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El ciclo que termina
Macario Schettino
El Universal

Martes 26 de diciembre de 2006



E l año que termina fue complicado en lo político, pero bastante bueno en lo económico. Sin embargo, hasta hace poco sólo nos dábamos cuenta de lo primero, que llegó a ser tan importante que no nos dejó reconocer algunas cosas buenas que nos ocurrían, como tener un crecimiento de casi 5%, con inflación y tasas históricamente bajas, abundancia de créditos, es decir, lo que cualquier país normalmente querría.

Pero la política nos enfrentó, y duramente. Nos afectó mucho más de lo que pensamos, y recordaremos este año precisamente por el conflicto político. Ya se habló mucho acerca de la elección, y no parece que tenga sentido regresar a ella. El tiempo ha permitido que todos pensemos un poco más, y evaluemos de manera más fría el proceso.

Sin embargo, hay un efecto de la elección que sigue siendo relevante. Me refiero al uso del pobrismo como bandera electoral, que ha provocado rasgaduras de vestido y gritos plañideros, pero poco razonamiento. Se trata de un fenómeno muy parecido al que vivimos en 1994, cuando el levantamiento zapatista, que también produjo grandes declaraciones acerca de los indígenas, tomas de posición, compromisos. que desaparecieron con el tiempo.

El uso político de la mala situación de grupos es algo común, pero no por eso es correcto. Tomar como excusa la pobreza, la exclusión, el desamparo, para sólo buscar poder me sigue pareciendo inaceptable, como me parece la respuesta de voceros profesionales, que con toda facilidad repiten argumentos falaces, aplauden propuestas inviables, y llenan de alabanzas a líderes que no lo merecen, y que el tiempo pone en su lugar.

En México deberíamos haber aprendido algo durante el siglo pasado, pero parece que no lo hicimos. El discurso gubernamental fue siempre a favor de los más pobres, de los obreros y campesinos, de los indígenas, y todos estos grupos terminaron el siglo igual o peor que como lo empezaron. Y con esto me estoy refiriendo al porfiriato, no a cualquier cosa. Los gobiernos del régimen de la Revolución siempre nos dijeron que guiaban al país para beneficio de los más pobres, que nunca dejaron de serlo. Que se esforzaban por impulsar la educación, y siempre fuimos de los más rezagados de América Latina, y lo seguimos siendo. Que se preocupaban por la salud y seguridad social, que nunca fue para todos los mexicanos, de manera que mantuvimos indicadores de salud comparables a otros países cuyos gobiernos, al menos, no tenían el cinismo de los nuestros.

Por eso me preocupa que los discursos electorales del año que termina se queden como diagnóstico de nuestra situación actual. Porque su objetivo era ganar el poder, no resolver problemas, o al menos hacerlos evidentes. Reitero, el diagnóstico de las campañas electorales es absolutamente incorrecto, y partir de él nos llevará a cometer errores que ya no podremos corregir.

Para ser más claro, el problema más importante que enfrenta México no es ni la pobreza, ni el fracaso del campo, ni tiene nada que ver con regalar dinero. El problema es que, como sociedad, no estamos funcionando. No estamos aportando, cada uno, lo que se requiere para que, todos, tengamos éxito. En el siglo en que estamos lo que se necesita es competir para ganar, y esto requiere mejor educación de nuestros jóvenes, más facilidades para las empresas, y un esfuerzo monumental para eliminar los privilegios que se acumularon durante el siglo pasado: para empresas, sindicatos, universidades y políticos que viven de los pobres.

Eso exige un Estado fuerte, bien financiado, sin regulaciones absurdas pero con capacidad de vigilancia y acción sobre quienes abusan. Y eso requiere la cooperación de todos, en principio pagando impuestos, pero además actuando para eliminar los abusos, que hoy no sólo soportamos, sino que incluso defendemos.

No nos confundamos, el enfrentamiento que tuvimos durante 2006 no tenía que ver con los pobres, sino con el poder. No partamos de ahí para entender a México. No regresemos a la retórica vacía del siglo pasado, que no nos dejó nada. Aprovechemos este fin de año para convertirlo en el fin de una época. Avancemos.

macario@macarios.com.mx

Profesor en la EGAP del ITESM-CCM



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