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| La sociedad despolitizada |
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Leonardo Curzio
El Universal Lunes 31 de diciembre de 2007 |
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Somos una sociedad a la que no le gustan demasiado los datos. Nos gusta más hablar de nuestras impresiones y de nuestras perspectivas y en muchas casos las convertimos en verdades reveladas sin valorar demasiado lo que otras perspectivas nos ofrecen. Por eso nos gusta tanto oír a los que piensan como nosotros y llamamos vendidos a quienes dicen cosas diferentes. Por eso entra con tanta dificultad la cultura de la evaluación en nuestras instituciones y por eso mismo nos cuesta tanto tejer una deliberación pública articulada. Cada quien habla de la feria como le fue en ella y en pocas ocasiones se habla objetivamente de la feria. Viene esto a cuento porque el Almanaque (2008) compilado por Sergio Aguayo presenta muchos datos sobre la forma en que la sociedad está organizada y las percepciones que tiene de sí misma. Somos un país todavía con muchos valores que nos gusta proclamar como inexistentes, pero que están allí palpitando en el fondo del ser nacional que más vale ver de frente. El contraste más fuerte lo encuentro en los elevados niveles de despolitización de la sociedad y la dura evaluación que se hace de nuestras instituciones de representación. Es sabido que el Parlamento y los partidos políticos están en el sótano de las consideraciones sociales, pero esta opinión debe verse a la luz de una cifra que me resulta estrujante: ¡80% de los mexicanos no se interesa por la política! Tenemos pues a ocho de cada 10 ciudadanos que carecen de un interés inmediato por el debate público. Me parece fundado suponer que una buena parte de ellos no son sofisticados personajes que, desencantados por los desatinos de nuestros dirigentes, desprecian aristocráticamente la política. Más bien tenemos un grupo muy amplio de ciudadanos con opiniones débiles y superficiales sobre lo que pasa en el país y por tanto perfectamente volubles, comprables y manipulables por una u otra fuerza. El proceso de despolitización de la sociedad contemporánea ha sido comentado por autores de diferentes tradiciones. En Francia, por ejemplo, Tenzer ha escrito sobre el tema y en Estados Unidos aportes como los de Benjamin Barber explican cómo el abandono de la esfera pública en favor de la vida privada y el consumo lleva a que las esferas de decisión las ejerzan los grandes intereses organizados y los políticos profesionales. En México estamos hablando de una mayoría aplastante que ha abandonado por distintas razones la plaza pública y se la ha dejado a liderazgos sospechosos. Es difícil enfrentar el dato duro de una sociedad despolitizada, pero al mismo tiempo explica muchas cosas del México de hoy. Solamente con una sociedad tan débil se puede explicar la zona de desastre que es hoy el sistema educativo; ningún otro país toleraría el recibir servicios educativos tan malos sin emprender un movimiento organizado. Aquí estamos esperando a que el Presidente haga algo. También desde la perspectiva de una profunda despolitización se puede entender que un personaje como el gobernador de Puebla haya podido obtener en las recientes elecciones el nivel de apoyo que tuvo. No nos hagamos ilusiones ni glorifiquemos a una sociedad civil que tiene un nivel de despolitización que raya en el cinismo. Feliz año a todos los lectores. Analista político
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