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| La niebla de la guerra |
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Rossana Fuentes-Berain
El Universal Miércoles 23 de agosto de 2006 |
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Abrir los cruces en algunos puntos de la avenida Reforma para aligerar el tránsito saca algo de presión sobre el pequeño perímetro de la capital de la República, la delegación Cuauhtémoc, en la cual Andrés Manuel López Obrador demuestra su fuerza. El líder del movimiento oscila entre distender un poco la cuerda o reventarla. No está solo. Del otro lado del espectro también se duda entre ser generosos e incluyentes con una fuerza política antagónica o escuchar a quienes alzan cada vez más la voz pidiendo una salida autoritaria: si no se van por las buenas, sáquenlos por las malas. De descartarse el diálogo y privilegiarse la fuerza, existe cada vez más el peligro de que la ominosa niebla de la guerra descienda sobre nosotros. Es, pues, conveniente en estos momentos recordar las lecciones que al final de su vida, a los 85 años, dejó un auténtico guerrero, Robert McNamara, secretario de Defensa de Estados Unidos durante la Guerra de Vietnam como resultado de un conflicto que lastimó profundamente a los dos contendientes. 1) Ten empatía con tu enemigo: Calderón y López Obrador deben comprender sus respectivas posiciones. El primero, de ser ratificado su triunfo, como creo lo será, no podrá dejar una arteria principal de la ciudad cerrada, pero debe respetarle espacios acotados al PRD para mantener su resistencia civil, que es la vía seleccionada por AMLO para conservar su vigencia frente al grupo que lo sigue. El segundo necesita comprender que su lucha no puede ser por paralizar una delegación sino por garantizar que donde haya gobiernos perredistas, como es el caso del DF, Michoacán, Baja California y posiblemente Chiapas, el panismo entienda que no resulta de su interés sofocarlos. 2) La racionalidad no va a salvarnos: cuando las pasiones se desbordan, apelar a la razón es inútil; por eso es deseable no seguir azuzando el fuego de la confrontación por la vía de los extremos. 3) Hay algo más allá de nosotros mismos: los incentivos perversos de los partidos son a trenzarse en la lucha de poder; la ciudadanía votó en cambio por que no hubiera un ganador absoluto, no sólo están en juego las carreras y el legado histórico de tres personas: Vicente Fox, Calderón y AMLO. 4) Maximizar eficiencia: En una lucha prolongada hay que optimizar los recursos; nos espera un sexenio entero para dilucidar cómo se puede hacer que avancen las respectivas causas políticas. 5) La proporcionalidad debe ser la guía de la guerra: establecer en su justa dimensión lo que puede y debe hacerse para la defensa de la causa es básico; hacer más resultaría indeseable y menos igual. Para firmar el armisticio debe haber interlocutores, es absurdo aspirar a desaparecer figurativamente al otro. 6) Conseguir la información dura: unos y otros necesitan actuar sobre premisas reales, en Monterrey desde luego, pero inclusive en Satélite, el bloqueo de avenida Reforma agravia menos. El margen para medir fuerzas debe ser evaluado en función de toda la República, no sólo de una delegación, lo que se relaciona con el siguiente punto. 7) Creer y ver con frecuencia llevan a errores: desde el centro de la ciudad se siente, se respira la crispación; saliendo del centro del Distrito Federal esto es menos evidente. Hay sentido de urgencia pero no hemos llegado, y ojalá no lo hagamos, a una confrontación entre dos fuerzas equiparables, una tercera, muy extendida en la República, no quiere sangre. 8) Hay que estar preparados para reexaminar nuestros argumentos: la flexibilidad es necesaria en cualquier aspecto de la vida, pero sobre todo en la política no se puede ser dogmático; no se trata de ganar la discusión sino la convivencia. 9) Para hacer el bien hay que estar dispuesto a hacer el mal: las opciones perfectas en momentos de guerra no existen, de llegarse a la confrontación, hay que saber que se acabarán las opciones deseables y se tendrá que escoger entre dos males. 10) Nunca digas nunca: al calor de la confrontación se asumen posiciones maximalistas indeseables para maniobrar a fin de salvar la vida, en este caso aún figurativamente, pero también la viabilidad del proyecto. 11) No se puede cambiar la naturaleza humana: la historia está llena de experimentos fallidos al respecto, a lo más a lo que se puede aspirar es a conocerla y contener sus aspectos más destructivos. Los que han vivido de verdad conflictos que devienen en guerras saben que partir el deseo de transformar todo y en todos puede llevar a una larga y cruenta batalla que, al final, fracase en su objetivo purificador. Periodista e investigadora del ITAM
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