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Política, ¡ya!
Manuel Camacho Solís
El Universal
Lunes 31 de julio de 2006


E l conflicto postelectoral avanza y hasta este momento no hay nada que permita prever que se podrá evitar que lleve al país a una gran crisis. El enojo de las partes en disputa va en ascenso. En cualquier momento se puede salir de las manos, con consecuencias graves que pueden durar años. Sólo la política puede evitarlo. Debe hacerlo ya.

Las dos partes están muy enojadas. Quienes apoyan a Felipe Calderón están convencidos que la izquierda les quiere regatear su triunfo. Creen que ganaron y que los otros no saben perder. Quienes apoyan a AMLO están convencidos de que hubo fraude y cada vez tienen más elementos para comprobarlo. La polarización -que fue un error garrafal como estrategia de gobierno y electoral, como se señaló en forma repetida en estas páginas- ya no permite a las partes dialogar. Pretender un diálogo racional es muy difícil y menos aún en ambientes donde, cada vez más, lo importante no es conocer la verdad sino cobrársela a quien esté al alcance.

Si el diálogo se ha vuelto tan difícil, lo único que puede evitar las peores consecuencias es que la política tome la iniciativa. Dejar las cosas a que se resuelvan por sí mismas, no va a funcionar. Peor aún, se perderá tiempo precioso, que hará después mucho más difícil desmontar el enfrentamiento. Hasta este momento la única iniciativa que podría frenar la confrontación es la que ha tomado AMLO. Debiera ser considerada con detenimiento. Hacerlo sin ánimos exaltados. Sin querer convertirla en pretexto para seguir alimentando el enfrentamiento. La iniciativa consiste en una propuesta y tres garantías. La propuesta es que se cuenten los votos para despejar las dudas sobre quién ganó realmente la elección.

A cambio de ello, AMLO ofrece tres garantías a los magistrados del tribunal y a la sociedad en su conjunto:

1) En el momento en que se decida el recuento de todos los votos, llamar a la desmovilización.

2) En ese mismo instante frenar todas las acciones de resistencia civil pacífica.

3) No ir a la anulación de la elección. Es decir, aceptar el resultado del recuento, cualquiera que sea el fallo.

Adicionalmente y una vez resuelto el recuento, se necesitaría resolver el problema de la gobernabilidad. En una sociedad polarizada y donde el ganador no tendrá mayoría suficiente. Para ello considero que convendría explorar la posibilidad de formar un gobierno de conciliación nacional, gane quien gane. De tal forma que todas las fuerzas políticas e intereses legítimos puedan estar representados y tengan las debidas garantías. Un gobierno así tendría amplias posibilidades de encauzar una reforma a fondo del régimen político. Una solución de este tipo sería equitativa para cualquiera de los ganadores y aseguraría la gobernabilidad. Es mejor una fórmula de concertación que una estrategia de aniquilamiento.

Por encima del interés por asumir el cargo de presidente, se está proponiendo frenar el retroceso democrático y recuperar -antes de que sea demasiado tarde- la gobernabilidad y tranquilidad de la sociedad mexicana. La experiencia de otros países y el estudio de nuestra propia historia nos deben hacer reflexionar sobre la importancia de recuperar la capacidad de iniciativa política, para rescatar el diálogo, antes de que las pasiones y los temores dominen por completo la situación. Las sociedades se dividen cuando la política deja de funcionar.

Muy cerca de nuestra generación y experiencia colectiva está la historia reciente de Chile. ¿No fue mejor fórmula la concertación que el intento por aniquilar al adversario? Los conflictos se empiezan a resolver cuando se reconoce su existencia, sus alcances, y con responsabilidad se vuelva a apostar a la política, que no es otra cosa que comprometerse con honestidad con la paz. Más allá de los líderes políticos que encabezan la disputa está un hecho fundamental: la sociedad está dividida. Unos creen que ganaron y otros que les robaron la elección. Si ahora no se toma la iniciativa del recuento, las garantías que hoy se ofrecen nadie las podrá garantizar más tarde. En ese caso el país sería ingobernable y todos perderíamos. La política debe tomar la iniciativa, ¡ya!

Diputado federal (PRD)



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