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Vuelve la cordura
Francisco Rojas
El Universal

Martes 16 de enero de 2007



El tiradero que dejó el ex presidente Fox en materia de política exterior empieza a ser corregido. Una de las prendas del servicio exterior mexicano fue el apego a principios que nos alejaban de la coyuntura y del peligro de hacerle el trabajo sucio a alguna de las potencias que disputaban la hegemonía en el mundo. Éramos amigos de todos y acatábamos puntualmente el mandato constitucional que establece los principios normativos de la diplomacia mexicana: la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de controversias, la proscripción de la amenaza o del uso de la fuerza en las relaciones internacionales, la igualdad jurídica de los estados, la cooperación internacional para el desarrollo, y la lucha por la paz y la seguridad internacionales.

Nunca habíamos vivido incidentes tan bochornosos como el del "comes y te vas", propio de un ranchero metido a presidente y de un canciller improvisado y caprichudo. La respetabilidad de México en el continente americano y su prestigio se debían, en buena parte, a su impecable política exterior, al cuidado con el que se manejaba; basta recordar que el nuestro fue el único país que mantuvo relaciones diplomáticas con Cuba cuando todos los estados, en cumplimiento de los deseos estadounidenses, cancelaron su intercambio con la patria de José Martí, lo que no implicó ningún enfrentamiento con el vecino del norte; pero teníamos cancilleres de la talla de un Manuel Tello.

La presencia de Felipe Calderón en Managua, en la toma de posesión de Daniel Ortega, envía señales de acercamiento con los países de América Central y de Sudamérica. El nuevo mandatario mexicano se educó en la disciplina y el pensamiento de uno de los fundadores del PAN. No creció entre las vacas y las botas, sino con valores que lo insertaron en la vida pública con seriedad y convicciones sólidas. El titular del Ejecutivo fue uno de los 15 jefes de Estado que asistieron al inicio del gobierno del dirigente sandinista y todo hace suponer que recuperaremos los estrechos vínculos que siempre nos unieron a nuestra esencia latinoamericana. Es gratificante observar clara voluntad política para acercarnos a Centroamérica y Sudamérica. Por otro lado, se siente la presencia en la Cancillería de una secretaria con larga carrera en el Servicio Exterior Mexicano, sin improvisaciones ni veleidades como las que se vivieron en los últimos seis años.

Voltear los ojos hacia Latinoamérica y a la Unión Europea no significa descuidar nuestra relación con Estados Unidos; por andar haciendo el trabajo sucio, hasta un muro, más ignominioso que el de Berlín, nos quieren levantar. Ahí sí quedamos mal con Dios y con el diablo. El gabinetazo falló lamentablemente; era de esperarse porque en cada secretaría tocaban en partitura distinta, sin director de orquesta, sin quien estableciera políticas públicas ni coordinara los trabajos en la administración y en la relación con los poderes formales y fácticos. Nuestra relación con Cuba, Venezuela, Argentina y Bolivia está muy lastimada.

Es menester que pronto se resuelvan las diferencias suscitadas en el pasado y que demos paso a un sano y positivo entendimiento con todos los países del continente. La próxima gira del presidente Calderón por algunos países de la UE ensanchará caminos de cooperación con esa importante región. En el sexenio pasado había temor cuando el Presidente salía; no se sabía qué dislates iba a cometer; recordemos que el Congreso le negó en dos ocasiones el permiso para ausentarse del país, lo que significó algo insólito en el trato entre el Legislativo y el Ejecutivo.

Los principios que orientaron nuestra política exterior son producto de la experiencia del gobierno revolucionario; algunos de ellos se adoptaron desde el gobierno de Benito Juárez y otros durante la gestión de Venustiano Carranza, por lo que son una consecuencia del devenir interno en México y de su actuación internacional; representan las tesis reiteradamente expuestas y defendidas por México en todos los foros internacionales y constituyen una clara síntesis de la historia de nuestra política exterior; cuando renunciamos a las tesis que nos han dado congruencia en nuestro trato con las demás naciones y los cambiamos por "la enchilada completa", caímos en el desprestigio y la confrontación.

En los primeros 45 días de su gobierno el mandatario mexicano envía señales de sensatez, responsabilidad y sensibilidad política; por ahí debemos seguir y olvidar las vergonzosas páginas de los últimos seis años.

Analista político



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