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El colapso de Ahmadinejad
Mehdi Khalaji
El Universal

Lunes 22 de octubre de 2007



El presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, pue-de estar ganando respaldo en todo el mundo musulmán por su ferviente crítica de Estados Unidos, pero dentro de Irán, está perdiendo fuerza. Sus rivales políticos están ganando nuevas posiciones de poder, y la población está cada vez más disconforme con la continua caída de la economía.

Desde el principio, la República Islámica ha tenido una presidencia débil; la máxima autoridad está en manos del líder supremo, primero el ayatollah Khomeini y ahora el ayatollah Khamenei. El primer presidente, Abolhassan Bani Sadr, fue desplazado del cargo un año después de su elección. Desde entonces, el régimen ha sido intolerante con un presidente fuerte, y ha demostrado en repetidas ocasiones que el cargo está subordinado al líder supremo.

La elección de Ahmadinejad hace dos años se produjo con grandes expectativas: el nuevo presidente prometía “llevar los precios del petróleo a la mesa de todos los hogares de Irán” y combatir la corrupción. Sin embargo, muchos de sus primeros nombramientos fueron retribuciones a sus partidarios y camaradas del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y la milicia Basij, grupos armados que movilizaron a los votantes en su nombre durante la campaña. El Ministerio del Petróleo le otorgó un contrato sin licitación por mil 300 millones de dólares a una compañía ligada con la Guardia Revolucionaria, y Ahmadinejad nombró a su cuñado como secretario de gabinete.

Medidas como éstas pueden haber sido ignoradas en tiempos económicos prósperos. Pero el presupuesto iraní ahora tiene un déficit del 15% del PIB y las reservas extranjeras se están achicando, a pesar del boom petrolero. En lugar de distribuir las ganancias del petróleo a través de un programa de préstamos de bajo costo, como había prometido, el gobierno se vio obligado a racionar el combustible, ya que la promesa económica cedió lugar a la crisis.

Las tensiones también aumentaron desde que Ahmadinejad cumplió con su promesa de campaña de reforzar las restricciones islámicas en la vida social. Durante dos años, la policía libró una intensa campaña contra las mujeres y los jóvenes. El verano pasado, más de 150 mil mujeres fueron arrestadas en Teherán por usar “velos malos” y las barberías recibieron instrucciones específicas sobre los peinados aceptables para los hombres jóvenes. Las manifestaciones de conductores de ómnibus, maestros de escuela, activistas por los derechos de las mujeres y estudiantes han sido brutalmente reprimidas.

Pero ahora los opositores de Ahmadinejad se están movilizando para reafirmar las limitaciones de larga data de la presidencia. Su principal rival, Akbar Hashemi Rafsanjani, un ex presidente a quien Amhadinejad derrotó para ocupar el cargo, ha experimentado un cambio de suerte considerable al resurgir como líder de la Academia de Expertos, el cuerpo poderoso que elige al líder supremo de Irán y puede sacar a un líder supremo del cargo.

Es más, los conservadores que se habían alineado con Ahmadinejad ahora están criticándolo abiertamente. Hasta el ayatollah Khamenei, que como líder supremo también es comandante en jefe de las fuerzas armadas, ha tomado medidas para demostrar su autoridad, despidiendo recientemente a los líderes de la Guardia Revolucionaria y de la milicia Basij.

Entre los analistas de Irán, se cree que estas medidas estaban destinadas a revitalizar al ejército, particularmente frente a la posibilidad de un conflicto con Estados Unidos. Pero los expertos también sostienen que los ex comandantes son allegados a Ahmadinejad y habían hecho un gran esfuerzo en los últimos dos años para ayudarlo a implementar su agenda.

Mientras Ahmadinejad continúa con sus ataques verbales a Estados Unidos, no controla el aparato que implementa las políticas y que decidirá sobre el programa nuclear de Irán y sus relaciones con la comunidad internacional. La amenaza de sanciones sigue fuerte, y la comunidad empresaria iraní —para no mencionar a la población— ha sentido el aguijón del aislamiento.

Así, mientras las disputas con Occidente pasan a la cabeza, es importante reconocer los cambios de poder en marcha dentro del opaco sistema político de Irán. Ahmadinejad puede hacer declaraciones cada vez más desafiantes, pero no tiene autoridad para llevarlas a la acción. De hecho, sólo una confrontación militar con Estados Unidos puede volver a colocarlo en el centro de la toma de decisiones. Los estrategas norteamericanos deberían tener esto en mente.

Project Syndicate, 2007

Teólogo chiíta; miembro visitante del Instituto Washington para la Política del Cercano Oriente



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