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| Los retos del IFE |
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Lorenzo Córdova Vianello
El Universal Martes 12 de febrero de 2008 |
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Finalmente, luego de un tortuoso y desgastante proceso, el pasado jueves la Cámara de Diputados nombró a los nuevos miembros del Consejo General, con los que se concreta la primera etapa de renovación del IFE. Así, se da paso a una nueva etapa institucional en la que el instituto aplicará, en plena forma, sus nuevas atribuciones derivadas de la reforma electoral. Con ello se abre también una serie de complicados desafíos para esa institución que se articulan en dos planos, uno externo y más evidente, y otro interno, menos visible pero igualmente delicado, que son, básicamente los siguientes: 1. El vínculo con el Tribunal Electoral. Actualmente ese vínculo prioritario —aunque suene increíble— está reducido a su mínima expresión, por no decir que es prácticamente inexistente. En ese sentido, se necesita que los nexos entre ambas instituciones fluyan de manera armónica y permanente. El reto para el instituto es entender la prioridad de ese vínculo y reconstruir una relación que hasta ahora se había venido descuidado y erosionado. 2. La relación de los partidos políticos. Aunque los partidos integran el Consejo General, es indispensable una relación abierta de los consejeros con los partidos políticos, que permita en un marco de respeto, independencia y autonomía, canales de comunicación fluidos entre la autoridad electoral y los propios partidos. Para decirlo en otras palabras, en la aplicación de la ley: el IFE no debe ser temeroso pero tampoco temerario y ceñirse estrictamente al principio de legalidad. Esa es la mejor garantía de un árbitro imparcial que, como tal, no debe pecar ni de excesos ni de defectos en el cumplimiento de su función. 3. La relación con los concesionarios de radio y televisión. Dado que ahora los concesionarios y permisionarios de medios electrónicos son sujetos obligados por las normas electorales y el IFE autoridad en la materia (incluso para sancionarlos), se requiere que el instituto se convierta en un interlocutor capaz de generar entendimientos sin perder autoridad y jerarquía frente a los que constituyen un poder fáctico cuyo control y regulación es vital para el buen funcionamiento del sistema democrático. En ese sentido, sin un ánimo persecutorio y tratando de generar un contexto de cooperación y apego a la ley, el IFE tendrá el reto de establecer una relación, que sin duda será muy complicada, en la que deberá actuar con mano firme ante cualquier intento por transgredir las nuevas normas. 4. La relación con los institutos electorales locales. La reforma electoral le confiere al IFE ser la autoridad que se encargará del acceso de los órganos electorales locales, así como de los partidos, a la radio y la televisión como parte de sus prerrogativas en el ámbito estatal. Además, la Unidad de Fiscalización del IFE será el conducto por el cual los institutos locales podrán acceder a los datos bancarios y fiscales en el ejercicio de sus funciones de revisión de las cuentas de los partidos políticos. Ello abre la puerta a una colaboración interinstitucional técnicamente muy compleja que deberá definirse caso por caso por la vía de convenios de colaboración y que sin duda representa un complicado reto para la autoridad electoral federal. Por otra parte, en el plano interno, el desafío que enfrenta el IFE no es menor aunque sea menos visible. Sin ánimos catastrofistas, debemos reconocer que el instituto pasa por una crisis muy seria que ha lastimado su tejido institucional gravemente. Hoy en día la estructura del servicio profesional electoral (que es la clave por la que el IFE ha logrado organizar procesos electorales de altísima calidad) se encuentra lastimada, descuidada y fragmentada. El desgobierno que ha caracterizado al IFE en el último medio año ha agravado severamente esa situación. Recomponer ese tejido institucional no va a ser algo sencillo y el tiempo para hacerlo es escaso (en octubre de 2008 arranca el proceso electoral del próximo año y para entonces esa estructura debe estar bien “aceitada” con las líneas de mando restablecidas y con una capacidad operativa al 100%). Afortunadamente dos de los funcionarios recién designados, el consejero presidente, Leonardo Valdés, y el consejero Marco Baños, son viejos conocidos de la estructura del IFE, situación que, sin duda, facilitará esa complicada y vital operación. Finalmente, el último reto que en general enfrenta el IFE es el de reconstruir la credibilidad ciudadana que parcialmente se perdió en los últimos años. José Woldenberg solía decir que en el proceso de construcción de la confianza se avanza micra a micra y se retrocede en kilómetros. Desafortunadamente en los tiempos recientes ocurrió lo segundo. La tarea de reconstrucción de la confianza comenzó con el nombramiento de los nuevos integrantes del Consejo, que afortunadamente fue el resultado de un amplio consenso entre las fuerzas políticas. Es un primer paso positivo, pero todavía falta mucho por hacer. Investigador y profesor de la UNAM
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