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´Babel´ en la izquierda
Ricardo Pascoe Pierce
El Universal

Miércoles 17 de enero de 2007



La película ´Babel´, dirigida por el cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu, ganó un extraordinario reconocimiento: mejor película del año según los Golden Globe . Es una película de este mundo, y de nuestra época: va de Marruecos a Japón, pasando por México y Estados Unidos. Al igual que el discurso del papa Benedicto XVI en el Día Internacional del Migrante, la película versa sobre la migración, los prejuicios y la violencia en el mundo contemporáneo. La torre de Babel, debemos recordarlo, es un símbolo de la coexistencia, y entremezcla, de idiomas y culturas, la mayoría de las veces incomprensibles entre ellas, tal y como se explica en el Génesis.

Su visión compleja de la realidad es, al mismo tiempo, dolorosamente directa. En eso estriba, quizá, una de sus mayores virtudes. En una entrevista en CNN en español, con Carmen Aristegui, González Iñárritu señaló que, a pesar de su inicial simpatía con López Obrador, observa que éste "perdió una oportunidad histórica" para consolidar un proyecto de izquierda en México. Y le otorgó al presidente Calderón el beneficio de la duda para demostrar que podrá tener éxito en la lucha contra la pobreza.

La pérdida de una oportunidad histórica debiera ser tema central en el debate de la izquierda mexicana, en vez de la absurda pretensión de tratar de convencer a la población de que el PRD realmente ganó la contienda. Es decir, obviar y negar la realidad. El recurso de discurrir con lenguajes que no encuentran sintonía necesariamente con la población en general, y que no corresponden al ánimo de una sociedad, hace que el contacto y la veracidad de los dichos no correspondan a la cultura actual: como si estuviéramos viviendo dentro de la torre de Babel.

Las palabras pierden su utilidad para "definir" y sirven exclusivamente para generar emociones, y no ideas. Cuando los presidentes de Venezuela y Ecuador hablan de socialismo, y los de Bolivia y Nicaragua firman el ALBA (¿?), la confusión es mayúscula. Pero cuando los cuatro abrazan al presidente Ahmadineyad de Irán, entonces nada resulta comprensible. En un afán legítimo, los cuatro presidentes latinoamericanos exigen la salida de las tropas estadounidenses y británicas de Irak, a pesar de que en la reunión de los No-Alineados, efectuada en La Habana en septiembre pasado, Irak e Irán pidieron eliminar, de la declaratoria final, la exigencia de la salida de las tropas estadounidenses. ¿La razón? Porque el derrocamiento estadounidense de Hussein les convino a los chiítas que gobernaban desde entonces en Irán, y ahora en Irak. La presencia de EU en Irak fortaleció a Irán, al fortalecer a la secta chiíta. Ironías de la política.

¿Qué hilo conductor existe en esta torre de Babel, entre Irán, Irak, los países firmantes del ALBA y la izquierda mexicana? Que, a pesar de sus diferencias de cultura, idioma y origen, todos se topan con límites políticos cuando a la democracia se refiere. Parto de la izquierda mexicana que, para evadir sus responsabilidades diversas para explicar, entender y superar la derrota electoral, culpa a todos, menos a ella misma. Chávez, por su parte, pretende construir un partido único en Venezuela y, para ello, recurre a la creación de un capitalismo monopólico de Estado. Es decir, exactamente lo que fue el PRI de los años 60 a los 80. El único error típico es el querer perpetuarse en el poder a través de la "reelección indefinida". Veremos de qué impulsos está hecho Daniel Ortega en Nicaragua, después de un tiempo en el poder. Creo que el gobernante distinto a todos ellos es Evo Morales de Bolivia.

Irán e Irak son países donde la democracia es, esencialmente, inexistente, por su estructura jurídica, el control sobre los medios y el ejercicio monopólico sobre la economía por parte del Estado. No es un problema de su religión. Es uno relacionado con su concepción del mundo, y esa concepción coincide con la del PRD, en México, Chávez en Venezuela y Ortega en Nicaragua. El pensamiento tradicional e intolerante siempre se enfrenta al pensamiento modernista y abierto a las novedades.

El problema con las izquierdas aquí mencionadas es que tienen un conflicto con la democracia. No les gusta, por incómoda y exigente. Es demasiado pública. La gente se entera de todo (a saber, la opacidad en la gestión del PRD del 2000-2006 en la ciudad de México) y eso, al parecer, no conviene a los intereses particulares de los dirigentes. Su gran tarea es reconciliarse con la democracia, no con el neoliberalismo. Pueden suponer que tienen una propuesta distinta (¿?) en lo económico. Pero, en realidad, su dilema se sitúa mucho más en lo político. De ahí que la izquierda se encuentra perdida en su torre de Babel.

ricardopascoe@hotmail.com

Analista político



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