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¿Qué sigue después de un buen arranque?
Demetrio Sodi de la Tijera
El Universal

Viernes 26 de enero de 2007



A pesar del temor que existía, el arranque de Felipe Calderón como presidente de la República ha sido bueno. Probablemente, el mayor logro de estos primeros dos meses es haber recuperado la confianza de la población en el futuro del país y sus instituciones.

Felipe Calderón se ha ido consolidando y ha dejado atrás el temor que existía sobre su capacidad para gobernar después de los choques postelectorales del año pasado. El reto ahora es ver si tiene la capacidad para lograr los acuerdos que necesita el país para consolidar nuestra democracia e impulsar un crecimiento económico que permita mejorar las condiciones de vida de la gente.

Hay dos arranques sexenales que tienen algo de parecido al actual, el de Carlos Salinas, que inició en medio de un severo cuestionamiento sobre el resultado electoral, y el de Vicente Fox, que a pesar de contar con gran legitimidad enfrentó, desde el principio, un conflicto con el Poder Legislativo y los partidos de oposición que duró todo el sexenio e impidió avanzar en las reformas que le urgen al país.

Salinas se legitimó con ciertos golpes espectaculares (el quinazo y el jonguitudazo), y mediante acuerdos con el PAN y el sector privado para impulsar reformas a la Constitución en materia educativa, religiosa, agraria y financiera. Salinas tenía algo con lo que no cuenta Felipe Calderón: mayoría en el Congreso, control del Poder Judicial, control de los gobernadores y presidentes municipales, apoyo incondicional de su partido y de las organizaciones sociales priístas, y control de la mayoría de los medios de comunicación. Por eso pudo legitimarse y gobernar, porque más allá de los golpes espectaculares, contó con el control de todo el sistema político.

Vicente Fox llegó a la Presidencia con una legitimidad sin precedente, pero se equivocó y quiso gobernar y consolidarse solo. No entendió el nuevo poder que tenía el Congreso y que el éxito de su gobierno dependía de una gran negociación y acuerdo con los partidos políticos de oposición, sobre todo con el PRI.

Nunca tuvo la voluntad real de dialogar y gobernar con el Congreso y los gobernadores, y creyó que legitimándose ante la opinión pública, a través de un exagerado gasto en medios, podía hacer un gobierno exitoso. Logró, durante la mayor parte del sexenio, una gran popularidad que no le sirvió de nada para impulsar en el Congreso los cambios y los acuerdos que requería el país.

Finalmente, el sexenio de Fox, sin ser malo fue fallido para avanzar en los grandes cambios políticos y económicos nacionales.

Felipe Calderón ha arrancado bien, pero desde mi punto de vista, está demasiado preocupado por legitimarse y consolidarse, en lugar de buscar los acuerdos que le permitan lograr los cambios que le urgen al país. Las acciones que ha llevado a cabo contra los narcotraficantes y los programas sociales son positivas, pero no son resultado de un acuerdo con el Congreso y las fuerzas políticas. Puede caer en el mismo error de Fox de querer gobernar solo en lugar de entender que su éxito depende de un acuerdo con todas las fuerzas políticas, especialmente con el PRI.

Si no logra, en los próximos meses, un acuerdo para una agenda legislativa nacional que garantice las reformas políticas y económicas que se requieren, el riesgo de otro sexenio mediocre es muy alto. El Congreso puede convertirse nuevamente en un obstáculo insalvable durante todo el sexenio.

Felipe Calderón y su gabinete deben decidir entre trabajar solos, o con el Congreso, los partidos y los gobernadores. Deben poner todo su esfuerzo en lograr, en los próximos meses, un gran "acuerdo para el desarrollo nacional". Un acuerdo que legitime y consolide a todos: Congreso, gobernadores, partidos, y no sólo al Presidente y su gabinete.

demetriosodi@hotmail.com

Analista político



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