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| Propósitos positivos |
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Francisco Rojas
El Universal Martes 02 de enero de 2007 |
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A pesar de las señales negativas para la economía, iniciamos 2007 con cierto optimismo. No ignoramos que el descenso en los precios del crudo, la reducción en la plataforma de exportación y la desaceleración económica de EU conforman un escenario poco halagüeño; sin embargo, la partida de la pareja presidencial permite pensar que el caos en que dejaron al país se arreglará paulatinamente. El gabinetazo se fue y quienes entran merecen el beneficio de la duda. Todo indica que se quiere recuperar la dignidad de la investidura presidencial tan deteriorada a lo largo del pasado sexenio. Un nuevo estilo en la relación entre Ejecutivo y Legislativo abriga esperanzas de que habrá buenos frutos, pese a los esfuerzos del "presidente legítimo" que cada día pierde más capital político. Los legisladores de la coalición Por el Bien de Todos negocian con sus pares de otras bancadas y reconocen la legitimidad de las instituciones. Atrás quedaron las escenas del 1 de septiembre y del 1 de diciembre para dar paso a la normalidad en el trabajo cameral. La Ley de Ingresos, el Presupuesto de Egresos y la Miscelánea Fiscal son ejemplo de acuerdos civilizados en el Congreso en que las tres principales fuerzas lograron incorporar sus principales propósitos. Si bien el Presupuesto tiene insuficiencias preocupantes, se sacaron adelante los documentos que norman y definen el quehacer nacional. A nadie escapa la gravedad de haber cercenado el presupuesto de Pemex y obligarlo a un mayor endeudamiento del que arrastra. La inversión en Pemex para construir más refinerías, impulsar la exploración y producción de crudo y gas natural, y la rehabilitación de complejos petroquímicos, es insoslayable si queremos acrecentar la dinámica en ese sector. Es más, el gobierno debería asumir la deuda de Pemex porque su enorme pasivo ha sido producto de la descapitalización que ha sufrido por el excesivo traspaso de recursos al erario; pero por ahora Pemex no estuvo en las prioridades de ninguna de las bancadas en el Congreso. Para alimentar el optimismo los diputados se comprometieron a trabajar a partir de enero en una reforma hacendaria a fondo para construir un sistema fiscal eficiente y equitativo, y transparentar el gasto público con prioridades a mediano y largo plazos. Sin esa reforma no se puede contar con los recursos necesarios para emprender las modificaciones estructurales que el país requiere, construir la infraestructura necesaria para aumentar la competitividad de la economía, combatir la pobreza de grandes sectores de la población y generar empleos bien pagados. El gobierno no puede seguir dependiendo de los ingresos petroleros y no podemos seguir viviendo en foxilandia, ignorando la realidad. Por otro lado, es indispensable que los estados participen del esfuerzo recaudatorio para fortalecer sus finanzas. Todo apunta a que diputados y senadores trabajen en una auténtica reforma del Estado. En el Senado existe una iniciativa priísta que propone hacer una Comisión Ejecutiva de Negociación y Construcción de Consensos, que integre a los actores fundamentales para un diálogo político efectivo e institucional, disponiendo la presidencia rotativa del titular de la Mesa Directiva del Senado y de la Cámara de Diputados, alternando cada seis meses. Asimismo, se propone una subcomisión redactora como órgano técnico integrado por especialistas en Derecho Constitucional y en Ciencias Políticas y Sociales, así como una subcomisión de consulta pública, para expedir la más amplia convocatoria a los actores políticos y sociales, las legislaturas estatales, académicos y ciudadanos interesados en participar. La iniciativa señala que los temas de pronunciamiento obligatorio para el Ejecutivo y Legislativo federales y los partidos serán régimen de Estado y gobierno, democracia y sistema electoral, federalismo y reforma del Poder Judicial. No creo que la reforma del Estado salga como de una chistera; será difícil, pero es posible lograr acuerdos y realizar las modificaciones necesarias. No perdamos de vista las reformas energética, laboral y educativa; sin ellas seremos un país anclado en el pasado, recordando las frases célebres que nos recetó el ex presidente durante su frustrado ejercicio. Los moneros perdieron un excelente tema y ya no tenemos quién nos diga lo que quiso decir el mandatario. A pesar de todo, nuestros buenos propósitos deben contribuir a que entre todos forjemos un buen año para México. Analista político
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