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El Presidente y la inundación
Sara Sefchovich
El Universal

Lunes 05 de noviembre de 2007



Para Rodrigo Sigal por la idea

El país entero mira conster-nado las imágenes de la tragedia en Tabasco. Y mira emocionado cómo su gobernante supremo se arremanga la camisa y se pone a llenar sacos de arena, acción que habla de su deseo de ayudar.

Unos días después nos anuncian que ese gobernante supremo va a hablarle a la nación. Los ciudadanos esperamos. El momento es grave, la primera reacción de sorpresa ha pasado, ahora deseamos que nos diga qué sigue, cómo se va a encarar la situación.

“Mexicanos y mexicanas” empieza diciendo el jefe del Ejecutivo, el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, el Primer Mandatario de la Nación, quien fija sin dudas la posición del gobierno: no están solos, haremos todo lo que esté en nuestras manos y llegaremos hasta el límite de nuestras fuerzas. Bravo.

Pero luego viene el cómo y allí todo el buen discurso cae por tierra. El Presidente de la República nos pide a los ciudadanos pañales y botellas de agua, nos dice que aportemos dinero. El mensaje termina sin una sola palabra sobre lo que ya se está haciendo y lo que se va a seguir haciendo, nada sobre cómo se va a organizar, dirigir y coordinar el esfuerzo, nada de “he instruido al secretario tal para hacer tal, al secretario cual para hacer cual”, nada de que estamos en sesión permanente resolviendo, de que se han mandado tantos millones de vacunas, de que se está trabajando para restaurar los servicios básicos, para evitar epidemias y pillajes, nada de que “nos hemos reunido con los empresarios para que regalen productos”, ni una palabra para garantizar que los dineros, los pañales y las botellas de agua llegarán a su destino. Nada pues, para que los mexicanos sepamos que el gobierno federal está haciendo su trabajo y que el Presidente lo está coordinando.

Lo que vimos fue a un ciudadano común que conmovido les pide a los vecinos una bolsa de arroz, una cobija o un donativo, eso que cualquiera puede hacer y de hecho muchos están haciendo. No vimos a un gobernante organizando y supervisando una gran cruzada nacional para atender la emergencia.

El presidente Calderón perdió la oportunidad de mostrarse como estadista, capaz de tomar las riendas del asunto y de hacer lo realmente importante, lo que ninguno de nosotros puede hacer pero él sí.

La seguridad nacional, dice José Luis Piñeyro, tiene que ver no sólo con amenazas externas o internas sino también con el manejo que se le dé a las coyunturas críticas. Es obvio que estamos frente a una de esas situaciones que puede volverse mucho más grave y poner en riesgo la estabilidad y la gobernabilidad no sólo de Tabasco sino de todo el país.

Pero de eso no parecen percatarse nuestros funcionarios. El gobernador Andrés Granier se pone también a llenar sacos de arena y le echa la bolita a la Federación: es que no tenemos recursos, es que no nos ayudan suficiente. Y el Presidente de la República le pasa la encomienda a los ciudadanos: manden medicinas, llamen al DIF.

Tiene razón Virginia García: “Los desastres son detonadores de una situación social, económica y política crítica previamente existente”, lo que dicho de otro modo, significa que los fenómenos naturales no son la causa de los problemas sino que simplemente los potencian. Carlos Martínez Assad lo ha reiterado: años y años de deforestación, de gobiernos que cierran los ojos ante los intereses privados, que no hacen la obra pública necesaria o la hacen de manera equivocada, años y años de no atender las miles de demandas contra Pemex por la manera en que afecta, contamina, saca provecho y no devuelve, años de hacerse ciegos ante los riesgos. ¡En su plan de trabajo Granier no dice pío sobre los riesgos del agua ni sobre bordos y drenes, pero ofrece construir un nuevo centro de convenciones porque el que existe ya es insuficiente!

Quienes nos han estudiado y nos conocen bien, desde Alain Touraine hasta Samuel Huntington insisten en que “el problema de México es su liderazgo político”. El liderazgo es “una posición de poder que influye en forma determinante en las decisiones de carácter estratégico, que se ejerce activamente y que encuentra una legitimación en su correspondencia con las expectativas del grupo”, afirma Oratio Petracca y por ello debe ser “una acción efectiva y no un mero prestigio”, dice K. Lang.

Es evidente que nosotros no tenemos liderazgo. Tenemos algunas personas que ocupan el poder y que nos dicen que están haciendo lo que tienen que hacer, pero nosotros no lo vemos. No bastan las buenas intenciones, ni siquiera la hiperactividad, lo que nos hace falta es que se tomen las decisiones correctas y a tiempo.

sarasef@prodigy.net.mx

Escritora e investigadora en la UNAM



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