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| ¿Queremos la paz? |
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Sara Sefchovich
El Universal Jueves 17 de agosto de 2006 |
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H ace algunas semanas hablé en este espacio del profiling : el hecho de calificar a una persona no por conocerla y saber de ella, sino sólo por como la vemos, oímos o imaginamos, a través de los lentes de nuestros propios prejuicios y deseos. Algunas veces estos encasillamientos son positivos y le asignan valor meritorio a la persona -lo hacemos por ejemplo con Angelina Jolie a la que no conocemos más que a través de los medios de comunicación- y otras veces por el contrario, le atribuyen defectos o rasgos negativos, como sucede en el siguiente caso: un joven negro está parado en una esquina esperando su camión. Se acerca un señor blanco y sin más, saca una pistola y le dispara. Cuando lo detienen explica tranquilamente que en su opinión, cualquiera que lleve puesto su uniforme de guerra es un enemigo que debe ser aniquilado. ¿Y cuál era el uniforme de guerra que llevaba ese joven?, le preguntaron al asesino. El color negro de su piel, respondió, ese es su uniforme de guerra. Esto viene a cuento porque en Medio Oriente hubo y sigue habiendo una guerra, que provocó derramamiento de sangre, llanto y sufrimiento a todos los bandos de la contienda. Pero desde aquí, a la distancia, lo vimos todo a través del encasillamiento y el prejuicio: ser israelí y por extensión judío (uno es una nacionalidad, el otro una cultura y una religión) significa por definición ser el malo, mientras que ser árabe y por extensión musulmán (aquel es un perfil étnico y cultural que se da en habitantes de diversos países, esta es una religión) significa por decreto ser el bueno. Hay países en los cuales el mismo profiling se interpreta exactamente al contrario, como en Estados Unidos o en Inglaterra donde cualquier árabe es por definición un terrorista o al menos un sospechoso de cosas malas que lo convierten automáticamente en enemigo. El hecho es que pocos están dispuestos a ver las cosas sin prejuicios, a informarse, escuchar y tratar de entender al otro, de explicarse las situaciones y de ubicarlas en su contexto. Y a fin de cuentas, la única verdad incuestionable es que la realidad es trágica por cualquiera de los lados que se la vea y como diría el viejo maestro del cuento judío, todo lo demás es comentario. Sólo que el problema es que hoy por hoy, el comentario se ha convertido en parte de la guerra y se juzga y se toma partido a partir de puros prejuicios, de puros encasillamientos. Veamos lo que ha pasado en nuestro país: se publican sendos desplegados en los que se cree pedir la paz, pero eso es falso en la medida en que sólo se ven las cosas desde un lado. Si ese lado es el pro árabe, se olvidan de mencionar el horror que significa para los israelíes vivir siempre acosados por el terrorismo y no se acuerdan de considerar a los muertos del lado de Israel, pero si ese lado es pro israelí, no aceptan reconocer que la destrucción de Líbano y el desplazamiento y muerte de cientos de personas es una desgracia y una desproporción. Y entonces resulta que lo menos cierto es el supuesto deseo de paz que manifiestan los dos lados y que al decirlo, sólo se está siguiendo una moda, pues hoy día es políticamente correcto manifestarse a favor de la paz en los países occidentales (no siempre ha sido de este modo, recuérdese 1914); así como en otros países (Siria o Irán) la moda es lo contrario: desear la guerra. Pero lo que no es fácil es tener los tamaños para reconocer que lograr la ansiada paz requiere mucho más que soltar epítetos y consignas, darse baños personales de pureza (no sea que el futuro me lo reproche), firmar desplegados y cartas, inventar complots de inexistentes grupos y supuestos oscuros intereses, exhibir todos los adjetivos que existen en el diccionario. Más bien hace falta llamar a las cosas por su nombre, reflexionar y no comprar paquetes completos, ser capaz de reconocer que las cosas no son en blanco y negro y que el mundo no se divide maniqueamente entre los buenos y los malos. Ah, y también sentir compasión por los dos lados y reconocer los derechos de ambas partes. Eso por lo que se refiere a quienes no vivimos día con día el conflicto encima de nosotros. Y para los que sí lo viven, de todos modos la paz no va a llegar mientras la perspectiva occidental siga suponiendo que se puede acabar con el terrorismo haciendo la guerra y la perspectiva oriental siga suponiendo que el terrorismo es la manera de lograr sus objetivos y que todos los que no creemos y actuamos como ellos somos sus enemigos. Escritora, investigadora en la UNAM
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