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Reconstrucción
Ramón Cota Meza
El Universal

Martes 13 de noviembre de 2007



La catástrofe de Tabasco pone sobre la mesa las líneas de reconstrucción. Los registros de grandes inundaciones periódicas en la región datan desde la Colonia, pero sus consecuencias devastadoras para grandes masas de población son recientes y cada vez mayores. Los estudios indican que la exposición a estos fenómenos está relacionada con la construcción de grandes obras hidráulicas y la desecación de las tierras bajas para desarrollar la agricultura y la ganadería extensivas.

Este curso inició en la década de 1950 con las obras del río Grijalva y otras que le siguieron bajo el supuesto de que las tierras bajas inundables serían convertidas en emporios agropecuarios más redituables que los del árido norte. El resultado fue que la tierra cultivable se erosionó muy pronto y las obras hidráulicas se vieron una y otra vez rebasadas por las crecientes. El rendimiento agrícola de Tabasco es hoy muy pobre y su exposición a catástrofes no requiere comentarios.

El desarrollo de grandes obras hidráulicas para desarrollar tierras bajas está siendo revertido en muchos países, más ahora por los efectos del cambio climático. Los Países Bajos empezaron esta reversión en 1990; el gobierno de Estados Unidos introdujo una orden ejecutiva en 1977 con el mismo propósito, el cual no ha prosperado por interferencia del régimen de propiedad; los países mediterráneos, Sudáfrica, China, Australia y Bolivia tienen planes avanzados.

El consenso científico es que las tierras bajas húmedas y su exuberante vegetación funcionan como amortiguadores y esponjas naturales de las inundaciones. Su desecación trastorna la ecología y abre la compuerta a catástrofes. La inundación de Nueva Orleáns por el huracán Katrina se explica en gran parte por el efecto de las obras hidráulicas del Mississippi. El gobierno de Estados Unidos se dispone a gastar 40 mil millones de dólares para comprar y rehabilitar las tierras bajas.

Los científicos están escépticos de que esta rehabilitación mitigue las inundaciones, pues la fuente está río arriba, no río abajo. Sostienen que es mejor dejar que el agua siga su curso y controlar la actividad económica río abajo. Por cierto, el desarrollo hidráulico del sureste mexicano está basado en el modelo de la Tennessee Valley Authority, la obra material más grande del Nuevo Trato de Roosevelt. Enormes intereses públicos y privados impiden su transformación.

Una vez que la emergencia de Tabasco sea superada, la cuestión será el modelo de desarrollo para la región. El fortalecimiento de las obras río arriba no impedirá las inundaciones, así que ese curso de acción es antieconómico. Es preferible desalentar la concentración urbana y económica río abajo y fomentar actividades adaptadas a las características hidráulicas y ecológicas de la región de acuerdo con el conocimiento científico y la capacidad tecnológica existentes.

El hábitat de las tierras bajas tropicales inundables es adecuado para una diversidad de actividades de pequeña escala redituables, desde los cultivos nativos hasta la agroindustria, la ganadería intensiva y el turismo ecológico, todo lo cual es afín a la estructura de propiedad de la tierra en la región. Podrían ensayarse fórmulas de producción prehispánicas como el cultivo de maíz “marceño” en islas y chinampas, basado en los ciclos hidráulicos.

La imaginación y el esfuerzo de esta transformación son quizá más grandes que los desplegados por las compañías bananeras y los gobiernos de la Revolución mexicana para convertir a Tabasco en una potencia agropecuaria. Pero no hay opción. La reconstrucción de Tabasco según líneas ecológicas puede servir de modelo para otras regiones expuestas a desastres “naturales”, según lo reclaman muchas partes del país cada vez con más fuerza.

Conforme los desastres ecológicos cobran su cuota, va siendo más claro que las prioridades deben ser reordenadas. Lo primero es la supervivencia de la población y su adaptación económica al ambiente, algo muy distinto a las recetas de los centros de poder global, la inercia política y la sabiduría convencional. ¿Están el gobierno y la sociedad preparados para este gran viraje? Requerimos un esfuerzo superior a citar al poeta tabasqueño Carlos Pellicer en su demérito involuntario.

blascota@prodigy.net.mx

Analista político



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