Formato de impresión patrocinado por


En las playas del asfalto
EDITORIAL DE EL UNIVERSAL
El Universal

Sábado 07 de abril de 2007



Cuando se anunció el proyecto de playas artificiales en el Distrito Federal, para la temporada de Semana Santa y verano, no pocas cejas se levantaron. "Ay sí, como en París, ¿no?", se llegó a decir con sorna. Y si bien los cuatro balnearios improvisados han sufrido problemas de operación, el hecho es que muchos niños capitalinos han sonreído gracias a ellas, y eso es digno de ser considerado.

Con capacidad conjunta para 3 mil visitantes al día, las playas citadinas han convocado a un número de personas mayor que ése, que se forman desde las seis de la mañana para entrar un lapso de dos horas a disfrutar de la ilusión de estar junto al mar. Medido en función de aforo, el programa funciona.

Esto no excluye de responsabilidad a las autoridades de sus problemas operativos, que hablan de un amplio grado de improvisación en la medida. Se invirtieron 2 millones de pesos en traer arena de cuatro bancos naturales ubicados en Veracruz y colocarla de manera artificial en balnearios de la ciudad -es de suponerse que con permiso de las autoridades ambientales de los tres niveles de gobierno-, pero al parecer no se pensó en consecuencias como las que generarían el agua estancada, la higiene desigual de los usuarios, las condiciones climatológicas de estos días (algunas veces con lluvia) y la resistencia de las albercas portátiles expuestas a un uso extremo.

En tales condiciones, los riesgos para la salud son evidentes y deben ser conjurados por el gobierno capitalino, para que una iniciativa de buena fe no afecte la integridad física de los asistentes. Ayer legisladores locales del Partido Acción Nacional tomaron muestras del agua de una de las playas para ser analizadas, lo que parece correcto, aunque para efectos reales el hecho pareció más una acción partidista de oposición y no necesariamente un acto de prevención de enfermedades.

Podrá debatirse la conveniencia o no de subsidiar actividades recreativas con recursos del erario capitalino, y si sus motivaciones son más bien populistas y de impacto mediático. Sin embargo, en los hechos, el fenómeno social despertado por la instalación de las playas no puede ser ignorado.

Demuestra, entre otras cosas, la urgencia de diversificar la oferta turística en la capital de la República, porque hay una necesidad real de esparcimiento entre un amplio segmento poblacional medio y medio bajo, que tiene tanto derecho a la recreación como el resto de los habitantes del DF y que los prestadores de servicios turísticos no están atendiendo.

La existencia de un mercado objetivo de gente impedida para realizar viajes, aunque sean cortos, obliga a revisar nuestros modelos de desarrollo turístico y económico, que resultan excluyentes. Hasta donde se sabe, en la presente temporada vacacional la afluencia a destinos de playa y a balnearios aledaños al DF no se han visto alteradas por la iniciativa capitalina, lo que muestra que quienes se han ido a formar a las playas artificiales de todos modos no iban a ir a ningún otro lado.

Busquemos como sociedad trabajar por la satisfacción de las necesidades de los capitalinos, pero, mejor aún, por mantener siempre en la cara de nuestros niños su sonrisa.



© Queda expresamente prohibida la republicación o redistribución, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL