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| Gigantes asiáticos |
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Enrique del Val Blanco
El Universal Jueves 04 de enero de 2007 |
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Durante la semana inicial de su gobierno y en una de sus primeras giras de trabajo a los estados de la República, en Guanajuato el Presidente mencionó que "México está en condiciones de alcanzar niveles de crecimiento económico similares a los de China e India". Al asesor que le indujo a decir lo anterior debería cesarlo, pues la realidad indica todo lo contrario a lo expresado por el Presidente. Quizás hace 20 ó 30 años estuvimos en condiciones de alcanzar similares cuotas de desarrollo a las que hoy tienen China e India. Incluso en aquellas épocas nuestro país tenía la esperanza y la posibilidad de transitar del subdesarrollo al desarrollo; sin embargo, los acontecimientos posteriores han demostrado cuán lejos estábamos de ello. Hoy es imposible que podamos alcanzar niveles de desarrollo semejantes a los de China, India e incluso de Brasil que poco a poco nos están rebasando en casi todos los campos. Como país deberíamos hacer una evaluación sobre lo que nos pasó, sobre lo que nos sucede y plantear propuestas de cómo podríamos salir del atolladero en el que nos encontramos, y que si no fuera por los ingresos petroleros y las remesas de nuestros paisanos todavía sería peor. Sin duda hay cambios en la economía del mundo y su ordenamiento, donde los países asiáticos están tomando el control y en el mediano plazo se perfilan como las nuevas potencias económicas mundiales del primer tercio del siglo XXI. Actualmente China ya aporta la cuarta parte del crecimiento de la economía global e India no se queda muy atrás. En no más de 15 años las economías de estos dos países serán más importantes que las del famoso G-7, que congrega a las principales economías del mundo, empezando por Estados Unidos. Las cifras que todos los días conocemos son impresionantes. Por ejemplo, nunca en la historia de la humanidad se había producido un crecimiento sostenido del Producto Interno Bruto de más de 9% por cerca de 10 años continuos como lo ha hecho China; o el caso de India, que lleva más de un lustro con un crecimiento anual superior a 6%. Con una población de más de 2 mil 400 millones de habitantes en conjunto, los dos países han logrado de maneras diferentes dar un gran salto en materia económica, dejando muy por atrás al resto de los países subdesarrollados, incluido el nuestro. Creo que México tuvo la oportunidad de crecer. No obstante, los errores gubernamentales en la elección de políticas para el desarrollo, que se concentraron sólo en la oferta de mano de obra barata para las maquiladoras, la exportación de crudo, la venta de empresas paraestatales y la apertura a la inversión extranjera en cualquier campo, no permitieron pasar de una etapa a otra y, lo que es peor, los resultados son mucho menores de los que se esperaban. Mientras nosotros nos encontrábamos cometiendo error tras error, los asiáticos se aplicaron en hacer su tarea y cuando nos dimos cuenta ya era muy tarde, pues parte de nuestras supuestas fortalezas las copiaron y además las ampliaron, y así hoy gran parte de la inversión extranjera se dirige hacia aquellos países dejándonos de lado, y la mano de obra barata que ofrecemos parece ser que todavía es más barata en el imperio de en medio y su vecino. Como sabemos, los capitales se orientan hacia donde encuentran mayores beneficios y hoy México no se los otorga. Y si bien tanto en China como en India los modelos han sido diferentes, donde el primero mantiene un régimen autoritario e India, supuestamente y a pesar de sus castas, es democrática, ambas han logrado hacer avanzar a sus economías, aunque con poco respeto a los derechos humanos, a la sindicalización y al cuidado del medio ambiente, y a la vez han logrado obtener ingresos para cientos de millones de habitantes que de otra forma hubiera sido imposible, según comentan las autoridades de estos dos países. Por cierto, hay cifras que confirman que la mano de obra, además de ser barata, tiene que ser calificada pues no se trata sólo de maquilar sino de dar un paso más para integrarse al mundo de la investigación y desarrollo tecnológico, para lo cual la formación de sus habitantes ha sido y es fundamental. De esta manera tenemos que, por ejemplo, a principios de la década de los 90 del siglo pasado India tenía cerca de 180 mil estudiantes graduándose en áreas científicas y de las ingenierías; para 2004 se estaban graduando cerca de 700 mil estudiantes de las mismas áreas, lo que significa un crecimiento en la preparación de su población de cuatro veces más en 13 años. China no se ha quedado atrás. Para los mismos años sus cifras eran también de alrededor de 180 mil estudiantes y cerca de 550 mil, respectivamente, con lo que ambos países están rebasando a Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, en conjunto. Sus reservas en moneda extranjera también son impresionantes. Para el caso chino se aproximan a los 980 mil millones de dólares, cifra nunca vista en la historia de la humanidad. México tiene cerca de 80 mil millones, cifra también nunca antes vista, que celosamente guarda el banco central y que sería conveniente ver de qué manera se utilizan para nuestro desarrollo. El ritmo de crecimiento experimentado por estos países asiáticos sin duda les generará problemas sociales en el mediano plazo, debido a las desigualdades que se están creando y de las que nos enteramos en los medios escritos de comunicación. Nosotros también tenemos enormes desigualdades pero no crecemos. Difícilmente nuestro país podrá hoy tener un desarrollo similar a los gigantes asiáticos, como lo desea el actual gobierno. Más nos vale pensar qué podemos hacer con nuestras fortalezas internas y no estar teniendo sueños guajiros que no conducen a nada. La oportunidad para México se fue hace ya varios años. Hoy, retomar el camino del crecimiento costará mucho, más si seguimos las pautas de los organismos financieros internacionales, a quienes por cierto los gigantes asiáticos no les hacen mucho caso y les ha dado resultado. Analista político y economista
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