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| El círculo de estudio |
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Roger Díaz de Cossío
El Universal Jueves 22 de febrero de 2007 |
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En mi anterior artículo escribí sobre una universidad ideal en la cual me hubiera gustado estudiar. Y el esquema que propuse fue el de un primer año general, durante el cual se aprendiera de todo a través de un círculo de estudio formado por 10 o 12 estudiantes. Hoy escribiré sobre los círculos de estudio y su aplicación en la educación. La idea de aprender con grupos de pares no es nueva, viene del medioevo. En épocas más recientes ha sido expuesta por Célestin Freinet, entre otros. Russell Ackoff la aplicó a estudiantes de posgrado en la Universidad de Pensilvania y la justificó simplemente diciendo que en un curso cualquiera el que más aprende es el profesor que explica, no los alumnos que oyen y toman notas. Formaba grupos de cinco estudiantes y a cada uno le indicaba que diera clases a los demás sobre un tópico específico. La idea de aprender en círculos de estudio se perdió a medida que se desarrollaban sistemas educativos que siguen modelos industriales jerárquicos: alumnos/profesores/grupos/escuelas/directores/inspectores. La educación se volvió masiva y nunca se pensó que podría organizarse en círculos de estudio. Los profesores adquirieron importancia como fuentes orales de saber y los alumnos la perdieron, se piensa que no saben nada. Creo que el esquema es digno de volverse a implantar en bachilleratos y universidades. Habrá que reflexionar y decidir cómo, de qué manera y en qué condiciones. Una diferencia, fundamental, es que en un esquema presencial con profesor al frente, el alumno no es responsable de su aprendizaje, debe seguir respetuosamente al profesor. En un círculo de estudio, por el contrario, todos los alumnos deber ser igualmente responsables ante sus compañeros, explicando, escribiendo y criticando los temas por aprender. Entonces, una primera pregunta es ¿cómo logramos que los alumnos sean responsables? Todos tenemos la experiencia de haber formado equipos de trabajo y siempre hay alguno que trabaja menos que los demás. Una respuesta posible a este problema, sobre todo en los primeros intentos, es indicar a cada alumno que de él mismo dependerá su aprendizaje y el de sus compañeros. Y además que el alumno sepa, como parte de las normas, que si no cumple con sus labores, sus compañeros lo pueden expulsar del grupo, lo que equivale a que pierda todas las materias que se están exponiendo. ¿Quién fija los temas? Pues los profesores, en grupo colegiado. Son los mismos alumnos los que tienen que especificar las lecturas, los libros y folletos, las búsquedas en internet que tendrán que discutir, resumir y explicar al grupo. Y su calificación sería el promedio de las calificaciones que le pusieran sus compañeros, al final del curso. Los círculos de estudio se pueden usar para aprender un tema o para varios a la vez, como las asignaturas que deben cursar simultáneamente en cualquier programa presencial. El método y el principio pedagógico es el mismo: cada alumno tiene a su cargo una parte o una asignatura, que debe explicar a los demás cada día y hacer resúmenes y notas que tiene que repartir entre sus compañeros. Aquí los profesores cambian de papel. De ser expositores, se convierten en tutores de tiempo completo para resolver las dudas de los alumnos, trabajan en sus oficinas. Deben supervisar el funcionamiento de los círculos. Estoy pensando que un grupo de profesores puede atender a más de un círculo, quizá hasta 10 al mismo tiempo. Si quisiera organizar un bachillerato o un grado de licenciatura por círculos de estudio, el número de alumnos en un círculo sería igual al número de asignaturas simultáneas que deban cursar en un programa de tiempo completo. En otras palabras, entre cinco y siete alumnos por círculo. Y acabamos de descubrir otra característica de los círculos de estudio: sirven sólo para estudiantes de tiempo completo, que puedan dedicar 10 o 12 horas diarias al estudio. De éstas, los alumnos se deben reunir algo así como cuatro horas diarias. Los círculos de estudio no son la solución universal a los problemas de la educación, pero son un paradigma completamente diferente a los actuales cursos presenciales y vale la pena tenerlos como alternativa. Ofrecen un esquema totalmente enfocado hacia el aprendizaje y no la enseñanza. rogerdc@prodigy.com.mx Presidente de la Fundación Solidaridad Mexicano-Americana
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