí habría pérdidas reales, sería más difícil recuperar la unidad.

Una escisión de la izquierda dejaría muy maltratado a todo el escenario político nacional. Si la derecha gana sobre la base de una división de última hora de la izquierda, se multiplicarían las acusaciones de fraude y se negaría legitimidad a la elección. Aunque no soy de izquierda, pienso que sería un desastre si esta tendencia no logra un mínimo de entendimiento interno.

Profesor e investigador del CIDE



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