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| El fantasma de la coherencia |
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Leonardo Curzio
El Universal Lunes 18 de diciembre de 2006 |
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El jueves pasado un fantasma se paseó por la Cámara de Diputados. El fantasma, tantas veces invocado en el discurso político de todas las fuerzas, lejos de generar serenidad entre quienes se asumen como sus predicadores, aterrorizó con su presencia a por los menos dos grupos parlamentarios que, al ver que se les obligaba a proclamar su fe, perdieron en un caso el estilo y en el otro el habla. Ese fantasma no es otro que el de la coherencia. Coherencia tantas veces pedida a otros, tantas veces usada como arma arrojadiza para zaherir al enemigo político y que cuando toca el turno de honrarlo se encuentran 12 mil evasivas y pretextos. El grupo parlamentario de Alternativa Socialdemócrata demostró que hace falta un nuevo aire a la política. Demostró que nuevas voces y nuevos planteamientos sí pueden generar una política diferente. Por primera vez en muchos años un partido subió a la tribuna para proponer un punto de acuerdo que contempla el recorte al presupuesto de los partidos políticos de alrededor de 20% para el año 2007. Un tijeretazo que la soberanía reunida en San Lázaro sólo tiene que disponer y automáticamente más de 500 millones de pesos podrían destinarse a la educación, a la ciencia o la tecnología. Este ejercicio de coherencia pragmática los puso entre la espada y la pared, porque se esfumaban las coartadas, se diluía la posibilidad de echar culpas a los demás y se reducía el espacio para esconderse detrás de los trillados lugares comunes. La situación era tal que literalmente los puso entre la espada y la pared. No se atrevieron a decir: sí, estamos de acuerdo con recortar de nuestros presupuestos una importante cantidad de dinero y destinarla a otro fin. A la hora de la verdad se arrugaron y prefrieron mandar el asunto a comisiones. Porque una cosa es repartir el dinero de los demás y pedir a voz en cuello justicia, y otra muy distinta es que el que se reparta sea tu dinero con el que grillas, compras votos, carteles, anuncios, viajes y esporádicamente algún estudio técnico. A diferencia de los políticos tradicionales, la diputada Marina Arvizu no recurrió a la demagogia de exigir a los demás sin poner el ejemplo. La propuesta de punto de acuerdo de urgente resolución no la hizo en clave genérica y sin consecuencias inmediatas como suelen hacer las fuerzas tradicionales. Tuvo la valentía política de proponer que el recorte empezara por ellos, lo cual no es común en un universo dominado por las generalidades y la falta de compromiso. Para los partidos políticos tradicionales la onda de choque fue descomunal porque los puso en la tesitura de tener que alinear lo que dicen con lo que hacen. Este ejercicio de coherencia puso en un predicamento a algún diputado que se salía por las ramas en vez de respaldar sin medias tintas la propuesta. La lección fue ejemplar y yo espero que la opinión pública no pierda de vista la propuesta (replicada por cierto en la Asamblea Legislativa del DF), y que exija a los sumos intérpretes de la austeridad y las causas populares que prediquen con el ejemplo. Las encuestas demuestran dos tendencias muy arraigadas en la sociedad mexicana. Una ha sido ampliamente comentada y es el desprestigio de los partidos políticos. La otra es el beneplácito de la sociedad por las medidas de austeridad. En la última encuesta de GEA/ISA se demuestra que la mejor valorada de todas las propuestas de Felipe Calderón en su discurso de investidura fue la del plan de austeridad (87%). Si realmente el Congreso busca una sintonía con sus representados, debería escuchar el clamor popular que desde por lo menos el 2003 está pidiendo una reducción de los gastos partidistas. Es tiempo de definiciones. Feliz Navidad a todos los lectores. Analista político
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