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Reflexiones sobre Oaxaca
Ricardo Pascoe Pierce
El Universal

Miércoles 03 de enero de 2007



De repente, Oaxaca dejó de ser noticia. Después de haber representado el gran conflicto nacional que pintó de cuerpo entero a México en el mundo y simbolizó todo lo que nuestro país no quería ser, la nota se esfumó. Pero el problema oaxaqueño no está resuelto.

Lo primero que destacaría es que, a pesar de haberse gestado antes de las elecciones, el centro del conflicto y el protagonismo de la APPO se dieron durante el interregno de la transición de poderes en el país. Es decir, entre el 2 de julio y el 1 de diciembre, periodo en el cual los poderes del Estado sufrieron de la ineficacia e inoperancia de un periodo transicional de ese tipo: los que se iban del poder no querían tomar decisiones gravosas a su legado y los que llegaban no podían decidir prácticamente nada. La verdadera cabeza política del movimiento sabía de esa debilidad, y quiso aprovechar el momento.

En ese periodo se estableció un poder dual en la ciudad de Oaxaca, aunque no en el resto del estado. Un poder dual donde se impartía la justicia popular en asambleas públicas, se definía por las brigadas appistas quiénes podían, y quiénes no podían, circular por las calles, se tenía una consigna política general (la renuncia del gobernador) que unificaba al movimiento y demandas particulares que lo dividían (maestros, ambulantes, estudiantes, comuneros, comunidades indígenas, etcétera).

Fue un poder dual que se le impuso autoritariamente al conjunto de la sociedad oaxaqueña. Se impuso por la fuerza de las barricadas, los insultos a los detractores y los golpes a quienes se atrevieran a cuestionar, y no por la fuerza del convencimiento. Finalmente, habría que concluir que una minoría de la sociedad se le impuso a una mayoría silenciosa y atemorizada. No estamos frente a una mayoría heroica que, legitimada, se le enfrentó a las fuerzas represivas del Estado para defender un proyecto alternativo de nación. Es más, la APPO fue creada y motivada por una variedad de intereses dentro del PRI, especialmente como una expresión de la guerra civil que conducen ex gobernadores, todos priístas, contra el actual gobernante.

Sin embargo, una parte importante de la sociedad oaxaqueña, aun discrepando con los métodos autoritarios y violentos de los appistas, maestros y no maestros, parece considerar que muchas de las demandas sociales expresadas en el movimiento tienen justificación. La pobreza, la marginación, la manipulación por parte de las autoridades y la corrupción son fenómenos que agreden a toda la sociedad. Mientras las demandas son justas, los métodos appistas lograron destruir la precaria economía de los más pobres del estado. Mientras el hotel Camino Real tiene suficientes apoyos para resistir la masiva caída del turismo y, por tanto, sus ingresos, no es igual con los miles y miles de artesanos, productores, cooperativistas y pequeños comerciantes que han tenido que cerrar sus negocios ante la falta de mercado interno.

Los más vulnerables económicamente son quienes están pagando, en última instancia, los platos rotos de los enfrentamientos sociales y políticos del estado de Oaxaca.

Por otro lado, hay una crisis evidente en la clase política local. Por más que el gobernador inaugura instalaciones y hace discursos, su ausencia efectiva es obvia para todo mundo. Quien no es visto no gobierna, aunque diga lo contrario mil veces. Ulises Ruiz no es querido en Oaxaca, como tampoco lo es la APPO, excepción hecha de sus más recalcitrantes seguidores por ambos lados.

La sociedad oaxaqueña, esa que se atemorizó ante la violencia, las barricadas y los insultos, hoy se pregunta por qué no hizo nada para frenar las cosas antes de que llegaron a ese extremo. Existe un sentimiento un poco parecido a lo que sucedió con los alemanes ante Hitler después de la Segunda Guerra Mundial: muchos se preguntaron ¿por qué no lo vimos venir? O, ¿qué pude haber hecho para evitar un desastre de tal magnitud? Existe desconcierto, culpa, vergüenza y enojo en amplios sectores de la sociedad oaxaqueña capitalina.

El gobierno federal foxista hizo grandes promesas de apoyos y recursos para ayudar a recuperar la economía local. Es urgente no sólo que se cumpla con esas promesas, sino que se asegure que la corrupción y los intereses monopólicos y políticos del estado de Oaxaca no hagan de las suyas para impedir que los apoyos lleguen a los medianos y pequeños productores y comerciantes del estado.

ricardopascoe@hotmail.com

Analista político



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