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No podemos perder más tiempo
Francisco Rojas
El Universal

Martes 19 de diciembre de 2006



Hay que tener mucho sentido del humor para asimilar sin alarma los acontecimientos que los partidos políticos y sus dirigentes nos recetan diariamente. No sabemos si asistimos a una comedia, farsa o tragedia; de todo hay en la viña del Señor. Lo que hoy se afirma, mañana se niega; lo que hoy se niega, mañana se afirma; terminamos por no saber qué es lo que pasa, qué arreglos hubo y cómo se pasó de una posición que parecía firme a otra.

Nuestra clase política ha hecho suya la cultura de la contradicción; navegamos de lo absurdo a lo inverosímil, sin brújula ni destino cierto. En ese mar de confusión el "presidente legítimo" gobernó el Distrito Federal de acuerdo con sus intereses electorales y nos dejó una ciudad más desordenada y caótica que la que recibió. Nos queda el consuelo de pensar que su partido y el actual gobierno capitalino se deslindarán de su aventura más temprano que tarde. En el Congreso no hay acuerdos porque no hay posiciones claras; el único que ha logrado la hazaña de unificar a los partidos es el diputado Raúl Padilla Orozco, quien con su ataque a la UNAM logró que todas las fracciones en San Lázaro modificaran el monto de lo presupuestado para la educación pública superior.

Vamos de tumbo en tumbo. Ayer, parecía lograr mayoría en el Senado la propuesta para desaparecer poderes en Oaxaca; hoy dicen que siempre no; el gobierno estatal se reestructura y la APPO pide diálogo en Gobernación sin poner ninguna condición, asesorada por el ex obispo Samuel Ruiz. Decía Flavio Sosa que ya no era miembro del PRD y resultó hasta consejero nacional; y mientras su presidente encabeza marchas de apoyo en la capital de esa entidad, el comité estatal lo tilda de traidor porque hizo proselitismo a favor de Vicente Fox; luego, fundó un partido local, después se incrustó en Alternativa Socialdemócrata y encabezó una corriente divisionista al interior de esa organización. Acabó aliado con el dueño de una conocida cadena de farmacias que aspiró a ser presidente. Este país no es nada serio.

Ahora vemos como en la Secretaría de Educación Pública se generan conflictos de interés y se lastima la confianza que poco a poco ha ido ganando el presidente Calderón; si no fuera porque está en juego la calidad de la enseñanza básica habría que reír ante lo que estamos viendo. El operativo en Michoacán de las dependencias encargadas de la seguridad nacional generó amplias expectativas porque el primer mandatario demostró que está dispuesto a tomar decisiones, pero no se ha informado cuántas aprehensiones de narcotraficantes se han efectuado. No vayamos a salir con que los únicos presos fueron humildes campesinos que rentan sus tierras para la siembra de mariguana o amapola porque no tienen otro medio de subsistencia.

En el partido blanquiazul se dan fuertes divisiones y no hay un cabal entendimiento con el gobierno. En el de la llamada izquierda el golpeteo está fuerte y va a arreciar en las próximas semanas. En el tricolor la pugna por la dirigencia abrirá fisuras más profundas que las ya existentes. En ese panorama lo único seguro es que no le van a facilitar la tarea al titular del Ejecutivo federal; afortunadamente, éste está demostrando más oficio político que su antecesor, más sensibilidad e inteligencia y no está gobernando en pareja; pero el país requiere que toda la administración pública, los integrantes del Congreso y del Poder Judicial Federal entreguen el mejor de sus esfuerzos para que la economía crezca al ritmo que demanda la batalla contra la pobreza y la inseguridad.

Ahora diputados y senadores tienen el compromiso de sacar adelante la Ley de Ingresos, el Presupuesto de Egresos y la Miscelánea Fiscal del próximo año, mas es preciso realizar las reformas necesarias para encontrar fuentes de ingreso que permitan despetrolizar la economía y crear millones de empleos. O nos ponemos a trabajar en lo importante y en lo urgente o vamos a mantener a México como un país cada vez más empobrecido y desesperado. Hasta hace poco menos de un mes teníamos el pretexto de un gobierno frívolo encabezado por un señor que abandonó la Presidencia hace mucho tiempo; nunca supo ni quiso aprender a ejercer el mando que equivocadamente le entregó la mayor parte de los electores en 2000. Ahora es clara la intención de restituirle a la investidura presidencial la institucionalidad que tanto se deterioró en el pasado sexenio. Unirnos por el bien del país es más positivo que mantener enfrentamientos estériles por cuotas de poder o intereses grupales. Devolvámosle a la política la seriedad que nunca debió perder.

Analista político



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