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| ¿Mujer y sacerdote? |
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Jean Meyer
El Universal Domingo 16 de julio de 2006 |
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Hace poco, muy poco, que se ha puesto en duda en la sociedad occidental, que es la nuestra, algo que durante milenios se consideró como obvio, a saber la desigualdad entre los sexos, la superioridad del hombre sobre la mujer. En muchas sociedades esa superioridad sigue considerada como una verdad científica, obvia, indiscutible y en nuestra sociedad el machismo sigue siendo muy fuerte. La Revolución Francesa le negó a la mujer capacidad alguna para ejercer derechos políticos y eso que era una "Revolución" con "R" alta que proclama la libertad, la igualdad y los derechos del hombre. Del hombre, pero no de la mujer. ¿Por qué? Escuchen lo que dijo un revolucionario radical de 1794 y verán que no es diferente del macho mexicano de hoy: "El hombre es fuerte, robusto enérgico, audaz, valiente; resiste a todos los elementos, a él le toca la agricultura, los oficios pesados, el comercio, la navegación, los viajes, la guerra, todo lo que necesita fuerza, inteligencia, capacidad. "De la misma manera sólo el hombre puede meditar profunda y seriamente lo que necesita una profundidad de espíritu y largos estudios que las mujeres no pueden hacer. ¿Cuál es el carácter propio de la mujer? Las costumbres y la naturaleza le han dado su papel: empezar la educación de los hombres, preparar el espíritu y el corazón de los niños a la virtud, dirigirlos desde chiquitos hacia el bien, tales son sus funciones después del parto y después de las tareas domésticas. Cuando la mujer habrá cumplido con todos esos deberes, bien habrá merecido de la patria". Por lo tanto los revolucionarios le negaron a la mujer el derecho de participar en la vida política, de votar y de ser votada. Las francesas recibieron ese derecho hasta después de la Segunda Guerra Mundial y las mexicanas tuvieron que esperar unos años más. En cuanto a la verdadera igualdad en la vida de cada día. tendremos que trabajar duro para alcanzarla. Es cuando, de repente, me viene a la mente la pregunta siguiente: ¿por qué en las iglesias católica y ortodoxa, la mujer no puede ser sacerdote? Las iglesias protestantes tardaron en ordenar mujeres ejerciendo la función episcopal. Cierto feminismo pudiera algún día levantar una queja contra las iglesias que no admiten la mujer al sacerdocio por "discriminación de género en el empleo". Estoy bromeando pero mi pregunta es seria, tanto más seria que tardé años en planteármela. Es que nos inventamos, en todas las culturas, una "naturaleza femenina", demasiado diferente de la masculina y definida a partir de las "necesidades de la especie y de las leyes de reproducción". En el caso preciso que nos ocupa, todas las sociedades han desarrollado en algún momento de su evolución cultural una obsesión por la "impureza" y la "pureza", muy ligada al sexo y a la sangre. El chamán, el sacerdote, el presbítero debe abstenerse de toda relación sexual antes de realizar sus actividades mágicas y religiosas. Por eso la Iglesia romana acabó exigiendo el celibato para sus sacerdotes en la Edad Media y hasta la fecha. Por eso la mujer no tenía derecho a la ordenación para los oficios eclesiásticos: porque la sangre de sus reglas la volvía "impura", indigna de acercarse al altar. Sin saber eso, la reacción instintiva de casi todos los hombres, y también de las mujeres, es negativa cuando se evoca la posibilidad de tener mujeres sacerdotes. Esa reacción es muy respetable y no se debe ridiculizar como "el último reducto del sexismo en unas instituciones injustamente calificadas de ´reaccionarias por definición´". Dos mil años de historia, tres si se cuentan los antecedentes judíos del cristianismo, no se pueden olvidar de un día para otro, incluso en una Iglesia que ha trabajado históricamente a la emancipación de la mujer tanto en la Antigüedad como en la Edad Media, en unas sociedades terriblemente machistas. El papel de la mujer en la Iglesia católica contemporánea es esencial. En el seno del catolicismo existe una corriente muy seria a favor del ministerio eclesiástico de la mujer, así que podemos hablar de una teología de género (puesto que la palabra sexo ha desaparecido de la circulación). Nos acostumbramos en dar a la mujer, en la sociedad y en la Iglesia, un lugar subalterno, olvidando que la Biblia presenta la creación del hombre total indiferenciado, luego la separación de los dos géneros con el nacimiento de Eva. Eva no es la sirviente de Adán; ambos son las dos mitades de aquel Hombre total. La Iglesia ha repetido que Dios se manifestó en Cristo como hombre (varón), olvidando que Él es el Hombre Total y Perfecto que contiene y revela todo el ser humano y no su aspecto viril. El hecho de ordenar mujeres, como han empezado a hacerlo algunas iglesias, ¿será realmente una ruptura con la fe y la tradición que vuelve imposible la comunión entre las iglesias como lo afirman los ortodoxos y los romanos? En la segunda mitad del siglo XX, las iglesias metodistas de África permitieron la ordenación sacerdotal de las mujeres; los presbiterianos empezaron en los años 50 y hasta los 70 no hicieron lo mismo los luteranos. En 1976 fue el turno de la Iglesia episcopaliana de Estados Unidos y en 1992 de la Iglesia anglicana de Sudáfrica y de la Iglesia de Inglaterra (por una diferencia de sólo dos votos). Pero parece que estas no son las primeras ordenaciones sacerdotales de mujeres, puesto que ellas parecen haber ejercido la autoridad religiosa en las comunidades judeo-cristianas, luego cristianas al principio de la cristiandad. ¿No podría esa novedad ser considerada como una diferencia tolerable, en relación con la diversidad de las culturas atravesadas por el cristianismo? Obviamente ciertas sociedades todavía fuertemente "machistas" no pueden imaginar mujeres sacerdotes; otras donde la lucha por la igualdad de género triunfa, no tardarán en exigir mujeres sacerdotes. Sería una diferencia de disciplina, no de fe. Creo que fue san Agustín quien dijo: "En las cosas necesarias, la unidad; en las dudosas, la libertad, y en todas el amor". jean.meyer@cide.edu Profesor investigador del CIDE
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