TLCAN: ampliar la mirada
José Luis Calva
El Universal

Jueves 28 de febrero de 2008



En un artículo titulado “I will repair our relationship with Mexico”, publicado en The Dallas Morning News (20/II/08), el precandidato puntero en las elecciones internas del Partido Demócrata, Barack Obama, señaló: “Nuestra diplomacia con México debe orientarse hacia una enmienda del TLCAN. Buscaré más fuertes normas laborales y ambientales, en lugar de los acuerdos paralelos que hicieron muy poco para corregir las fallas del TLCAN. Para reducir la inmigración ilegal, debemos también ayudar a México a desarrollar su propia economía, a fin de que más mexicanos puedan realizar sus sueños al sur de la frontera. Es por eso que incrementaré la asistencia externa, incluyendo la expansión del microfinanciamiento para los negocios en México”.

Las ideas de Obama deberían recordarnos que el TLCAN es un contrato vivo de asociación entre países vivos, no un libro acabado como la Biblia. Además, deberían recordarnos que existe otro estilo de integración económica muy diferente al del TLCAN, que es el estilo europeo. No obstante que las asimetrías entre los países de la Unión Europea —por lo menos hasta 2004, cuando se incorporaron 10 países del este europeo— fueron considerablemente menores que las observadas entre México y los países industrializados de Norteamérica (donde el PIB per cápita de Estados Unidos y Canadá era 5.6 y 4.3 veces mayor, respectivamente, que el de México al momento de su integración), la UE instituyó fondos compensatorios (estructurales y de cohesión social), cuyo principio básico consiste en que los estados aportan recursos a esos fondos en proporción a su riqueza (PIB per cápita), mientras que las regiones y países reciben apoyos en proporción a su atraso o pobreza relativa. El objetivo es la convergencia en los niveles de desarrollo económico y de bienestar social. Además, la UE instituyó el libre flujo de mano de obra entre los países miembros.

Gracias a estos arreglos institucionales se ha observado el esperado proceso de convergencia socioeconómica. Por ejemplo, en 1989 el PIB per cápita de Grecia y Portugal —los países más atrasados de la UE al momento de su integración— era 52.5% y 56.3%, respectivamente, del PIB per cápita medio de la Comunidad Europea; en 1996, estos países habían alcanzado 64.9% y 67.5%, respectivamente, de la media comunitaria; y en 2003, alcanzaron 70.9% y 72.5% del PIB per cápita medio de la UE. Desde luego, para los países que se incorporaron a la UE en 2004 los fondos estructurales y de cohesión social ––así como el libre flujo de mano de obra–– han pasado a ser importantes palancas de su desarrollo.

En cambio, la integración de México al Área de Libre Comercio de América del Norte fue proyectada por los gobiernos neoconservadores de Salinas, Bush y Mulroney como una integración neoliberal, que instituye la igualdad entre desiguales (dos países industrializados, con un subdesarrollado), sin que existan fondos compensatorios ni libre flujo de mano de obra.

Esta es una de las razones del pobre desempeño de la economía mexicana: la tasa media de crecimiento del PIB mexicano durante los 14 años cumplidos de operación del TLCAN ha sido apenas de 3% anual, contra 6.1% anual durante el periodo 1935-1982, cuando se aplicó una estrategia de desarrollo que rechazó los dogmas del libre comercio a ultranza y, en general, la ortodoxia del Washington Consensus. Ciertamente, durante el periodo del TLCAN algunos mexicanos se han enriquecido prodigiosamente, hasta encumbrarse en las listas de Forbes. Pero —parafraseando a Obama— no se ha visto en América del Norte el tipo de integración económica “que hubiese asegurado que la economía mexicana estuviera trabajando no sólo para los más ricos en México sino para toda la población”.

Por ello, México debe redefinir su estrategia de desarrollo e integración económica internacional. En lo externo, es necesario introducir en la agenda nacional una próxima enmienda del TLCAN, a fin de que —sin demérito de correcciones agrícolas, laborales y ambientales— sean instituidos fondos trinacionales (estructurales y de cohesión social), así como el libre flujo de mano de obra entre nuestros países, a fin de asegurar el desarrollo socioeconómico convergente en el área del TLCAN.

Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM



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