Obama Fox
Esteban Moctezuma Barragán
El Universal

Viernes 22 de febrero de 2008



Las elecciones primarias en Estados Unidos para que los partidos Republicano y Demócrata elijan a su candidato a la presidencia están dando una gran sorpresa: Barack Obama.

Cuando se le escucha hablar, provoca una gran emoción. Es un hombre con una retórica impecable. Es un político que sabe inspirar y cautivar a su audiencia. Su tema toral es que su país requiere algo para afrontar los retos del porvenir: el cambio.

Obama es el candidato del cambio.

En su discurso el martes 19, al ganar las primarias de Wisconsin, lo que le representa nueve victorias seguidas y una terrible amenaza para Hillary Clinton, el señor Obama me recordó a Vicente Fox.

Dijo que iba a cambiar Estados Unidos y el mundo entero. Para ello tendría que transformar a fondo la educación. Una educación que requiere de un esfuerzo en inversión enorme. Por ello, tomaría los 9 billones de dólares que se están gastando en la guerra de Irak para invertirlos en escuelas, caminos, puentes y hospitales en suelo estadounidense.

Pero en su siguiente párrafo afirmó con vehemencia que el Ejército estadounidense requería ser atendido con prioridad para continuar modernizándose y ganar el respeto del mundo entero. Yo me preguntaba, ¿y ese dinero para invertir en el Ejército saldrá entonces de escuelas, caminos, puentes y hospitales que no se harán para apoyar a las tropas, su preparación, sueldo y equipamiento?

Acto seguido, Obama dijo que la lucha contra el terrorismo continuará y que brindará seguridad a su pueblo, que además daría seguro médico a toda la población, becas para estudios superiores a quien desee estudiar, infraestructura para el desarrollo y todo lo que un ser humano requiere para tener una vida plena.

Incluso, propuso sacar las televisiones y los videojuegos de los hogares estadounidenses para tener una niñez mejor formada.

No quedó en promesas domésticas. También afirmó que su gobierno ayudaría a todos los países del mundo que viven en el subdesarrollo a lograr condiciones favorables para su progreso.

No creo que se haya preocupado por contabilizar el costo de lo que estaba prometiendo. No dudo que en su corazón desee que todo eso suceda, pero la realidad es terca y los presupuestos magros, de manera que la suma de promesas es, sin duda, inviable y hasta demagógica. Prometer no empobrece.

Lo curioso es el efecto que provocaba en su audiencia. Realmente los cautivaba con palabras e ideas de un mejor futuro.

Por eso está ganando Obama. Porque ante las carencias y la desesperación de una multitud de estadounidenses que sienten que han perdido hasta la identidad, Barack les construye un mundo imaginario muy atractivo y un espacio para volver a creer.

Por su parte, la senadora Hillary habla con mayor objetividad, con la experiencia de haber vivido desde adentro al gobierno estadounidense y constatado que una cosa es lo que se quiere y otra lo que se puede. Pero ese discurso, por sensato y realista, por serio y ubicado, es poco atractivo y hasta aburrido. Por eso está perdiendo terreno.

La señora Clinton dijo: una vez que se vayan los discursos y las cámaras de televisión, ¿con qué se van a quedar los estadounidenses? Deben quedarse con quien puede hacer las cosas. Con quien puede comprometerse a sacar adelante sus promesas.

¡Obama me recuerda a Fox! Me regresa a los días en que por la mañana decía a los inquilinos que las rentas congeladas eran un acto de justicia social y por la tarde a los caseros, que éstas debían desaparecer para poder invertir en sus inmuebles.

emoctezuma@tvazteca.com.mx

Presidente Ejecutivo de Fundación Azteca



© Queda expresamente prohibida la republicación o redistribución, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL