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Conflicto de civilizaciones
César Cansino
El Universal
Jueves 28 de septiembre de 2006


Gran lección ha dado al mundo el Papa Benedicto XVI al señalar que la fe sólo puede inculcarse con la palabra y nunca con la espada. Y en esta materia el cristianismo evolucionó mucho más rápido que el islamismo; es decir, la Iglesia católica se fue alejando de sus muchos excesos y arbitrariedades del pasado conforme la civilización occidental se fue afirmando en sus valores de libertad, tolerancia y fraternidad. Lejos de ello, el islamismo sigue siendo en sus versiones más extremistas una religión de la muerte y el dogma que aniquila la libertad. Por todo ello, era de esperar que la cita que el Papa hizo hace algunos días de un católico de hace siete siglos en el que aludía a Mahoma ofendiera tanto a muchos musulmanes del mundo, quienes se aprestaron a pedir una disculpa al Papa si es que Occidente no quiere sufrir una nueva asonada de violencia por parte de los fanáticos musulmanes.

Desde las declaraciones del Papa, la guerra islámica contra Occidente se ha recrudecido. En algunos países árabes se tomaron represalias contra sacerdotes, monjas e iglesias católicas. Por su parte, sin caer en el juego de presiones para que ofrezca una disculpa, el Papa condenó estas reacciones violentas y lamentó que se hayan malinterpretado sus palabras. Posteriormente, en una reunión con diplomáticos de 22 países musulmanes acreditados ante la Santa Sede y con un ánimo de distensión, reiteró su profundo respeto por la religión musulmana y propuso un diálogo intercultural y religioso que coadyuve a superar las tensiones actuales en un sentido provechoso. Sin embargo, las declaraciones del Papa fueron recibidas con cautela por parte del mundo musulmán.

De más está decir que las frases citadas por el Papa hace dos semanas no son ofensivas sino que sólo levantan acta de un hecho, pero el yihadismo islámico no está dispuesto a dejar pasar nada que en su teología agravie a su fe. Pero más allá de las reacciones en el mundo islámico, son sorprendentes las reacciones de muchos en Occidente, pidiendo cuanto antes un acto de constricción del Papa por haber ofendido a los islámicos. Este tipo de reacciones, provenientes sobre todo de la izquierda más atolondrada y del hombre masa, se repiten en todas partes, tanto en Europa como en Estados Unidos y México. Por ello, tal parece que el enemigo de Occidente no está afuera sino dentro de sus propias fronteras. Lo que debería unirnos, la conciencia de que Occidente está en guerra contra el islamismo yihadista, una guerra declarada unilateral y arbitrariamente por el propio islamismo fundamentalista, termina dividiéndonos. Con el enemigo en casa, ganan los terroristas; cada vez que se justifica la violencia extremista, ganan los terroristas; cada vez que se flaquea o retrocede ante la barbarie de los fanáticos, ganan los terroristas; cada vez que Occidente se arrodilla y dobla las manos ante los chantajes de los musulmanes extremistas., ganan los terroristas, y pierde Occidente.

Por ello, la tesis aunque dramática no debe subestimarse: Occidente está en guerra contra el islamismo fanático, guardián de una supuesta "civilización" que anula a las mujeres y desprecia la vida, y sólo hasta que reconozcamos en Occidente la maldad del fundamentalismo islamista, podremos enfrentarlo con alguna posibilidad; mientras el enemigo esté entre nosotros, mientras se sigan buscando explicaciones o justificaciones a la barbarie, las víctimas, o sea, Occidente, seremos los verdugos.

En esta guerra despiadada y cruenta no hay dialéctica posible; o nos enfrentamos a los extremistas o nos asesinan, no podemos ser víctimas y verdugos al mismo tiempo. No podemos condenar la barbarie y justificarla simultáneamente. El islamismo quiere acabar con la civilización occidental. Ésta no es una guerra sicológica entre civilizaciones ni hay posibilidad de una alianza. Nadie lo ha dicho mejor que el filósofo español Agapito Maestre: "No se trata de culpar de todos los males a la civilización islámica sino de destacar uno de sus peligros menores: la ´cultura´ islamista es antes una cultura de la muerte que de vida. Pocas suras hay, seguramente ninguna, en el Corán que afirme de modo claro y distinto algo parecido al ´no matará´ occidental. Pero aun hoy los ciudadanos más preparados del mundo se toman muy en serio que el musulmán es muy diferente al hombre occidental. Precisamente por eso no lo rechaza sino que lo conlleva, lo soporta, en fin, lo tolera."

cansino@cepcom.com.mx

Director del Centro de Estudios de Política Comparada



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