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De Cáncer a Capricornio
Pablo Marentes
El Universal

Martes 06 de marzo de 2007



El viaje del presidente Bush por Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y la apresurada final visita a México tiene como propósito bajar la frontera política, económica e ideológica del Trópico de Cáncer al Trópico de Capricornio.

Bush se propone consolidar una alianza comercial y financiera con mortero mezclado con elementos diplomáticos, militares y precipitantes místicos y religiosos para asegurar que de la trastienda del sur fluyan hacia su país bienes y servicios estratégicos y una selecta fuerza de trabajo. Así, las amenazas de Al-Queda quedarán reducidas a simples enunciados. El dique de la advertencia Monroe se reforzaría hasta convertirse en una infrangible muralla de intereses comerciales, financieros, energéticos, religiosos, la cual se encargarán de cimentar las nuevas generaciones de junkers latinoamericanos.

Ellos operarán las telecomunicaciones para garantizar la instantánea entrega de imágenes convenientes y una vasta trama web que permita situar en segundos, en cualquier parte del enorme territorio, giros millonarios que aseguren el reabastecimiento de alimentos, de energéticos minerales, el desplazamiento de comandos de aire, mar y tierra, y el correspondiente despliegue de armamento teledirigido de apoyo y el movimiento de tropas con armas de hombro y cintura sobre caballería motorizada.

Bush visitará unos cuantos países iberoamericanos a los cuales durante seis años miró desde lejos y con desdén. Llegará movido por los peligros que se vienen generando en el extendido Oriente Medio, en las fronteras entre Asia y Europa y en la inestable península de Corea.

Todavía no hay denominación pulida para designar a la organización unipolar económica, comercial y militar que emerge de la preeminencia estadounidense actuada por Bush. Pero los síntomas del complicado alumbramiento se hacen evidentes. Los atestiguan quienes asisten al parto: los gobernantes de la Unión Europea, sus afiliados no cabalmente europeos que desean formar parte de la alianza atlántica, y los seguidores meso, centro y sudamericanos de las políticas económicas y militares que implantaron Wilson, Truman, Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Reagan, y Bush hijo a partir de la demolición de las Torres Gemelas.

La visita concluirá en Guatemala, único miembro iberoamericano de la alianza en contra de Irak. De paso hacia su país, Bush se reunirá con el presidente Calderón en Yucatán, escenario de la enconada contienda entre el predominante PAN del sureste y los rescoldos priístas.

Iberoamérica, desde Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México, presencia la definición de la primera política continental producto del fenómeno unipolar. Su implantación demanda la incondicional aceptación de los países vistos como partes eficientes. Chile ya tomó el camino. Argentina está asida a las amarras del Banco Mundial. Bolivia acepta los consejos de Lula, Tabaré y Uribe, cuyas fórmulas políticas y económicas cuentan con el beneplácito de Bush. A México, a partir de Fox, ya no se le solicita su aquiescencia. Sencillamente se le indica qué hacer y qué aceptar. Se perdieron los factores inhibidores de la arrogancia estadounidense que desde los años 30 formaron parte de la política exterior mexicana.

Es necesario analizar la gira de Bush con nuevos microscopios. La innecesaria estridencia de Chávez deteriora cada vez más el papel de Venezuela en el equilibrio continental. La incierta situación de Cuba propiciará que la nueva formula imperial exija a México un papel de comparsa en sus designios. Y ese papel no aliviará los padecimientos que 90% de los mexicanos sufre como resultado de la globalización mexicana con un solo país.

Profesor de la FCPyS de la UNAM



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