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La disyuntiva
Ana María Salazar
El Universal
Viernes 01 de septiembre de 2006


Un lector me envió el siguiente chiste: en un avión... de repente Fox dice: -Voy a lanzar un billete de 500 para hacer feliz a una familia. Calderón le corrige: -Señor Presidente, mejor lance 5 billetes de 100 y así hace felices a cinco familias. En eso Madrazo, para no quedarse atrás, agrega: -En ese caso, lance 10 billetes de 50 y así hace felices a 10 familias. Finalmente López Obrador, populista como él solo: -¡No!, aviente 500 monedas de a peso ¡y serán felices 500 familias! En eso voltea el piloto y les dice: -¿Y por qué mejor no se lanzan los cuatro y hacen feliz a todo el país?

¿Será así el sentir de la mayoría de los mexicanos que observa el circo en que se ha convertido la debacle postelectoral? El problema es que uno de estos señores será el siguiente presidente y tendrá que gobernar lo que en este momento parece ingobernable: México.

Las amenazas de Andrés Manuel de declarar y liderar un gobierno alterno, están creando nerviosismo debido a sus declaraciones como "un gobierno se integra fundamentalmente por un elemento: el pueblo. El gobierno es el pueblo, no las oficinas, los escritorios y los guaruras. Es el pueblo y la autoridad moral". Aunque se autonombre el excelentísimo presidente de México, Andrés Manuel, con apoyo del "pueblo" es importante subrayar que tener la "autoridad moral" no es suficiente para gobernar por más apoyo y aplausos que reciba el próximo 16 de septiembre en la Convención Nacional Democrática a celebrarse en el zócalo de la ciudad de México. Lo mínimo que necesita para gobernar todo presidente es tener acceso al presupuesto de la nación, control sobre las fuerzas de seguridad y la capacidad de crear consensos y negociar con la oposición y con otros actores políticos.

¿Acaso como presidente "alterno" Andrés Manuel López Obrador podrá combatir el narcotráfico? ¿Podrá repartir el presupuesto en programas de desarrollo? ¿Construirá nuevas carreteras? ¿Firmará acuerdos comerciales con países del Mercosur? ¿Negociará legislación para reducir las tarifas de electricidad con el Congreso? La respuesta es un rotundo "no" a todas esas cuestiones... El actual modelo de presidencialismo asegura que el mandatario mexicano sea un líder relativamente débil. En el caso de Andrés Manuel, su capacidad de presionar y demandar desde la tribuna del zócalo es relativamente poca.

Asumiendo que AMLO pueda mantener un flujo económico que permita mantener su movimiento, además de conservar el apoyo de un número importante de simpatizantes, irónicamente el único poder que podrá ejercer es amenazar que el siguiente presidente no pueda gobernar, asegurando que las instituciones no ejerzan sus funciones, y saboteando cualquier negociación con otros actores políticos.

Desafortunadamente todas estas actividades necesariamente involucran violar el estado de derecho y, probablemente, caer en actos de violencia.

Para Calderón, como presidente, la decisión más difícil que tendrá que tomar es decidir cuándo hacer uso de las fuerzas de seguridad para reprimir a un individuo o a un grupo de personas. Cuando los problemas son tan evidentes que ponen en riesgo el bienestar o el futuro del país adquieren prioridad sobre los retos que enfrenta el Estado. Pero como gobernante, el Presidente debería resolver los conflictos graves sin alterar el estado de derecho. El reto de Andrés Manuel como presidente "moral" es presionar, incomodar, y forzar cambios sin llegar a tales niveles de violencia que provoquen un rechazo a su movimiento y al PRD.

El presidente electo Calderón tendrá que decidir cuándo muerde el anzuelo, reprimiendo el movimiento de AMLO y así confirmando todo lo que Andrés Manuel ha dicho del PAN y de Calderón: además de ser un presidente espurio, liderar un gobierno represor, no saben gobernar; además de racistas, ignoran a los pobres, etcétera.

¿Por cuánto tiempo podrán Felipe Calderón y su equipo ignorar a Andrés Manuel? ¿Tendrán la malicia política de poder negociar y crear consensos? ¿Podrán encontrar fórmulas intermedias para contrarrestar los ataques de AMLO sin tener que recurrir a la represión? Y en el caso extremo, cuando decidan usar las fuerzas de seguridad para reprimir el movimiento lopezobradorista, ¿tendrán la sabiduría de saber cuándo es políticamente viable esta opción?

salazaropina@aol.com

Analista política



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