IFE: leve mejoría
Jorge Chabat
El Universal

Jueves 14 de febrero de 2008



IFE: leve mejoría No cabe duda de que el asunto de tener elecciones confiables y creíbles sigue siendo una asignatura pendiente. A pesar de los avances logrados en la última década, el nombramiento de las autoridades electorales parece ser todavía una piedra en el zapato de la transición democrática.

Es cierto que la elección presidencial de 2000 salió bastante bien, a pesar de ser la primera realizada con el nuevo IFE resultado de la reforma electoral de 1996. Pero ello se debió básicamente a la coincidencia afortunada de varios factores: un margen bastante amplio entre el primer y segundo lugar, un consenso inicial entre los partidos en la conformación del Consejo General del IFE y el hecho de que varios de sus miembros, incluido el presidente, tenían una experiencia electoral previa.

Ello no ocurrió en la elección de 2006 debido a que la diferencia entre el primer y el segundo lugar fue muy apretada (algo que ciertamente nadie puede controlar) y debido también a que el nombramiento de los consejeros del IFE en 2003 tuvo dos características: no hubo consenso entre las principales fuerzas políticas y varios de ellos, incluido su presidente, no tenían experiencia electoral previa.

Algunos incluso ni siquiera tenían algún conocimiento mínimo del sistema político mexicano. Claro, con estos ingredientes, el candidato que quedó en segundo lugar encontró un terreno fértil para armar un quilombo del tamaño del estadio Azteca.

Debido al claro error cometido en la designación del anterior consejo del IFE, la reforma electoral del año pasado planteó la remoción escalonada de los consejeros nombrados por los propios diputados en 2003 (no por los ciudadanos, como han afirmado dolosamente varios distinguidos analistas defensores del viejo IFE).

Sin embargo, la renovación del IFE encontró problemas el año pasado y, como todos sabemos, no se pudo llegar a un consenso entre los partidos hasta la semana pasada.

El estira y afloja entre los tres principales partidos fue muy intenso, pues los vetos aparecieron por todos lados. A pesar de ello, finalmente hubo humo blanco: Leonardo Valdés Zurita, propuesto en tercera o cuarta instancia por el PRD, fue designado consejero presidente, en tanto que se nombró a Marco Antonio Baños a propuesta del PRI (y todo indica que a propuesta de Beltrones) y a Benito Nacif, a propuesta del PAN.

Como era de esperarse, estos nombramientos de compromiso no han dejado satisfecho a casi nadie. Los radicales del PRD ya descalificaron a los tres nuevos consejeros por ser prianistas, incluido Valdés, que fue propuesto por el propio PRD. Por su parte, los radicales de derecha desconfían profundamente de Valdés y sólo parecen mostrar alguna confianza hacia Nacif.

Incluso ha habido algunos que, lamentando todavía la salida de Ugalde, descalificaron todo el proceso debido a los “arreglos políticos” entre los partidos, como si en 2003 no hubiera habido ningún arreglo para nombrar a Ugalde y al resto.

Ciertamente el nombramiento de los nuevos consejeros fue producto de una negociación política, lo cual desde luego plantea la posibilidad de que éstos en su actuación defiendan más al partido que los propuso que a la democracia.

En todo caso, eso fue lo que alguna parte de la población percibió en la elección de 2006. La única manera de evitar que exista esta percepción es encontrar otro procedimiento para nombrar las autoridades electorales, como lo hemos dicho en estas páginas varias veces en el pasado.

No obstante, lo cierto es que, a pesar de que el nombramiento de los consejeros con base en cuotas es prácticamente inevitable mientras éste recaiga en la Cámara de Diputados, el nombramiento de Valdés, Baños y Nacif tiene dos características que no tuvo en el proceso de 2003: consenso de la mayoría de los partidos y experiencia electoral en dos de los tres consejeros, incluido su presidente, lo cual no es un detalle menor.

Desde luego que puede haber desconfianza en el consejero Baños, que viene de las épocas oscuras de las elecciones manejadas desde Gobernación, o en el consejero Nacif, cuyo conocimiento de la materia electoral es más limitado que el de los otros dos consejeros. Sin embargo, este IFE es mejor que el que había y, sin lugar a dudas, el nuevo presidente de ese organismo tiene más experiencia y más consenso que el anterior.

No es, desde luego, el mejor de los mundos, pero es un poco mejor que el anterior. Esperemos que esto haga que las elecciones de 2009 y 2012 sean más creíbles que las de 2006.

jorge.chabat@cide.edu

Analista político e investigador del CIDE



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