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| Cien años |
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Macario Schettino
El Universal Martes 09 de enero de 2007 |
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Este domingo se cumplieron 100 años de la matanza ocurrida en Río Blanco, Veracruz, en 1907. Junto a la huelga de Cananea, que cumplió su centenario el año pasado, la de Río Blanco se utiliza como prolegómeno de la Revolución. En el cuento que nos cuentan de niños, estos dos movimientos obreros resultan evidencia contundente de la maldad de Porfirio Díaz y su régimen, y por consecuencia son causa de un movimiento nacional, bueno por naturaleza, que llamamos Revolución Mexicana. No es así. A lo mejor porque la comisión de las fiestas centenarias quedó acéfala hace unos meses, parece que pocos recordaron este aniversario. Algo similar pasó con Cananea, por cierto. La buena noticia es que de aquí a fines de 2010 prácticamente no hay nada que recordar, a menos que se quiera uno poner muy creativo. Si acaso la entrevista de Díaz al periodista Creelman, a mediados de 2008, o la publicación del libro de Madero, que podemos celebrar en enero de 2009, o la fundación de alguno de los centros antirreeleccionistas, también en ese año. Pero la verdad es que no hay nada que recordar porque no pasó nada significativo en México desde el 7 de enero de 1907 hasta 1910. Y esa es una de las razones por las cuales no es correcta la interpretación que hace de Cananea y Río Blanco como pasos en dirección a la Revolución. Ambos centros de trabajo habían cambiado mucho para 1910, de manera que quienes ahí trabajaban no participaron en la revolución convocada por Madero. Más aún, la muerte de los hermanos Serdán, en Puebla, el 19 de noviembre de 1910, se puede achacar también en parte a los trabajadores de Río Blanco y Orizaba, que se suponía irían a apoyar a los Serdán en la rebelión, y nunca llegaron. Nunca. Es decir que no sólo no hay conexión entre las huelgas de 1906 y 1907 con el levantamiento de 1910, puesto que no hay ningún otro evento entre ellos que los una, además no hubo posteriormente intervención de obreros en la Revolución, sino hasta la última etapa, cuando ya Madero llevaba varios años muerto. Fue hasta 1915 cuando los obreros por fin ´entran a la bola´, y lo hacen para enfrentar a Villa y Zapata, los líderes que, en nuestros cuentos, son precisamente los más cercanos a las clases populares. Lo que ocurrió en Río Blanco después de la matanza de 1907 fue un proceso de victorias laborales muy importante. Quien mejor ha estudiado este proceso es Aurora Gómez Galvarriato, que ha publicado varios artículos al respecto, en revistas especializadas y libros colectivos. En breve resumen, lo que pasa después del conflicto es que los obreros van ganando, poco a poco, mejores condiciones laborales y mejores salarios. Y es por eso que no tienen mucho interés por levantarse en armas. Se va reduciendo la jornada laboral, que para 1915 es ya de ocho horas se incrementan los salarios incluso antes de 1910, pero sobre todo hacia 1912, y es precisamente la Revolución la que los derrumba en términos reales, gracias a la inflación de 1915 y 1916, producto no tanto de las batallas, sino de las prensas: Carranza era un fanático impresor de billetes. Entre 1907 y 1917 son tantas las victorias laborales en Veracruz, que Jeff Bortz, otro historiador, sostiene que el artículo 123 constitucional sólo pone, para todo el país, lo que los obreros veracruzanos ya habían logrado. Sin pelear en la Revolución, por cierto. En Cananea ocurre algo similar cuando en conflicto en 1906, lo que pedían era un salario de cinco pesos al día y que 75% de los trabajadores fueran mexicanos. Para 1910, antes de la Revolución, ya ganaban sus cinco pesos, y 90% eran mexicanos. Los mineros de Cananea nunca participarán en la Revolución. En un breve texto que se publica esta semana en Milenio Semanal, el historiador John Womack pone a Río Blanco en el contexto de las luchas laborales de todo el mundo, no en el de la Revolución, lo que tiene mucho más sentido. Necesitamos volver a pensar nuestra historia, para quitarle los cuentos e identificar mejor cómo es que, a inicios del siglo XXI, seguimos siendo un país que rehúye el éxito. O si quiere más franqueza, un país fracasado. macario@macarios.com.mx Profesor en la EGAP del ITESM-CCM
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