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La universidad que quisiera
Roger Díaz de Cossío
El Universal

Jueves 08 de febrero de 2007



Los jóvenes ingresan normalmente a la universidad entre los 17 y los 18 años. A esa edad nadie sabe lo que le gustaría estudiar y menos lo que quiere hacer de su vida. Hay unos cuantos casos excepcionales, como el de mi amigo Eduardo Mata, que quería estudiar música desde que estaba en secundaria, pero esto no es usual. En nuestro medio, tenemos que decidir de antemano una carrera específica (las universidades están organizadas por carreras).

Y lo decidimos con muy pocas bases, llenos de ignorancia. Seguimos los consejos de amigos, padres o tíos. Las acciones de orientación vocacional, como se dice con pompa, son escasas e ineficaces. Esta es una de las causas principales de la poca eficiencia de nuestras universidades. En promedio, la mitad de los que entran no terminan, aunque hay carreras, como la de matemático, en las cuales termina uno de cada 10 estudiantes.

La universidad que yo quisiera sería una que no me exigiera de antemano saber qué quiero estudiar. Que dedicara el primer año a enseñarme sobre todos los campos y a dotarme de las competencias fundamentales, leer, escribir, rudimentos de matemáticas e informática con un gran nivel de capacidad y práctica. Me imagino llegando a esa universidad ideal. Primero me dotarían de una computadora portátil conectada a internet.

Después me darían acceso a enormes bibliotecas y me asignarían un círculo de estudio compuesto por 12 compañeros y compañeras, también de primer ingreso. Con ellos haría todo el primer año.

Entre mis obligaciones estarían: leer o estudiar cada semana un libro de un campo distinto, hacer un resumen coherente del libro por escrito y explicárselo a mis 11 compañeros, que me podrían criticar según les pareciera. Para hacer el resumen, tendría que buscar material de apoyo en internet. Tendría también que tomar nota y opinar sobre los resúmenes de mis demás compañeros. Todos sobre campos diferentes. A lo largo del año se estudiarían los aspectos fundamentales de las humanidades, las ciencias, las artes y la tecnología. Para temas más abstrusos, como los de matemáticas, se manejarían folletos con los distintos capítulos hasta llegar a cubrir nociones de álgebra, probabilidades y cálculo elemental.

Con esto, los miembros del círculo serían profesores de matemáticas y también profesores de los demás campos del saber. Durante el año sería obligatorio asistir a conferencias de reconocidos profesionales sobre su saber: abogados, ingenieros, científicos, artistas, sociólogos, antropólogos, politólogos. Por lo menos una conferencia cada dos semanas.

El círculo podría reunirse no más de cuatro horas diarias, con un intermedio. Cada alumno podría hablar unos 20 minutos. El resto del día estarían estudiando, leyendo y escribiendo, por lo menos otras seis horas. Los fines de semana se ofrecerían intensos programas deportivos y culturales. Sería obligatorio para cada alumno practicar algún deporte. Reflexiónese sobre las competencias o capacidades que se obtienen de esta manera: gran habilidad de comunicarse oralmente y por escrito, nociones de matemáticas básicas, una amplia cultura para ver el mundo.

El esquema del círculo está basado en dos principios pedagógicos básicos: aprende más el que enseña que el que oye y se aprende más de los condiscípulos que de un profesor tradicional. El papel de los profesores o académicos es aquí muy importante pero diferente. Serían tutores y consejeros de los alumnos. Seleccionarían los materiales por estudiar en todos los campos y supervisarían de lejos algunos escritos. Al final del año los alumnos poseerían en alto grado las competencias fundamentales y escogerían con conocimiento de causa lo que quieren estudiar. Elegirían una carrera completa. Pero esta universidad ideal sería flexible: permitiría a sus estudiantes tomar materias de varios campos diferentes y decidir cómo se llamaría la licenciatura al final, no al principio. Las diferentes profesiones fijarían los porcentajes de materias que exigirían para cada una.

Esta universidad se ajustaría más al ideal de Bolonia que se está persiguiendo en Europa, carreras más cortas, sistemas de créditos y reconocimiento mutuos. Debemos cambiar con velocidad, sabemos lo que hay que cambiar, pero los obstáculos son fuertes, porque son culturales e históricos. Cambiar el rol del profesor, hacer al alumno más responsable de sus actos, quitar rigidez y autoritarismo.

rogerdc@prodigy.net.mx

Presidente de la Fundación Solidaridad Mexicano-Americana



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