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| Aguas profundas |
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Francisco Rojas
El Universal Martes 04 de marzo de 2008 |
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Se ha estudiado menos de 30% del territorio nacional con posibilidades petroleras, determinando recursos prospectivos por 54 mil millones de barriles. Estos recursos son inferencias, analogías o hipótesis que hacen suponer la existencia de hidrocarburos, pero que requieren de pozos exploratorios para confirmar su existencia, así como aforos, caracterizaciones y estudios para cuantificar su monto y volverlos reservas posibles. Ulteriores estudios, perforaciones exitosas, infraestructura y trabajos modifican la clasificación hasta convertirlas en probadas desarrolladas. La factibilidad de explotar comercialmente los recursos prospectivos es de cero, en los posibles de 15%, en los probables de 50%, en los probados por desarrollar de 95%, y las reservas probadas desarrolladas de 100%. Estas últimas, 10 mil millones de barriles, son las que alcanzarían para 10 años, al ritmo de explotación y exportación actuales. Adicionalmente, contamos con 5 mil millones de reservas probadas sin desarrollar, 15 mil millones de probables y otro tanto de posibles, por lo que afirmar que pronto nos quedaremos sin petróleo es, por lo menos, alarmista. La actividad petrolera es de largo plazo (30 años); Cantarell inició en los 70, siguió Abkatum-Pol-Chuc y, a fines de los 80, Ku-Maloob-Zaap. Por ello se requieren actividades continuas y simultáneas y, por supuesto, recursos para la exploración y desarrollo; no se vale pregonar que en el sexenio pasado Pemex invirtió 60 mil millones de dólares (mmdd) sin decir cuánto se destinó al pago de Pidiregas y a otras áreas, y que la mayor parte de lo asignado fue para mantener el ritmo de explotación y cumplir los compromisos de exportación, relegando la exploración; la insuficiente tasa de restitución de reservas así lo demuestra. De los recursos prospectivos, 29 mil millones se ubican en el golfo de México profundo; de ellos, dos tercios están en tirantes superiores a mil 500 metros. Pemex cataloga como aguas profundas los tirantes de agua —distancia entre la superficie y el suelo marino— superiores a 500 metros, pues a partir de dicha profundidad la exploración y producción se complica grandemente. Desde 2004, Pemex inició exploraciones en el golfo de México B, perforando cuatro pozos con tirantes cercanos a mil metros. También fueron enviados a distintas partes cerca de 70 técnicos a capacitarse in situ en prácticas operativas y en tecnología de aguas profundas. Sería relevante conocer la localización de los 20 mil millones de barriles de aguas ultraprofundas, ya que si se encuentran en el área de Largo Perdido, conforme experiencias en el lado norteamericano, los tirantes son superiores a 2 mil 400 metros y otro tanto de perforación, por lo que las dificultades exploratorias se multiplican, así como los costos y riesgos; además, es paso de huracanes (Katrina y Rita) que dañaron plataformas e instalaciones petroleras causando pérdidas por más de 30 mmdd. Eventualmente desarrollaremos los recursos prospectivos de aguas ultraprofundas; tendrá que ser paulatinamente, sin correr riesgos innecesarios ni aventurar recursos. Es una actividad de largo plazo, por lo que comprometer una plataforma de producción para el corto plazo con base en estos recursos es riesgoso, por la complejidad geológica y tecnológica de este tipo de proyectos, que requieren grandes montos de inversión y largos periodos de maduración, como lo prueban las vicisitudes de las multinacionales para obtener la producción actual en el lado norteamericano. Suponer que una multinacional, por el hecho de serlo, puede hacer milagros es utopía; además, arriesgaríamos sobreexplotar y acabar con los yacimientos que se descubrieran, como ha sucedido. Antes debemos invertir simultáneamente en campos ya conocidos, con reservas probadas, probables y posibles, que requieren menos recursos; habría menor riesgo y se cuenta con recursos tecnológicos y humanos y el apoyo de compañías que han venido trabajando en dichas áreas. Esto permitiría duplicar en plazo razonable las reservas probadas actuales, extendiendo la plataforma de producción y exportación, y dándonos más tiempo y mejores condiciones para desarrollar los yacimientos en aguas profundas. Además, debe intensificarse la exploración, principalmente en el sureste, donde existen 18 mil millones de barriles en tierra y aguas someras, en cuencas similares a las que permitieron el descubrimiento de los grandes campos en el pasado, y cuyos costos, riesgos y tiempo son menores que los de aguas profundas. Por ello no compartimos la interesada desinformación de que la salvación está en aguas profundas, donde aseguran se encuentran fabulosos yacimientos, sin dar fuentes de información, y menos con contratos de riesgo disimulados; ya llegaremos a ellas, pero a nuestro ritmo y conveniencia. ¿Para qué precipitarnos en dudosas aventuras? ¿Qué existe atrás? ¿Qué no han querido revelar? Analista político
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