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El punto de inflexión
Leonardo Curzio
El Universal

Lunes 04 de diciembre de 2006



El viernes se cerró un capítulo en la vida nacional. Es tiempo de que los actores analicen correctamente el ánimo de la opinión pública, los apoyos internacionales con los que cuentan y lean con claridad el mensaje de las urnas.

En primer lugar debemos celebrar que, pese a que fue un año de intensa confrontación, 2006 no deja un saldo trágico en vidas humanas. La violencia verbal no produjo ni muertos ni represión, cosa que se debe reconocer. Aun en los momentos de mayor tensión, la gente mantuvo la calma. Salvo los grupos radicales de Oaxaca y Atenco que apostaron a que el gobierno diera el manotazo y hubiera un baño de sangre, la confrontación más agria fue declarativa y el arma más agresiva fue la propaganda.

Vergonzoso, es cierto, pero no letal. Detener las hostilidades ahora y buscar un marco mínimo de cooperación sería consonante con el ánimo de la opinión pública. Concluir el proceso electoral con creciente desconfianza obliga a revisar las reglas del juego. Revisar las bases del sistema electoral para dar más confianza no se logra con plantones y bloqueos, sino con una negociación en la que se permita una amplia participación de la sociedad.

Ahora bien, el resultado de las urnas fue el que fue. La declaración de la encuestadora de AMLO (Covarrubias), en el sentido de que su medición del día 2 de julio tenía arriba a Calderón, derriba, para quien quiera considerar un dato más, la teoría del fraude. Es tiempo de exigir a cada actor que lea el pentagrama que le tocó y no el que hubiese querido.

A Felipe Calderón le tocó mandar sin estridencias. Es un gobierno minoritario y eso no lo debe olvidar. La formación del gabinete no mueve por sí sola al optimismo; tendrá que acreditar con hechos su disposición a dialogar desde su condición.

Los votantes de AMLO, por su parte, no pueden ser defraudados con una frivolidad como la presidencia legítima. El pueblo tiene derecho a que no lo timen y le roben su esperanza de que en la democracia se puede mejorar su condición.

La izquierda tiene el papel (que el PRI jamás jugará) de ser un genuino contrapeso al poder. Optar por devaluar su posición con chirigotas imperiales es tirar al caño la esperanza de millones; el poder institucional que tiene el PRD se debe usar para ganar posiciones, encontrar soluciones y ganar autoridad moral. Una miradita a las encuestas y a los apoyos internacionales con los que se han quedado (sólo Hugo Chávez) los debería llevar a un replanteamiento de estrategia. En las democracias modernas ser oposición es esencial para evitar desvíos del poder.

El tejido social quedó muy rasgado después de las contiendas electorales. La pregunta ahora es: ¿queremos seguirlo desgarrando? Por supuesto que podemos.

Nada está tan mal que no pueda estar peor. Pero también podemos comprobar que la polarización hoy es más fuerte entre la clase política y el círculo rojo que en el pueblo, y que si las bases quieren moderación, también habrá que escucharlas de vez en cuando. Perder no es una condición permanente, ganar tampoco. Calderón ha acertado en el tono inicial, ojalá no se aparte de ese talante.

Analista político



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