Letras
Germán Martínez Cázares
El Universal

Martes 26 de febrero de 2008



Cantan los pájaros, cantan / sin saber lo que cantan: / todo su entendimiento es su garganta… Algunos diputados federales de la Comisión de Prácticas Parlamentarias se pusieron a cantar juntos sin más entendimiento que su garganta. Octavio Paz no merece, según su canción, el honor de colocar su nombre en letras de oro en los muros del gran salón de sesiones de la Cámara Baja. No tiene gesta heroica, según ellos, la pluma de uno de los poetas más grandes de Hispanoamérica.

No es necesario que los diputados supieran de la renuncia de Paz a la embajada mexicana de India por el asesinato de estudiantes en 1968. Tampoco se requería hurgar en sus revistas Plural y Vuelta su defensa numantina de los derechos humanos y de la democracia en los países comunistas. Ni siquiera se requería leer Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe ni Posdata. No era obligatorio que los panistas leyeran la entrevista que le hiciera Carlos Castillo Peraza sobre religión y Dios.

Bastaría valorar el fascinante poema Piedra de Sol, construido sin principio y sin fin en 584 versos como el tiempo exacto del calendario azteca, para colocar a Octavio Paz en ese lugar. Sólo esa genialidad de las letras mexicanas —que este año festeja su 50 aniversario— debería ser razón para subir a las paredes de San Lázaro el nombre de nuestro premio Nobel de Literatura ¿Acaso tienen más merecimiento algunos nombres, encaramados allí sólo por la sangre que hicieron derramar a otros mexicanos?

El episodio no es anecdótico, es de esencia en el acuerdo de nuestra representación nacional. La cultura debe ser reconocida y estimulada en todo momento. Debe ser punto de encuentro de las instituciones de la República, porque es herramienta de civilización que ennoblece nuestra convivencia.

Creo que los señores diputados están a tiempo de corregir y desandar el camino para enaltecer al autor de El laberinto de la soledad. Pero los senadores de la República también tienen en sus manos otra oportunidad de impulsar a la cultura en nuestro país. Tienen en estudio en la Comisión de Educación, la llamada Ley del Libro, que estimula la lectura y fija un precio único a toda la industria editorial. El Senado no debe detenerse más en implementar esa medida económica. No deben hacer caso a algunos tecnócratas que probablemente escucharon en los pasillos del Fondo Monetario Internacional que todos los controles de precio son malos.

El precio único puede incentivar la compra de libros y como consecuencia la lectura. También es una política pública para que los pequeños libreros no queden a merced de los grandes mayoristas. La novedad del día se encontrará al mismo precio en un gran almacén de la ciudad de México que en los clubes de libreros de provincia. El mercado debe estar subordinado a valores superiores de justicia e igualdad. Precios invariables a los libros es una puerta igual a la cultura. Si persiste la duda de que el costo único del libro favorece la lectura como en Europa, ¿por qué no evaluar en dos años su impacto en los lectores?

Las leyes no son eternas, sólo son eternos los buenos libros, como los de Octavio Paz.

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Hablando de letras y cultura. Josefina Vázquez Mota, trabajadora y siempre eficiente servidora pública, debería evaluar con cuidado el desempeño del Conaculta. Como se dice en estos casos: con todo respeto, se percibe un desbarajuste.

Presidente nacional del PAN



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