![]() | Formato de impresión patrocinado por | ||
| Lujo insultante |
|
Enrique del Val Blanco
El Universal Jueves 27 de diciembre de 2007 |
|
|
|
Uno de los fenómenos más interesantes que se están generando, como resultado de la globalización que está ocurriendo en nuestro planeta, con el crecimiento constante del denominado mercado de artículos de lujo no sólo en los países desarrollados sino en todas partes, destacando recientemente aquellas regiones con crecimiento económico sorprendente. Los diccionarios definen el lujo como aquello que se excede en la pompa y el regalo, y que supera comúnmente los medios normales de alguien para conseguirlo. También se ha agregado como comentario normal mencionar el “lujo asiático” para referirse a algo ya superlativo. El consumo de estos productos ha ido cambiando conforme han variado las disparidades en el ingreso de las personas en el mundo. Antes, cuando la brecha entre los que más ganaban y los que menos tenían era menor, las compras de artículos de lujo no eran tan sorprendentes como ahora. Las personas con los ingresos suficientes para hacerlo eran más cautas o reservadas en sus adquisiciones y no las hacían por presumir, como hoy ocurre. Incluso en esta situación de los llamados nuevos ricos que gastan en cualquier tontería había diferencias, porque varias de las fortunas del pasado no tenían los pecados que tienen las actuales. Ahora, mucha de la riqueza altamente concentrada en varios países es producto de la corrupción; de negocios turbios con la participación de los gobiernos en turno, otorgando excesiva protección a algunas empresas favorecidas o la venta de empresas públicas a amigos o personas afines al régimen en turno. El mejor ejemplo es la Rusia del señor Putin, que en unos cuantos años ha hecho grandes millonarios, gracias tan sólo por estar de acuerdo con él. Cuando esto no ocurre, de la misma forma que les dio riqueza y empresas, se las quita. Es el caso del señor Jodorkovsky, que después de haber sido el hombre más rico de Rusia ahora se encuentra en la cárcel y seguramente perderá toda su riqueza, tan sólo porque se le ocurrió enfrentarse con el nuevo zar ruso. Esta forma de hacer ricos al vapor produce que gasten también al vapor, ya que no hay la menor consideración sobre lo que significa realmente trabajar; la mayor parte de esta riqueza proviene meramente de la corrupción y la especulación financiera, que son los mejores métodos para volverse millonario de la noche a la mañana. Se ha dado de tal forma la concentración del ingreso que según un estudio elaborado por Merrill Lynch y Capgemini, y comentado en la revista Le Nouvel Observateur de la semana pasada, los millonarios han pasado de 4.5 millones a 10 millones en sólo una década. Millonaria es aquella persona que posee más de un millón de dólares. Quienes más han crecido en este campo son los rusos, los chinos y los indios, que ahora compiten en riqueza, y sobre todo en demostrarla, con los estadounidenses, los europeos y los árabes. De esto se han aprovechado los fabricantes de productos de lujo o de productos que pueden convertirse en lujo, como es el reciente caso del príncipe saudita Al-Walid, que compró un boeing 747 para su transporte personal. La locura por poseer artículos de lujo va desde automóviles, como el Bentley —que para adquirirlo hay que esperar dos años para su entrega, debido a su alta demanda a pesar de su precio—, a botellas de vodka que llegan a costar más de un millón de pesos cada una, hasta perfumes con envases de oro y zafiros. Lo mismo ocurre con un sinnúmero de extravagancias. Por lo visto para los ricos el crecimiento económico ha sido muy favorable, ya que no dejan de consumir banalidades que las empresas dedicadas a estos efectos les venden seguramente a precios excesivos y con márgenes de ganancia que en algunos casos rebasan 45%, margen pocas veces visto en otras ramas de producción. Nuestro país no podía quedarse atrás. La portada de EL UNIVERSAL del lunes pasado nos informa que las compras de lujo están creciendo en México como nunca antes y, según un estudio, se están consumiendo más artículos de lujo que en muchos otros países con mejores condiciones económicas o un mayor Producto Interno Bruto. En este tipo de consumo fácilmente superamos a Brasil y Argentina. Recientemente supimos de la inauguración de un comercio dedicado a la venta de artículos de lujo, por supuesto establecida en esa nueva meca del valle de México, y quizás del país, que se llama Santa Fe y donde orgullosamente, entre los productos que vende, se encuentran el perfume más caro del mundo, cuyo frasco de 100 mililitros cuesta casi 30 mil pesos, y relojes de más de 250 mil pesos, además de otras extravagancias. Creo que toda esta, por momentos asquerosa, demostración de la riqueza de unos cuantos, más que provocar envidia o admiración, produce la irritación de millones de personas que en el mundo sobreviven con un dólar al día. Muchos de ellos compatriotas que ven de lejos las torres de ese injerto llamado Santa Fe, donde pareciera que se vive en otro país y donde, según dicen, lo más molesto es el constante ruido de los helicópteros que suben y bajan de los edificios, tanto de vivienda como empresariales, ya que este es el “mejor medio de transporte” en una ciudad tan contaminada y problemática como el Distrito Federal. Estamos a dos años de la conmemoración de la Independencia y la Revolución y nuevamente vemos que la disparidad entre los que tienen todo, y lo desperdician, y los que no tiene nada es cada día mayor. Quizás ya se está acercando el momento en que se convierta en insoportable. La demostración de la riqueza de unos cuantos en todos los medios de comunicación en comparación con la pobreza de millones es ominosa. De ninguna manera se puede creer que esta situación pueda continuar así, por más enclaustrados, recluidos, vigilados y protegidos que estén en sus torres de marfil. La paciencia tiene un límite marcado por el hambre. Esto no lo debemos olvidar. Analista político y economista
|
|
© Queda expresamente prohibida la republicación o redistribución, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL |