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| Éxitos en trasplantes |
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Cristina Aguayo-Mazzucato
El Universal Miércoles 05 de marzo de 2008 |
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Se ha cumplido uno de los sueños de la medicina de trasplantes. En un estudio reciente, cuatro de cinco pacientes con un riñón trasplantado han vivido años sin necesidad de tomar medicamentos que supriman su sistema inmune. Las historias se reportan en la revista médica New England Journal of Medicine y es el resultado del trabajo de un grupo de médicos estadounidenses en Boston y Nueva York. Estos cuatro casos de éxito iniciarán una nueva etapa de trasplantes, por lo que su estudio será el parteaguas entre el pasado y el futuro de este campo. Hasta ahora todos los pacientes en necesidad de recibir un órgano tenían dos grandes problemas. El primero: conseguir el órgano. En la mayoría de los países, México incluido, la donación de órganos es muy baja, por lo que la lista de pacientes en espera de órganos es larga. Según el Centro Nacional de Trasplantes, al día de hoy hay más de 10 mil personas que necesitan un trasplante en nuestro país. La historia no acaba cuando se tiene el órgano. Éste debe ser compatible con el grupo sanguíneo y otros marcadores celulares importantes para reducir la posibilidad que el cuerpo que recibe el órgano lo reconozca como ajeno, lo rechace y eventualmente tenga que extraerse. Una vez recibido el trasplante los pacientes debían pasar el resto de su vida tomando medicinas inmunosupresoras cuya función es controlar al sistema inmune para que tolere al tejido u órgano externo. De esta forma se ha garantizado el éxito de muchos trasplantes, permitiendo que el cuerpo acepte indefinidamente células que provienen de otro cuerpo y son distintas al propio. Sin embargo, controlar de esta manera al sistema inmune tiene riesgos. Uno de ellos son las infecciones. En pacientes inmunosuprimidos incluso gérmenes inocuos para la mayoría pueden llegar a ser mortales para su sistema inmune inhibido. También está el cáncer. En un organismo sano el sistema inmune se encarga de controlar y matar las células cancerígenas. Sin embargo, en pacientes trasplantados este mecanismo está alterado, por lo que su riesgo de padecer algún cáncer es mayor al de la población general. Además de estos dos grandes problemas existe una larga lista de efectos colaterales de los inmunosupresores que pueden hacer de la vida de los pacientes una pesadilla. Una lista abreviada de sólo uno de estos medicamentos incluye fiebre, convulsiones, úlceras, hipertensión, problemas para respirar, falla renal y hepática, confusión, etcétera. Este panorama rodeaba a los cinco pacientes que fueron reclutados en el Hospital General de Massachusetts, quienes, por distintas causas, tenían insuficiencia renal terminal y requerían de un trasplante de riñón para seguir viviendo. La primera de las pacientes tenía 22 años y había ya recibido un riñón de su padre a los 12, momento a partir del cual empezó a recibir inmunosupresores. Sin embargo, un virus causó una infección diseminada en su cuerpo, por lo que fue necesario disminuir la dosis de los medicamentos. Sin embargo, cuando su sistema inmune ganó fuerza para combatir la infección también lo hizo para rechazar el riñón, por lo que fue necesario extraerlo. En 2002 los médicos decidieron intentar nuevamente un trasplante de riñón, pero esta vez combinado con uno de médula ósea. El razonamiento es que en la médula ósea radican las células madre que dan lugar al sistema inmune. Por lo tanto, al combinar el sistema inmune del donador con el que recibirá el órgano se induce tolerancia sin necesidad de los medicamentos inmunosupresores. Funcionó. Esta paciente ha estado más de cinco años sin inmunosupresores, con el riñón trasplantado y su cuerpo no ha dado señales de rechazo. Existen otras tres historias de éxitos similares en las cuales pacientes cuyas edades van de los 22 a los 46 años llevan más de dos años con riñones ajenos, sin rechazarlos, al haber recibido también parte del sistema inmune del donador. La historia del único fracaso de este artículo es la de un hombre de 39 años que antes de recibir un órgano su sistema inmune ya tenía anticuerpos que predecían un rechazo. Efectivamente, su cuerpo no toleró la médula ósea ni el riñón, por lo que fue necesario hacerle un segundo trasplante dándole inmunsupresores como se hace rutinariamente. Actualmente está sano y su función renal es estable. La explicación de por qué funciona el mezclar los dos sistemas inmunes no es del todo clara y ha levantado muchas cejas y abierto muchas líneas de investigación. Pero sin duda se trata de una posible solución a uno de los dos grandes problemas de la medicina de trasplantes: la necesidad de inmunosupresión. Y eventualmente podría alcanzar a la otra zona, ya que de ser posible trasplantar cualquier órgano a cualquier persona sin el riesgo de rechazo la disponibilidad de órganos sería mucho mayor. Hasta que ese día no llegue habrá que seguir creando conciencia de la necesidad de la donación de órganos. En nuestro país no existe una cultura de donar, pero ojalá saber de la gran cantidad de personas cuyas vidas dependen de uno impulse a que haya más gente dispuesta a hacerlo, ya que se trata de uno de los adelantos más importantes de la medicina en los últimos 50 años. Y afortunadamente nos demuestra que tiene más éxitos que fracasos. Médico cirujano
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